Naruto : Uchiha el Ninja Maldito. - Capítulo 8
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8: 08 8: 08 08 Posterior a la exitosa emboscada a las caravanas de suministros del clan Senju, Kenzo y Tajima continuaron ejecutando otras doce misiones del mismo estilo en los meses siguientes.
Cada incursión había debilitado las rutas de suministro de sus enemigos y tensado cada vez más la frágil balanza de poder en el Este de la Tierra del Fuego.
Las represalias no tardaron en llegar, el clan Senju, consciente de las pérdidas y la presión que los Uchiha estaban ejerciendo sobre aquel territorio estratégico, comenzó a movilizar sus propias fuerzas, ante los últimos reportes, el comandante del destacamento Uchiha desplegado en la región ordenó el regreso de las tropas al campamento principal para reorganizar las líneas y definir el próximo movimiento.
El campamento se hallaba oculto en lo profundo de un bosque espeso, un lugar cuidadosamente elegido para evitar su detección, la densa arboleda de la Tierra del Fuego cubría las tiendas y trincheras, mientras el humo de las fogatas se disipaba entre las copas de los árboles, invisible para cualquiera que intentara rastrear su posición desde lejos.
Kenzo se encontraba sentado en un claro apartado, no muy lejos del centro del campamento.
La luz de la tarde se filtraba a través de las ramas, dibujando sombras alargadas sobre el suelo cubierto de hojas húmedas.
Desde su posición, podía observar tranquilamente la llegada de los escuadrones que regresaban de sus patrullas, exhaustos pero disciplinados.
Su semblante era sereno, aunque una tensión silenciosa se escondía detrás de su mirada.
Sus pensamientos estaban fijos en los movimientos futuros del clan y en las implicaciones de una guerra que parecía escalar sin freno, su hermano menor, Tajima, rompió el silencio mientras se acercaba, limpiándose el sudor de la frente.
—¿Cómo crees que será el próximo curso de acción?
—preguntó, con la curiosidad de quien desea respuestas pero también con la inquietud de quien teme la verdad.
Kenzo exhaló lentamente antes de responder, sin apartar la vista de las columnas de humo que se alzaban a lo lejos, vestigio de las últimas escaramuzas.
—No lo sé con certeza, pero… puede que sea una confrontación directa.
—Su voz era grave, medida—.
Hace años que el clan pelea por este territorio, estos ríos que cruzan la región conducen hacia la Tierra del Agua y nos darían una salida al mar, es un punto estratégico demasiado valioso.
Si lo aseguramos, podríamos amenazar incluso a los aliados Uzumaki de los Senju, ellos lo saben… y se sienten presionados.
Tajima frunció el ceño y preguntó.
—¿Eso significaría que los Uzumaki entrarían en el próximo campo de batalla?
—Es posible.
—asintió Kenzo, con un gesto reflexivo.
—Pero para que eso ocurra, los Senju deberán fortalecer su alianza con los Uzumaki no sangrarán por nada… siempre hay un precio.— —¿Y cuál sería ese precio?
—preguntó Tajima, intrigado, Kenzo sonrió levemente, como si la respuesta fuera tan obvia que apenas valía la pena decirla.
—Matrimonio.
No hay otra forma de consolidar una alianza lo bastante fuerte que un lazo de sangre entre los patriarcas o herederos de ambos clanes es la única garantía de compromiso absoluto.
Tajima arqueó una ceja, sorprendido por la franqueza de su hermano.
—Entiendo… pero si es tan simple formar alianzas a través de un matrimonio, ¿por qué nuestro padre no ha formalizado una con otro clan?— Kenzo lo miró con una mezcla de curiosidad y ligera diversión.
—Buena pregunta, hay varias razones, la primera es el miedo a que se diluya la pureza de nuestro linaje, algunos creen que mezclar nuestra sangre con la de otros clanes podría debilitar el Sharingan, sin embargo, no hay pruebas que lo confirmen; de hecho, hay descendientes de uniones mixtas que han despertado el sharingan, pero jamás se ha probado con otro clan que posea una herencia sanguínea especial.
Nadie sabe qué podría ocurrir.
Tajima asintió, procesando la explicación mientras jugueteaba con una rama caída, Kenzo continuó, su tono volviéndose más analítico.
—La segunda razón es que somos uno de los clanes más fuertes y numerosos, el único que puede igualarnos en poder es el clan Senju, y la mayoría de los clanes menores prefieren mantenerse neutrales antes que arriesgarse a intervenir en un conflicto entre dos gigantes, y aquellos que tienen las agallas para hacerlo viven en territorios muy alejados, Además… —Kenzo esbozó una sonrisa fría— los Uchiha somos orgullosos.
Muchos de los nuestros creen que depender de aliados es una señal de debilidad.
Para ellos, la fuerza del clan debe sostenerse solo en su propio poder, no en acuerdos matrimoniales ni promesas vacías.— Tajima permaneció en silencio por un momento, contemplando las palabras de su hermano.
El canto lejano de los pájaros contrastaba con la tensión que flotaba en el aire.
Finalmente, murmuró con un dejo de respeto —Nuestro orgullo… es nuestra mayor fuerza, pero también nuestra mayor carga.— Kenzo asintió lentamente, su mirada fija en el horizonte teñido de rojo por el atardecer, sabía que la próxima orden no tardaría en llegar, ycuando lo hiciera, el bosque que ahora los cobijaba sería testigo de un nuevo capítulo de guerra y sangre entre los Uchiha y los Senju.
