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Nunca Fue un Juego - Capítulo 16

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16: Capítulo 16: El Precio de la Resistencia 16: Capítulo 16: El Precio de la Resistencia El dolor era insoportable.

Owen gritaba mientras el artefacto cristalino sobre su cabeza vibraba con fuerza, intentando arrancarle sus habilidades desde lo más profundo de su ser.

La luz roja le atravesaba el cráneo como agujas ardientes.

Sentía que algo dentro de él se desgarraba.

Tanaka observaba con curiosidad, todavía con esa sonrisa repugnante.

—Resistes más de lo esperado, chico.

Pero es inútil.

Nadie ha logrado detener el proceso una vez que empieza.

Owen apretó los dientes hasta que le dolieron las encías.

La sangre ya le corría por la nariz y comenzaba a gotear desde las comisuras de sus ojos.

No… no voy a dejar que me lo quiten… Isuki Riku gritaba dentro de su cabeza: —¡Owen!

¡Lleva Slow Perception al máximo!

¡No dejes que te roben nada!

¡Concéntrate en el tiempo!

¡Haz que todo se detenga!

Owen cerró los ojos con fuerza y empujó con toda su voluntad.

La nueva habilidad respondió.

El mundo a su alrededor se ralentizó drásticamente.

Los latidos de su propio corazón se volvieron audibles y lentos.

El zumbido del artefacto se convirtió en un grave y prolongado rugido.

En ese estado de percepción extrema, Owen pudo “ver” el flujo de energía que el artefacto intentaba extraer de él.

Era como un hilo rojo brillante que conectaba el cristal con su mente.

Con un grito gutural que salió desde lo más profundo de su pecho, Owen giró la cabeza con todas sus fuerzas y golpeó el artefacto con la frente.

CRACK.

El cristal se agrietó violentamente.

Una explosión de energía roja llenó la sala.

El artefacto explotó en pedazos, lanzando fragmentos por todas partes.

Tanaka retrocedió cubriéndose la cara, sorprendido.

Owen cayó hacia adelante, todavía sujeto a la silla.

Sangraba profusamente por los ojos y la nariz.

Gotas rojas caían al suelo formando pequeños charcos.

—¿Qué demonios…?

—murmuró Tanaka, perdiendo por primera vez su sonrisa—.

¡Traigan otro artefacto!

¡Este ya no sirve!

No podemos dejar que se recupere.

Dos guardias salieron corriendo de la sala para buscar un artefacto de repuesto.

Tanaka miró a Owen con desprecio.

—Quédate quieto un momento, ratoncito.

Volveremos enseguida para terminar el trabajo.

Los guardias y Tanaka abandonaron la sala, dejando a Owen solo en la total oscuridad.

Las luces se apagaron con un chasquido.

Solo quedaba el sonido de su propia respiración agitada y el goteo constante de su sangre.

Owen colgaba de las correas, con la cabeza baja.

La visión se le nublaba.

Todo estaba negro.

El dolor en la cabeza era tan intenso que apenas podía pensar.

Isuki Riku habló con voz preocupada: —Owen… aguanta.

Lo hiciste.

Destruiste el artefacto.

Tus habilidades siguen intactas… pero estás muy malherido.

No te desmayes ahora.

En la oscuridad absoluta, Owen solo podía sentir odio.

Un odio puro, inconmensurable, hacia Tanaka, hacia Kuroda, hacia esta ciudad falsa que devoraba a las personas.

No era rabia caliente.

Era algo frío, profundo, vacío.

Su rostro permanecía inexpresivo, como si toda emoción hubiera sido drenada, dejando solo una máscara vacía.

De pronto, escuchó pasos apresurados en la oscuridad.

—¿Owen?

¡Owen!

Era la voz de Ava.

Un momento después, una luz suave iluminó la sala.

Ava, Henry y Jacob habían entrado corriendo.

Ava tenía las manos brillando con su Toque Curativo.

—¡Dios mío…!

—exclamó Ava al verlo cubierto de sangre, colgando de la silla—.

¡Owen!

Se acercaron rápidamente.

Henry rompió las correas con su fuerza mientras Ava colocaba las manos sobre la cabeza y el rostro de Owen.

El brillo verde suave comenzó a trabajar.

Jacob miraba horrorizado.

—¿Qué te hicieron…?

Ava concentró todo su mana en la curación.

Poco a poco, el sangrado de los ojos y la nariz de Owen se detuvo.

Las heridas internas comenzaron a sanar.

Después de varios minutos intensos, Owen levantó la cabeza lentamente.

Su cuerpo ya no sangraba, las heridas estaban cerradas, pero su mirada seguía vacía.

Estaba completamente curado físicamente.

Pero en sus ojos no había alivio.

Solo un vacío helado, cargado de un odio tan profundo que no sabía cómo expresarlo.

Su rostro parecía una máscara sin vida.

Ava retrocedió un paso, preocupada.

—Owen… ¿estás bien?

Habla, por favor… Owen tardó varios segundos en responder.

Su voz salió ronca, baja, casi sin emoción: —…No son humanos.

Henry frunció el ceño.

—¿Qué?

—Tanaka… Kuroda… no son humanos.

Son entidades que se alimentan de nuestras habilidades.

Roban los poderes de la gente y los convierten en esclavos vacíos.

Esta ciudad… es una granja.

Hinata probablemente no lo sabe, o la están usando.

Jacob palideció.

—Entonces Thomas tenía razón… Ava tocó el brazo de Owen con suavidad.

—Owen… tu mirada… ¿estás seguro de que estás bien?

Owen no respondió inmediatamente.

Miró hacia la oscuridad de la sala donde había estado atado.

El odio seguía allí, frío y silencioso, llenando cada rincón de su ser.

—Estoy curado —dijo finalmente, con voz plana—.

Pero no voy a olvidar esto.

Isuki Riku habló en su mente con tono grave: —Owen… ese odio es peligroso.

Úsalo, pero no dejes que te consuma.

Ahora sabemos la verdad.

Tenemos que salir de aquí antes de que regresen.

Henry ayudó a Owen a ponerse de pie.

—Tenemos que irnos.

Ahora.

Si te encontraron husmeando, vendrán por nosotros también.

Owen asintió lentamente.

Su rostro seguía sin expresión, pero sus ojos brillaban con una determinación fría.

—Salgamos de esta ciudad.

El grupo se movió rápidamente hacia la salida del Centro de Procesamiento, aprovechando que Tanaka y los guardias aún no habían regresado con el nuevo artefacto.

Mientras escapaban en la oscuridad, Owen caminaba detrás de sus compañeros, con la mirada fija hacia adelante.

Físicamente estaba curado.

Pero algo dentro de él había cambiado para siempre.

El odio silencioso y profundo que sentía hacia Tanaka, Kuroda y todo lo que representaba esta ciudad falsa se había convertido en una llama fría que no se apagaría fácilmente.

Y mientras huían hacia la noche, Owen supo que ya no podía simplemente sobrevivir.

Ahora tenía un propósito.

Destruir todo lo que esta ciudad representaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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