Nos Encontramos en el Momento Equivocado - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Quédate un poco más
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7: Quédate un poco más 7: Quédate un poco más El aroma del café llenaba el aire.
Alya sostuvo su taza con ambas manos, sintiendo el calor que contrastaba con el ligero frío de la mañana.
No estaba segura de por qué… pero no se había ido.
Podía haberlo hecho.
Podía haber tomado su café y salir como siempre.
Pero no lo hizo.
Se quedó.
Frente a él.
Raka apoyó su espalda contra la pared, observándola con esa calma que ya empezaba a resultarle familiar.
—¿Siempre haces esto?
—preguntó Alya, rompiendo el silencio.
—¿Qué cosa?
—Actuar como si todo fuera simple.
Raka sonrió.
—Tal vez lo es.
—No lo es.
—Para ti no.
Alya rodó los ojos, pero esta vez… sin molestia.
—Eres imposible.
—Y tú sigues aquí.
Esa respuesta la dejó en silencio por un segundo.
Tenía razón.
—Solo estoy terminando mi café.
—Claro.
Raka dio un pequeño paso hacia el mostrador.
—Entonces me quedaré hasta que lo termines.
Alya lo miró.
—No tienes que hacerlo.
—Quiero hacerlo.
Otra vez esa frase.
Simple.
Directa.
Peligrosa.
Alya bajó la mirada hacia su taza.
Su corazón latía un poco más rápido de lo normal.
—Eres insistente.
—No esta vez.
—¿Entonces qué es esto?
Raka se encogió ligeramente de hombros.
—Interés.
Alya levantó la mirada.
—Eso suena peor.
Raka rió suavemente.
—¿Por qué?
—Porque no sé qué significa.
—Significa que quiero conocerte.
Esa respuesta fue demasiado directa.
Alya se quedó en silencio.
No estaba acostumbrada a eso.
A personas que decían lo que querían… sin rodeos.
—No soy tan interesante.
—Eso no es lo que vi.
—Solo me viste dos veces.
—A veces es suficiente.
El silencio volvió.
Pero esta vez… era más suave.
Más cercano.
Alya tomó un pequeño sorbo de su café.
—¿Y si no quiero que me conozcas?
Raka no respondió de inmediato.
La miró.
Con atención.
—Entonces me iré.
Alya parpadeó, sorprendida.
—¿Así de fácil?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque no quiero obligarte a nada.
Esa respuesta… la desarmó.
Otra vez.
—Eres raro.
—Lo sé.
—Pero no en un mal sentido.
Raka sonrió.
—Eso es nuevo.
Alya desvió la mirada.
No sabía por qué había dicho eso.
El silencio se alargó unos segundos más.
—¿Siempre vienes aquí?
—preguntó Raka.
—Sí.
—Entonces… nos veremos seguido.
Alya lo miró.
—No des nada por hecho.
—No lo hago.
—Entonces, ¿qué haces?
Raka pensó unos segundos.
—Espero.
Esa palabra se quedó en el aire.
Alya sintió algo extraño en el pecho.
—No deberías.
—¿Por qué?
—Porque podrías decepcionarte.
Raka sonrió suavemente.
—No sería la primera vez.
Alya lo observó.
Había algo en su forma de hablar.
Algo que sonaba… real.
—No pareces alguien que se decepcione fácilmente.
—Todos lo hacen.
—Tú no.
—Tú tampoco.
Alya negó con la cabeza.
—Te equivocas.
—Tal vez.
Pero su voz sonaba tranquila.
Como si no necesitara tener la razón.
Alya terminó su café.
Miró la taza vacía por un segundo.
—Ya terminé.
Raka asintió.
—Lo sé.
—¿Cómo?
—Porque dejaste de beber hace un rato.
Alya frunció el ceño.
—¿Me estabas observando?
—Un poco.
—Eso es raro.
—Tú empezaste.
—¿Yo?
—Sí.
Ayer en el autobús.
Alya abrió la boca para responder… pero no pudo.
Porque era verdad.
Se quedaron en silencio unos segundos.
Luego— —Tengo que irme —dijo Alya.
Pero esta vez… su voz no sonaba tan segura.
Raka asintió.
—Está bien.
Alya dio un paso hacia la salida.
Luego otro.
Pero antes de salir… se detuvo.
No sabía por qué.
No tenía sentido.
Pero aun así… se giró.
—Raka.
Él levantó la mirada.
—¿Sí?
Alya dudó.
Solo un segundo.
—Mañana… también vengo.
Raka no respondió de inmediato.
Pero su sonrisa lo dijo todo.
—Entonces… te veré mañana.
Alya asintió levemente.
Y esta vez sí… se fue.
Pero mientras caminaba… no pudo evitar sonreír un poco.
Sin darse cuenta.
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