Naruto Uzumaki: Agente de La Compañía - Capítulo 117
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Capítulo 117: Capítulo 117
El barco al fin logró atracar. A pesar de las protestas de Koyuki, el director continuó con las grabaciones. Kakashi y el equipo 7 estaban alerta ante cualquier peligro. Los actores se encontraban transportándose en uno de los vehículos por medio de una cueva.
Por lo que vio hasta ahora, el País de la Nieve había desarrollado un nivel tecnológico más avanzado que Konoha. Reconocía los automóviles y las servo armaduras, o al menos las variantes que lograron crear en este país.
Según Sandayu, el padre de Koyuki, el anterior daimyo, utilizó gran parte del presupuesto del país en desarrollar la tecnología, pues sabía que en cuanto a poder militar el País de las Nieves se quedaba atrás.
Sin embargo, no sospechó de su hermano Doto ni de su ambición. Este había logrado sobornar a algunos de los miembros del equipo de desarrollo con falsas promesas para hacerse con los mejores equipos y armas, lo que le permitió, junto a tres de los mejores ninjas de sus tierras, poder hacerse con la corona.
Aun así, había un proyecto más grande, pero nadie sabía de qué se trataba. Los equipos de desarrollo lo crearon por separado, sin que los otros supieran hasta el momento de ensamblarlo. Los pocos que sabían realmente de qué se trataba eran los más cercanos a él y los primeros en caer.
“Entonces, ¿cómo planean vencer a Doto si tiene un ejército con aquellas armaduras?”, preguntó Naruto, intrigado.
“La producción y mantenimiento de las armaduras es muy costosa. A menos que Doto creara fábricas para producirlas en masa, pero aun así no lo hará, ya que no se arriesgará a filtraciones de tecnología o traición”, dijo Sandayu. “Es por eso que solo se lo otorgó a un grupo selecto y leales a él, mientras los demás permanecen con equipamiento estándar”.
Esto logró tranquilizar un poco a Naruto y a Kakashi, quien escuchaba a escondidas. Después de todo, no importaba cuán fuertes fueran ellos; si se trataba de un ejército con armaduras de chakra, sin duda caerían. Al menos Kakashi; Naruto aún tendría chances de sobrevivir desenvainando Kurikara y el poder de Kurama.
‘Heh, basura, como dije, siempre buscan maneras de matarse a sí mismos, repugnante’, se escuchó la voz de Kurama.
‘Ya, ya, cada quien busca sus maneras de sobrevivir en este mundo’, dijo Naruto, ganándose un resoplido de Kurama.
De inmediato, Naruto se percató de algo: el chakra de Koyuki se estaba alejando a gran velocidad.
“Kakashi”, llamó Naruto, sorprendiendo al anciano a su lado.
“Está bien, ve por ella”, ordenó.
Kakashi confiaba más en las capacidades de Naruto, por lo que se lo dejaría a él. Por el momento, se encargaría de proteger a los demás.
Unos pasos apresurados se escuchaban por la cueva de hielo. La respiración empezaba a notarse en el ambiente debido al frío.
Pensando que ya estaba lo suficientemente lejos, paró a descansar. Sin embargo, terminó saltando del susto al oír una voz.
“¿Terminaste de correr?”, habló Naruto. La había alcanzado fácilmente.
“Tu… ¿cómo…? Olvídalo, no pienso regresar”, dijo Koyuki.
“Sabes que no tienes opción”, dijo Naruto, sacando sus cadenas de su espalda.
“¡Tú… tú…! ¿Por qué no puedes dejarme en paz?”, gritó frustrada, con sus emociones a flor de piel.
“Es mi trabajo velar por tu seguridad, nada más, nada menos”, dijo Naruto sin importarle la actitud de la chica.
“¡Entonces sácame de este lugar! ¡Llévame fuera del País de las Nieves!”, gritó desesperada.
“Tienes miedo”, dijo Naruto como una afirmación. “No solo a Doto, sino a tu padre”.
Koyuki se detuvo en seco, sin poder hablar.
“Temes tanto fallar y decepcionar a tu padre”, dijo Naruto.
“¡Cállate, cállate, cállate, cállate!”, gritó desesperada, tapándose los oídos, tratando de no escuchar.
“Como dije antes, no es de mi incumbencia, no es mi legado el que se arruinará”, dijo Naruto. “Solo tengo que llevarte de vuelta. Ya si quieres gobernar o no, no es mi asunto”.
“Sin embargo, ten en cuenta que aún hay gente que espera tu regreso por el recuerdo de tu padre. Si quieres quitarles esa esperanza, es tu decisión”.
Naruto se acercó, levantándola en brazos al estilo princesa.
