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Nunca Fue un Juego - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 La Caída del Demonio
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23: Capítulo 23: La Caída del Demonio 23: Capítulo 23: La Caída del Demonio El núcleo rojo del demonio fusionado se agrietó con un sonido agudo y desgarrador, como cristal rompiéndose bajo presión extrema.

La onda de vacío generada por el Void Strike de Owen se expandió desde su daga, desgarrando la carne oscura y escamosa del monstruo.

El ser de cuatro brazos rugió con una voz que combinaba el tono burlón de Tanaka y la frialdad de Kuroda, pero ahora distorsionada por el dolor y la rabia.

Owen seguía suspendido en el aire, sujetado por la mano rota del demonio.

Su cuerpo sangraba por múltiples heridas nuevas, pero el odio frío que lo impulsaba no le permitía rendirse.

Con un grito gutural, giró su daga dentro del núcleo agrietado y empujó con toda su fuerza restante.

—¡Esto termina aquí!

—rugió.

La energía negra de Void Strike se intensificó.

El núcleo explotó en una lluvia de fragmentos rojos y negros.

El demonio fusionado soltó un aullido ensordecedor y soltó a Owen, quien cayó al suelo con fuerza, rodando varios metros entre escombros.

El monstruo de cuatro brazos comenzó a desestabilizarse.

Sus extremidades se sacudían violentamente.

Las alas membranosas se rasgaron.

La carne oscura empezó a derretirse y a separarse, como si la fusión ya no pudiera mantenerse.

Tanaka y Kuroda intentaron separarse de nuevo, pero era demasiado tarde.

La explosión del núcleo los había dañado gravemente.

Sus formas demoníacas se retorcieron en agonía mientras intentaban mantener la unión.

Henry, respirando con dificultad y con el costado sangrando, se levantó usando su hacha como apoyo.

—¡Ahora!

¡No dejen que se recuperen!

Ava, exhausta pero decidida, invocó varias bolas de fuego perseguidoras.

Las llamas volaron hacia el demonio fusionado, impactando en las grietas abiertas por el Void Strike de Owen.

Cada explosión hacía que la criatura gritara más fuerte.

Jacob, con lágrimas todavía en los ojos pero con una determinación feroz, extendió ambas manos.

Usando su Telequinesis al máximo, levantó grandes trozos de escombros del suelo y los lanzó contra el demonio como proyectiles masivos.

Uno de ellos golpeó directamente en la cabeza del monstruo, rompiéndole uno de los cuernos.

Hinata, desde su posición, lanzó una onda amplia de Magia Oscura que envolvió al demonio, debilitando aún más su estructura y evitando que se regenerara.

El demonio fusionado cayó de rodillas.

Su cuerpo comenzó a dividirse lentamente.

La forma de Tanaka emergió primero, con la piel quemada y las alas rotas.

Kuroda apareció un segundo después, más grande pero con múltiples heridas abiertas que no cerraban.

Tanaka escupió sangre negra y miró al grupo con odio puro.

—…Malditos humanos… No entienden nada.

Nosotros solo queríamos poder.

Este mundo nos pertenece ahora.

Kuroda rugió con voz ronca: —Aunque nos derroten hoy… otros como nosotros vendrán.

Siempre habrá entidades que se alimenten de ustedes.

Owen se levantó tambaleante.

La sangre le corría por el rostro, pero sus ojos seguían fríos y vacíos.

Caminó hacia los dos demonios heridos, con la daga todavía en la mano.

—No me importa lo que vengan después —dijo con voz baja y sin emoción—.

Hoy terminan ustedes.

Activó Slow Perception una vez más y se lanzó hacia adelante.

Tanaka intentó lanzar un último rayo negro, pero Owen lo esquivó con facilidad.

Con un movimiento preciso, clavó la daga en el pecho de Tanaka, directamente donde había estado el núcleo compartido.

La energía de Void Strike fluyó una última vez, destruyendo lo que quedaba de la esencia demoníaca.

Tanaka soltó un grito ahogado.

Su cuerpo comenzó a desintegrarse en partículas negras que se disiparon en el aire.

Kuroda intentó atacar a Owen por la espalda, pero Henry apareció a velocidad triple y lo golpeó con el hacha en la espalda, partiéndole la columna.

Ava lanzó una bola de fuego final que impactó en la herida abierta.

Jacob usó Telequinesis para inmovilizarlo contra el suelo.

Hinata se acercó y colocó una mano sobre la cabeza de Kuroda.

Una niebla oscura envolvió al demonio.

—Esto es por todos los que robaste —susurró.

Kuroda rugió una última vez antes de desintegrarse completamente, dejando solo un charco de energía oscura que se evaporó lentamente.

El silencio cayó sobre la sala.

El artefacto principal, ya sin la energía de los demonios, comenzó a agrietarse y finalmente explotó en una lluvia de fragmentos brillantes que no hicieron daño a nadie.

La energía robada se dispersó en el aire como luciérnagas rojas que se extinguieron una a una.

Owen cayó de rodillas, exhausto.

Su cuerpo temblaba por el esfuerzo y las heridas acumuladas.

Henry se apoyó en su hacha, respirando con dificultad.

Ava se dejó caer al suelo, con las manos temblando por el exceso de mana usado.

Jacob se sentó contra una columna, llorando en silencio pero con una sonrisa de alivio.

Hinata se quitó la máscara y se acercó al grupo.

Su expresión era una mezcla de agotamiento y esperanza.

—Lo logramos… —dijo con voz suave—.

El artefacto principal está destruido.

Tanaka y Kuroda ya no existen.

La ciudad… ya no tendrá que vivir bajo su sombra.

Owen levantó la cabeza lentamente.

Su mirada seguía vacía, pero había un leve cambio.

El odio frío comenzaba a transformarse en algo más controlado.

—Todavía hay mucho que hacer —dijo con voz ronca—.

La gente necesita saber la verdad.

Hinata… tú debes contárselo todo.

Hinata asintió.

—Lo haré.

Mañana al amanecer reuniré a toda la ciudad.

Les contaré quiénes eran realmente Tanaka y Kuroda, qué estaban haciendo y cómo casi perdemos todo.

Les pediré que reconstruyamos esta ciudad juntos, de verdad esta vez.

Henry soltó una risa cansada.

—Después de esto… creo que necesito una cerveza.

O lo que sea que tengan aquí.

Ava sonrió débilmente mientras comenzaba a curar las heridas más graves del grupo.

—Primero sobrevivamos la noche.

Mañana será un día muy largo.

Jacob se limpió las lágrimas y miró a Owen con admiración.

—Gracias… por no rendirte.

Por protegernos.

Owen no respondió con palabras.

Solo asintió ligeramente.

En su mente, Isuki Riku habló con tono calmado pero sincero: —Bien hecho, Owen.

No solo salvaste a tus compañeros.

Salvaste la posibilidad de que esta ciudad sea algo mejor.

Descansa ahora.

Mañana tendrás que enfrentar las consecuencias.

El grupo se quedó un rato más en la sala destruida, recuperando el aliento.

Afuera, la distracción de Hinata había terminado y los guardias comenzaban a regresar, confundidos.

La ciudad de Tokio ya no sería la misma.

Los demonios habían sido derrotados.

Pero las cicatrices quedarían por mucho tiempo.

Y Owen, con el cuerpo exhausto y el corazón todavía lleno de ese odio silencioso, sabía que su lucha en este mundo apenas acababa de comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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