Horas más tarde, el campamento fue envuelto por un inusual murmullo de actividad, mensajeros recorrían las trincheras y los senderos ocultos entre las tiendas, convocando a todos los escuadrones al salón principal, una amplia carpa reforzada con madera y cuero, símbolo de la autoridad del clan en aquel frente de guerra.
La luz de las antorchas iluminaba la entrada, proyectando sombras temblorosas que parecían bailar al compás de los pasos apresurados de los guerreros Uchiha.
Kenzo y Tajima acudieron junto a su escuadrón, entre ellos Yuno y el resto de su equipo, abriéndose paso entre los casi 2,500 miembros reunidos en la base del Este, el ambiente estaba cargado de expectación los rostros endurecidos por semanas de combates, armaduras salpicadas de barro y sangre, y un silencio tenso que solo era roto por el crepitar de las antorchas y el roce del metal.
En el centro del salón, Raizo Uchiha se erguía imponente, Mano derecha del patriarca Setsuna Uchiha, Raizo era un hombre de complexión robusta, cabello oscuro recogido en un moño tradicional y una cicatriz que cruzaba diagonalmente su mejilla izquierda, testigo de innumerables batallas.
Sus ojos, encendidos por el Sharingan, transmitían una mezcla de resolución y alerta.
Cuando levantó la mano, el murmullo cesó de inmediato.
—Compañeros —su voz grave resonó en la vasta carpa, cada palabra cargada de autoridad—.
Durante los últimos meses hemos llevado la guerra a los Senju.
Nuestras emboscadas y ataques coordinados han debilitado sus líneas de suministro, obligándolos a retroceder y a revelar su debilidad.
Pero… —Raizo hizo una pausa, dejando que la tensión se adueñara del lugar.
—como era de esperarse, las bestias acorraladas no se quedan quietas.
El clan Senju finalmente ha comenzado a reaccionar.— Un murmullo de desaprobación y desafío recorrió a los presentes, pero Raizo alzó nuevamente la mano, exigiendo silencio.
—Para que comprendan la magnitud de lo que enfrentamos, he pedido a uno de nuestros hombres que les hable, Uchiha Ren, pasa al frente de entre las primeras filas emergió un hombre alto, con el rostro demacrado y el brazo izquierdo vendado hasta el hombro.
Su armadura estaba marcada por cortes recientes y la sangre seca manchaba los pliegues de su capa.
Cada paso de Ren arrastraba consigo el peso de la experiencia y el dolor.
Al situarse junto a Raizo, clavó su mirada en los guerreros reunidos, dejando que su voz áspera cortara el silencio.
—Hermanos… —comenzó, respirando hondo—.
Hace dos noches, mi escuadrón ejecutaba una operación en la frontera norte, tal como habíamos hecho durante semanas.
Creímos tener la iniciativa, pero los Senju… — su mirada se endureció —nos estaban esperando.—El silencio en la carpa se volvió absoluto.
—Y no eran solo ellos.
—Ren apretó los dientes y prosiguió—.
Entre las sombras, junto a los Senju, aparecieron samuráis del País del Hierro, Guerreros entrenados, armados con acero capaz de rivalizar con nuestras armas más finas, Nos rodearon antes de que pudiéramos reaccionar, la batalla fue brutal, perdimos a veinte hombres antes de poder retirarnos, y apenas escapé con vida para traer este mensaje.
Un murmullo de indignación se extendió por las filas, los nombres de los caídos comenzaron a flotar en la mente de cada guerrero Tajima apretó los puños con furia contenida, mientras Kenzo observaba con una expresión fría, analizando cada palabra.
—“La mención del País del Hierro no era un detalle menor los samuráis de esas tierras eran célebres por su neutralidad, pero si ahora estaban actuando en conjunto con los Senju, la balanza de poder podía inclinarse peligrosamente.”— pensó Kenzo mientras volvía a prestar atención.
Raizo retomó la palabra, su voz grave imponiéndose de nuevo.
—Esto confirma lo que muchos temíamos, los Senju no solo están reaccionando, sino que buscan aliados para quebrar nuestra ofensiva.
El País del Hierro nunca se involucra a la ligera… si han decidido manchar sus espadas con nuestra sangre, significa que alguien ha pagado un precio muy alto para asegurarse de su apoyo y sobre todo, que creen posible su victoria…— Los ojos de Raizo se encendieron con un brillo carmesí mientras recorría a los presentes.
—Este no es el momento de retroceder.
Es el momento de demostrar por qué el nombre Uchiha es sinónimo de poder, Nos reorganizaremos, fortaleceremos nuestras defensas y golpearemos donde más les duela…Nadie.— su mirada se endureció.
— ni siquiera los samuráis del Hierro, detendrá la venganza ni el fuego de nuestra sangre un rugido de aprobación brotó de las gargantas de los guerreros, haciendo vibrar las paredes de la carpa.— Tajima intercambió una mirada con Kenzo ambos sabían que las próximas batallas serían más sangrientas que nunca, el enemigo ya no era solo el clan Senju, ahora, fuerzas externas amenazaban con convertir la guerra en un conflicto en una escala mucho mayor.
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