Nunca Fue un Juego - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 Sombras Detrás de la Sonrisa
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12: Capítulo 12: Sombras Detrás de la Sonrisa 12: Capítulo 12: Sombras Detrás de la Sonrisa Anteriormente: Thomas se detuvo a unos cientos de metros antes de las grandes puertas de la ciudad.
Miró hacia las murallas con expresión cautelosa y luego se volvió hacia el grupo.
—Hasta aquí llego yo —dijo con tono calmado—.
No pienso entrar todavía.
Quiero observar desde afuera un par de días antes de decidir.
Si las cosas se ven mal, prefiero mantenerme lejos.
Henry le tendió la mano.
—Gracias por el camino y por la información.
Cuídate.
Thomas estrechó la mano y asintió.
—Igualmente.
Si necesitan salir rápido de ahí, busquen el camino del río al este.
Es más discreto.
Suerte.
Dicho eso, Thomas se dio media vuelta y desapareció entre los árboles cercanos, sin mirar atrás.
El grupo se quedó en silencio unos segundos.
Ava fue la primera en hablar: —Al menos nos advirtió.
Vamos.
Ahora, sin Thomas, los cuatro continuaron hacia las puertas.
Dentro de la ciudad – Perspectiva de Kuroda y Tanaka En una habitación privada en la parte superior del edificio central de Tokio, dos hombres hablaban en voz baja.
Kuroda, el hombre alto y de cabello gris en las sienes, estaba de pie junto a la ventana, observando la plaza donde los recién llegados seguían registrándose.
Tanaka, el hombre bajo y regordete, estaba sentado en un sillón, con una copa de vino en la mano y esa sonrisa excesiva que nunca parecía abandonarlo.
Tanaka dio un sorbo largo y luego soltó una risa baja y satisfecha.
—Kuroda, míralos… Con toda esta gente que llegó hoy, el plan que teníamos en mente va a ser mucho más fácil de ejecutar.
Más manos para trabajar, más cuerpos para defender, más… recursos.
Hinata está haciendo un excelente trabajo atrayéndolos.
Kuroda no sonrió.
Su expresión permanecía fría y calculadora.
—Sí.
Todo está saliendo perfecto.
Los números aumentan rápido.
En unas semanas tendremos suficiente fuerza para consolidar el control total de la zona sur.
Hinata cree que estamos construyendo un refugio… Nosotros sabemos lo que realmente estamos construyendo.
Tanaka soltó otra risa, esta vez más oscura.
—Exacto.
Ella es buena convenciendo a la gente con sus bonitas palabras.
“Protección”, “comunidad”, “futuro juntos”… Mientras tanto, nosotros nos encargamos de la parte práctica.
Los débiles trabajarán, los fuertes pelearán, y los útiles… bueno, ya veremos cómo los usamos.
Kuroda frunció ligeramente el ceño y se apartó de la ventana.
—Sin embargo… ¿sentiste como si alguien nos estuviera observando de más durante el discurso?
Tanaka levantó una ceja, aún sonriendo.
—¿A qué te refieres?
Obviamente nos miraban.
Estábamos al lado de Hinata frente a todos los recién llegados.
Es normal que nos observen con curiosidad.
Kuroda negó lentamente con la cabeza.
—No es eso.
No era una mirada normal.
Sentí… como si alguien estuviera buscando saber todo de mí.
Como si una mirada atravesara la distancia y tratara de leer hasta el último detalle.
Fue solo un instante, pero fue muy incómodo.
Tanaka soltó una carcajada fuerte y dio otro sorbo a su copa.
—Estás paranoico, Kuroda.
Solo son alucinaciones tuyas.
Llevamos muchos días sin dormir bien, organizando todo esto.
Es normal que te sientas observado.
Pero nadie aquí tiene la capacidad de hacer algo así.
Somos nosotros los que controlamos la información, no al revés.
Kuroda no pareció convencido, pero no insistió.
—Tal vez tengas razón.
Aun así… mantén los ojos abiertos.
Especialmente con los recién llegados de hoy.
