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Naruto Uzumaki: Agente de La Compañía - Capítulo 118

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Capítulo 118: Capítulo 118

Las ametralladoras pararon su ataque. El olor a metal y sangre inundaba el lugar, la nieve manchada de carmesí. Doto solo veía con regocijo su obra; sin embargo, algo terminó descolocándolo.

Un niño… un niño pelirrojo, parado entre los cadáveres sin un solo rasguño. Los kunais lo rodeaban como si fueran indignos de tocarlo, y su sobrina se escondía detrás de él. Esa mirada fría y depredadora de aquel pelirrojo le erizaba la piel.

“Mi señor”, la voz de Nadare hizo reaccionar a Doto.

“Koyuki, ríndete. ¿Cuántos más morirán por ti?”, dijo con una sonrisa. “No tiene que ser así, solo entrégame el cristal y todo terminará”.

Doto esperó a que sus palabras se hundieran en la cabeza de su sobrina y que el miedo inundara su ser hasta confundir su mente.

Koyuki temblaba viendo los cadáveres a su alrededor. Naruto la miraba por el rabillo del ojo sin decir nada; quería saber qué era lo que ella decidiría.

“Yo… yo…”, recordando el castillo en llamas y ahora esto, Koyuki se dio cuenta de que huir solo la había llevado a perder cada vez más.

Aunque el miedo inundaba su cuerpo, una furia fría como las tierras en las que creció invadió su pecho. Observando la espalda de Naruto, se dio cuenta de su mirada, como si esperara… pero ¿qué estaba esperando?

“De…de…destrúyelos”, dijo simplemente, su garganta incapaz de pronunciar otra palabra. Apretando sus manos en puños, ignorando el frío de la nieve, ordenó a Naruto: “Destrúyelos a todos”.

Naruto sonrió al ver los ojos de la chica cambiando de miedo a furia.

“Como órdenes, my lady”, dijo Naruto. Trazando sellos de manos, empezó a moldear su chakra. “Katon: jutsu fuego de zorro”.

Diez pequeños orbes de fuego se crearon en forma de círculo, girando y esperando la orden de Naruto. Sin embargo, sabía que no sería suficiente. Extrayendo energía demoníaca, los orbes se tornaron azules y crecieron con una intensidad siniestra.

Naruto solo movió su mano, apuntando, y las esferas salieron disparadas hacia los cañones.

“¡Activen las defensas!”, gritó Nadare.

Doto permaneció de pie, confiando en la tecnología de su país. Sabía que el ninjutsu era obsoleto ante sus armaduras de chakra.

Sin embargo, aunque el chakra fue absorbido, el poder demoníaco mantuvo su forma y continuó su camino.

“Boooom”.

Las explosiones empezaron a resonar. Los cañones que antes habían causado una masacre ahora eran solo metal fundido. El tren casi se había volcado debido a la potencia de las explosiones, pero su peso predominó.

Los gritos de los soldados que empuñaban las armas apenas duraron antes de consumirse rápidamente ante las llamas azules. Doto observaba con terror cómo sus armas eran destruidas con facilidad; sus escudos fallaron y el origen de su orgullo y confianza yacía como mera chatarra.

“¿Qué… qué es esto?”, se preguntaba Doto, mientras sus shinobis veían con horror aquella escena.

“¡Sa…sáquenme de aquí, ahora!”, gritó con miedo, usando rápidamente las alas de su armadura para huir junto a Nadare hacia un dirigible que acababa de llegar.

Kakashi estaba en shock. Había oído de la Hokage sobre las llamas de su alumno, un nuevo tipo de kekkei genkai que surgía en los Uzumaki con fuerte afinidad al fuego y otros elementos. Sin embargo, verlo de primera mano…

No lo creía. Aun si había registros históricos dentro de Konoha, no creía que esto fuera un simple kekkei genkai de estilo fuego. Incluso sabiendo que hubo otro en el pasado, también centro de leyendas del Primer Hokage, verlo con sus propios ojos era otra cosa.

Un poder destructivo más allá de los simples jutsus, unas llamas que lo consumían todo. Volteando a ver a su alumno, solo se preguntaba qué clase de monstruo habían traído Minato y Kushina a la vida.

Sasuke también observaba con incredulidad aquel fuego. Sabía que Naruto era fuerte, pero esto era mucho más que eso. Los susurros de la marca inundaban su mente.

‘Esto debería ser mío’.

‘¿Por qué él tiene ese poder y yo no?’.

‘Si tuviera esas llamas entonces…’.

Sin saberlo, sus emociones empezaron a ser potenciadas por el chakra corrupto en su cuello. El Sharingan de Sasuke se había activado debido a la frustración y la envidia al ver esas llamas, grabándolas en su mente sin posibilidad de olvidarlas.

Sakura, por otro lado, aunque sorprendida por la potencia de aquellas llamas, ya conocía su existencia. Después de todo, había leído los registros de Naruto. Aun así, no pudo evitar pensar que eran hermosas a pesar de su letalidad.

Ese brillo azul cálido que se extendía y lo cubría todo… se preguntaba cómo algo tan letal podía ser tan hermoso. Era una sensación similar a la que tenía cuando estaba con Sasuke. Quería verlas más de cerca, sentir su calor. Un sonrojo se formó en sus mejillas ante aquellas llamas.

Naruto detuvo su jutsu. Hasta ahora solo podía agregar su poder a su chakra de fuego; sin embargo, se preguntaba si, al liberar su espada, podría controlar sus llamas directamente o si se volverían aún más fuertes.

“Hermosas”, susurró Koyuki, sorprendiendo a Naruto.

No entendía de dónde habían salido esas palabras.

“¿Cuál es su siguiente orden, my lady?”, dijo Naruto con una sonrisa burlona, sacándola de su estupor y haciéndola sonrojar de vergüenza.

Una explosión sonó cuando unas garras metálicas viajaron directamente hacia Koyuki. Sin embargo, la barrera de Naruto volvió a activarse, bloqueándolas de lleno.

“Tch”, Doto chasqueó la lengua al ver que su intento falló. Empezó a odiar con todas sus fuerzas a los ninjas de Konoha, en especial a aquel pelirrojo.

Kakashi se acercó a Naruto.

“Naruto, ¿te encuentras bien?”, preguntó al ver el cansancio en el rostro del pelirrojo.

“Sí, solo… la barrera y ese jutsu requirieron una buena cantidad de chakra”, respondió.

Y no mentía. Su barrera había cambiado de cuadrada a circular, extendiendo su radio para cubrir también a Koyuki por un largo tiempo. Mantenerla hasta que las ametralladoras se detuvieran consumió una gran cantidad de chakra.

“Ufff, esto se va a complicar más ahora que Doto vio que sus armas no son infalibles”, dijo Kakashi. “Lo más probable es que busque aumentar la fuerza de su ejército. Si antes creía que con sus ninjas con armadura era suficiente, ya no podrá subestimarnos”.

“Lo siento”, se disculpó Naruto, pues sabía que era cierto. Doto nunca los atacó con todo debido a su arrogancia, pero ahora todo iba a cambiar.

“No te preocupes. Por el momento, reunámonos y veamos cómo avanzar”, dijo Kakashi, mirando el cadáver de Sandayu. “Después de todo, nuestro contratista está muerto”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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