Nos Encontramos en el Momento Equivocado - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Como si nunca se hubiera ido
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6: Como si nunca se hubiera ido 6: Como si nunca se hubiera ido Pasaron tres días.
Tres días desde aquella lluvia.
Tres días desde la última vez que lo vio.
Y, sin embargo… Alya seguía pensando en él.
No todo el tiempo.
No de forma constante.
Pero en pequeños momentos.
Cuando esperaba el autobús.
Cuando miraba por la ventana.
Cuando el silencio se volvía demasiado evidente.
Y eso era lo que más le molestaba.
No tenía sentido.
No debería importar.
Pero importaba.
—Ya debería haberlo olvidado… —murmuró mientras caminaba por la acera.
Era temprano en la mañana.
El cielo estaba despejado, y la ciudad comenzaba a llenarse de movimiento.
Todo parecía normal.
Excepto ella.
Alya apretó ligeramente el paso.
Tenía cosas que hacer.
Un horario que cumplir.
Un día que seguir.
Como siempre.
Entró a una pequeña cafetería cerca de la calle principal.
No era un lugar especial, solo práctico.
Rápido.
Eficiente.
Exactamente lo que necesitaba.
O eso pensaba.
—Un café, por favor —dijo al acercarse al mostrador.
Pagó, tomó su recibo, y esperó.
Nada fuera de lo común.
Hasta que— —Sigues pidiendo lo mismo.
Alya se congeló.
Su corazón se detuvo por un segundo.
Esa voz.
Giró lentamente la cabeza.
Y ahí estaba.
Raka.
De pie a unos pasos de ella, con una taza en la mano y esa misma expresión tranquila… pero esta vez, con algo más.
Algo que no estaba antes.
—Tú… —susurró Alya.
No era sorpresa lo que sentía.
Era otra cosa.
Algo más fuerte.
—Hola —dijo él, como si nada.
Como si no hubieran pasado tres días.
Como si no hubiera desaparecido.
Alya frunció el ceño.
—Desapareciste.
Raka ladeó la cabeza ligeramente.
—No sabía que me estabas buscando.
—No lo estaba.
Respondió demasiado rápido.
Raka sonrió.
—Claro.
Alya cruzó los brazos.
—Solo fue raro.
—¿El qué?
—Que no aparecieras.
—¿Esperabas que lo hiciera?
Esa pregunta la hizo dudar.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
—No.
Mentira.
Pero no iba a admitirlo.
El silencio cayó entre ellos.
No incómodo.
Pero sí… cargado.
—Tu café —dijo el barista.
Alya tomó la taza sin dejar de mirar a Raka.
—Gracias.
Se giró para irse.
Pero— —Alya.
Su nombre.
En su voz.
La detuvo.
Cerró los ojos por un segundo antes de girarse.
—¿Qué?
Raka dio un paso hacia ella.
No muy cerca.
Pero lo suficiente.
—No desaparecí.
—Entonces, ¿qué hiciste?
Él dudó.
Por primera vez.
—Pensé.
—¿En qué?
Raka la miró directamente.
—En si debía volver a verte.
El corazón de Alya latió más rápido.
—¿Y?
—Y aquí estoy.
Esa respuesta fue simple.
Pero no ligera.
Alya bajó la mirada por un segundo.
—No tienes sentido.
—Lo sé.
Un pequeño silencio.
—¿Y ahora qué?
—preguntó ella.
—Ahora… —Raka tomó un sorbo de su café— depende de ti.
Alya frunció el ceño.
—¿De mí?
—Sí.
—¿Qué se supone que significa eso?
Raka sonrió levemente.
—Significa que esta vez… no voy a seguirte.
Alya se quedó en silencio.
Eso era nuevo.
Antes él era quien aparecía.
Quien insistía.
Y ahora… —Entonces, ¿te vas a ir otra vez?
Raka no respondió de inmediato.
La observó.
Como esperando algo.
—Si eso es lo que quieres.
Alya apretó ligeramente la taza en sus manos.
No sabía qué quería.
Ese era el problema.
—No sé —dijo finalmente.
Raka asintió.
Como si entendiera.
—Entonces tómate tu tiempo.
Esa respuesta… la sorprendió.
No presión.
No insistencia.
Solo calma.
—Eres extraño.
—Otra vez eso.
—Es verdad.
Raka rió suavemente.
Y ese sonido… le resultó familiar.
Demasiado.
Alya lo miró.
Más detenidamente esta vez.
Como si realmente lo estuviera viendo por primera vez.
—¿Por qué volviste?
Raka pensó unos segundos.
Luego respondió: —Porque no me gustó cómo terminó.
Alya sintió algo en el pecho.
—Ni a mí.
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
Raka la miró.
Y esta vez… su sonrisa fue diferente.
Más real.
Más suave.
—Entonces… podemos empezar de nuevo.
Alya dudó.
Pero no tanto como antes.
—Tal vez.
Raka levantó ligeramente su taza.
—Hola, soy Raka.
Alya lo miró.
Y por primera vez… sonrió sin pensarlo.
—Alya.
Se quedaron en silencio unos segundos.
Pero esta vez… no había distancia.
No había duda.
Solo una nueva oportunidad.
Y algo más.
Algo que estaba creciendo.
Lentamente.
Sin que ninguno de los dos pudiera detenerlo.
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