Algunos parecían más atentos de lo normal.
Tanaka sonrió ampliamente, mostrando dientes demasiado blancos.
—Descuida.
Si alguien intenta husmear demasiado… ya sabemos cómo tratarlo.
Cambio de perspectiva – Owen y el grupo Owen, Henry, Ava y Jacob caminaron hacia el edificio central de registro.
La ciudad seguía pareciendo hermosa: calles amplias, árboles de sakura dejando caer pétalos rosados, gente que caminaba con cierta calma.
Pero después de la advertencia de Thomas, esa belleza se sentía frágil.
Llegaron al edificio principal, una estructura grande de madera y piedra con techo curvado.
Dentro había varias mesas donde funcionarios atendían a los recién llegados.
Un hombre de mediana edad con gafas les indicó que se acercaran.
—Bienvenidos.
Por favor, registren sus nombres, niveles actuales y habilidades principales.
También necesitamos saber qué pueden aportar a la ciudad: combate, recolección, construcción, curación, etc.
Henry fue el primero: —Henry.
Nivel 6.
Habilidad: Golpe Demoledor.
Puedo pelear en primera línea.
Ava siguió: —Ava.
Nivel 6.
Habilidad: Toque Curativo Inicial.
Puedo curar heridas leves y moderadas.
Jacob, aún nervioso: —Jacob.
Nivel 4.
Habilidad: Pasos Rápidos.
Soy mejor escapando que peleando.
Owen fue el último: —Owen Yuto.
Nivel 8.
Habilidad principal: Basic Glance.
Puedo ver información básica de objetivos y entornos.
El funcionario anotó todo sin hacer comentarios, aunque levantó ligeramente una ceja al escuchar “Basic Glance”.
Después de registrar sus datos, les entregaron una placa simple de madera con un número y les explicaron las reglas básicas de la ciudad: —Primero: Todos deben contribuir diariamente con al menos cuatro horas de trabajo.
Pueden elegir entre grupos de caza, construcción, recolección o apoyo médico.
La ciudad proporciona comida y alojamiento básico a cambio.
Segundo: Está prohibido el PvP dentro de las murallas.
Cualquier pelea será castigada.
Tercero: No se permite salir de la ciudad sin autorización previa.
Cuarto: Cualquier información importante sobre el exterior debe ser reportada inmediatamente.
El funcionario terminó con una sonrisa profesional: —Mientras contribuyan y sigan las reglas, serán protegidos.
Su alojamiento temporal está en el sector este.
Pueden ir allí ahora.
Cuando salieron del edificio, el grupo se reunió en un pequeño patio cercano.
Henry cruzó los brazos.
—Las reglas parecen razonables… pero la parte de “no salir sin autorización” no me gusta.
Suena a control.
Ava miró hacia el edificio central.
—Hinata parecía sincera cuando hablaba.
Pero esos dos que estaban a su lado… Kuroda y Tanaka… no me transmiten buena sensación.
Jacob asintió.
—El gordo sonreía demasiado.
El alto parecía estar midiendo a todos.
Owen se quedó en silencio unos segundos.
Isuki Riku habló en su mente con tono serio: —Las reglas son justas en la superficie, pero el control es evidente.
Tanaka y Kuroda son los que realmente manejan las cosas detrás de Hinata.
Observa todo con atención, Owen.
No confíes en la belleza de la ciudad.
Henry miró al grupo.
—¿Qué hacemos?
Owen respondió con calma: —Nos quedamos por ahora.
Necesitamos recuperarnos y conseguir mejor equipo.
Pero mantengamos los ojos abiertos.
Si algo se siente mal, nos iremos juntos.
Ava y Jacob asintieron.
El grupo comenzó a caminar hacia el sector este.
Los pétalos de sakura seguían cayendo suavemente.
Tokio era hermosa.
Pero Owen no podía sacudirse la sensación de que, detrás de esa belleza, había sombras moviéndose con cuidado.
Y en algún lugar de esa misma ciudad, Kuroda y Tanaka seguían hablando en voz baja sobre sus propios planes.
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