“Su-suéltame”, dijo ella sin fuerzas. No quería admitir las palabras de Naruto.
“Tú eres tú. No te fuerces a hacer algo que no quieras, porque si no, te arrepentirás”, dijo Naruto en tono conciliador.
‘Cálido’, pensó Koyuki. No sabía si era su imaginación, pero Naruto se sentía cálido. Naruto había envuelto su nen a Koyuki para que no se congelara.
Un sonido extraño empezó a sonar, junto a vibraciones que comenzaron a volverse más fuertes.
“¿Qué es esto?”, preguntó Naruto.
Cuando se dio cuenta de dónde estaba parado, el sonido de un tren empezó a sonar. Naruto retrocedió un paso hasta que se volteó y empezó a correr.
“¡Corre más rápido!”, gritó Koyuki, asustada.
Naruto era rápido; sin embargo, poco a poco estaba siendo alcanzado. Activando Godspeed, sujetó a Koyuki mientras aceleraba a gran velocidad. Poco a poco veían la luz fuera del túnel.
“¡Vamos, corre más rápido!”, ordenó la chica.
“¡Eso intento!”, gritó Naruto.
Su manto salió con intensidad y Naruto logró superar la velocidad del tren con facilidad. Pronto salieron y saltaron a un lado.
“¡Haaaa! ¡Ten más cuidado, salvaje!”, gritó la princesa.
Sin embargo, Naruto no le prestó atención; estaba tratando de recuperar el aire. El miedo a ser aplastado lo puso tenso.
El tren se detuvo donde ellos estaban. Al ver a su alrededor, Naruto se dio cuenta de la cámara del director. Ellos habían parado a grabar en este lugar.
“¿Qué demonios?”, preguntó Naruto; sin embargo, todo empezó a ir muy rápido. Doto salió del tren en una plataforma, junto a los ninjas de la nieve.
“Ríndanse y entreguen a la princesa”, dijo Doto con arrogancia, “o pagarán por traición al daimyo”.
Koyuki, paralizada del miedo, empezaba a temblar. Sin embargo, pronto Naruto se puso frente a ella.
“Está bien, te dije que te protegería”, habló Naruto.
Koyuki observaba su espalda, recordando a su padre.
“Nunca dejaremos que toques a la princesa Koyuki. Doto, tu tiranía terminará aquí”, gritó Sandayu, quien vestía una armadura de samurái junto a otras personas, rezagados que lograron sobrevivir al levantamiento de Doto, esperando actuar, y algunos aldeanos que preferían luchar para cambiar sus vidas.
“Como quieran”, dijo Doto despectivamente. Alejando el altavoz, ordenó a sus subordinados: “Mátenlos”.
Las paredes del tren se abrieron como puertas enormes, dejando a la vista a soldados sujetando extrañas armas de metal.
Kakashi logró ver las puntas de kunai que se escondían en las aberturas del arma.
“¡Alto, deténganse! ¡Pónganse a cubierto!”, gritó.
Sakura y Sasuke rápidamente acataron la orden, al igual que la mayoría del equipo de rodaje.
“¡¿Qué hacen?! ¡Sigan grabando! ¿Que no tienen agallas?”, gritó el director, quien veía un buen material.
Sin embargo, Kakashi, enojado, lo derribó de un golpe, obligándolo a esconderse. Los sonidos de algo girando a gran velocidad resonaron junto a pequeñas explosiones y cuchillas cortando el aire.
Los gritos de los soldados no se hicieron esperar. Los rebeldes cayeron rápidamente como insectos, mientras sus gritos eran ahogados por el sonido de las armas. Naruto observaba esto desde su barrera, cubriendo a Koyuki.
La princesa veía cómo su gente era masacrada para protegerla. Su cuerpo temblaba ante la carnicería que presenciaba.
“¿Por qué?”, preguntó ella. “¿Por qué pasó esto?”.
No entendía cómo llegó a acabar así.
“Porque las acciones y decisiones de los que están arriba las pagan los que están abajo”, dijo Naruto con una frialdad que asustó a Koyuki. “A los que tienen el poder no les importamos; solo somos números, meras alimañas que solo sirven para divertirlos”.
Naruto volteó a verla.
“Esto es lo que pasa a los débiles cuando se encuentran con alguien fuerte y sin moral”.
Esas palabras resonaron en la chica, repitiéndose una y otra vez. Un sudor frío recorría su cuerpo mientras veía los ojos de Sandayu apagados y sin vida.
‘O eres el depredador o eres devorado’.
Ese fue el pensamiento de la princesa al presenciar aquel acto tan sanguinario, una verdad que su padre vivió de primera mano. Si hubiera sido más fuerte, Doto no habría tenido oportunidad. El sufrimiento era el castigo de los débiles.
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