Nunca Fue un Juego - Capítulo 24
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24: Capítulo 24: Voces en la Noche 24: Capítulo 24: Voces en la Noche La habitación asignada a Owen en el sector este era pequeña pero limpia.
Una cama sencilla, una mesa de madera y una ventana que daba a un patio con árboles de sakura.
Después de la batalla en el Centro de Procesamiento, el grupo había regresado exhausto.
Henry, Ava y Jacob se fueron a descansar a sus propias habitaciones.
Owen se quedó solo.
Se quitó la camisa ensangrentada y rota, dejando al descubierto su torso cubierto de moretones, cortes cicatrizados y algunas heridas todavía frescas.
Se sentó en el borde de la cama, suspirando profundamente.
El cuerpo le dolía, pero lo peor era la mente.
El odio frío seguía allí, latente.
Isuki Riku rompió el silencio dentro de su cabeza con un tono claramente burlón, pero más suave que de costumbre.
—Vaya… qué día tan productivo, ¿no?
Casi te roban tus habilidades, casi mueres desangrado, casi destruyen la ciudad… y aquí estás, sentado medio desnudo en una habitación.
Muy heroico.
Owen soltó una risa cansada y se recostó contra la pared.
—Sabes… me pareció raro que la chica molesta que siempre habla en mi cabeza haya estado tan callada durante la pelea.
Pensé que te habías quedado sin batería o algo.
Isuki Riku soltó una risa corta y clara.
—Oh, por favor.
¿Ahora soy “la chica molesta”?
Qué bonito.
Solo di la verdad: me extrañaste, ¿verdad?
Admítelo.
Te sentiste solo sin mi voz encantadora susurrándote al oído todo el tiempo.
Owen cerró los ojos, con una media sonrisa.
—Un poco.
Fue raro pelear sin que alguien me estuviera criticando cada dos segundos.
—Ja.
Claro.
“Un poco”.
Eres tan obvio.
—Isuki Riku hizo una pausa, y su tono se volvió un poco más serio, aunque seguía teniendo ese toque juguetón—.
En realidad… estaba concentrada.
Cuando Tanaka te puso ese artefacto en la cabeza, yo estaba intentando bloquear lo máximo posible desde dentro.
No quería que te robaran nada.
Por eso estuve callada.
Owen abrió los ojos y miró al techo.
—¿Por qué solo tú estás en mi cabeza?
Los demás no tienen a nadie hablándoles.
Henry, Ava, Jacob… ninguno menciona tener un Sistema que les hable directamente.
Isuki Riku tardó un segundo en responder, como si estuviera pensando.
—Honestamente… no tengo ni idea.
Cuando fui seleccionada, solo me dijeron que debía acompañar a un usuario específico.
Ese usuario resultaste ser tú.
No sé por qué no hay Sistemas para los demás.
Tal vez sea porque tu habilidad Basic Glance es especial, o porque el Sistema Isuki Riku fue diseñado para alguien como tú… alguien que observa más que actuar.
Owen se quedó callado un momento, procesando.
—Entonces… ¿tú fuiste “elegida” para mí?
—Supongo que sí —respondió ella, con un tono más suave—.
No fue mi decisión.
Me desperté y de repente estaba dentro de tu cabeza.
Al principio pensé “qué aburrido, me tocó el chico que solo camina por los bosques”.
Pero… has resultado ser más interesante de lo que esperaba.
Aunque sigues siendo un mironcito.
Owen soltó una risa baja.
—Gracias… creo.
La conversación continuó durante varios minutos.
Isuki Riku le preguntó sobre su vida antes del cambio: el orfanato, la beca a Japón, por qué prefería los bosques a las ciudades.
Owen respondió con honestidad, sin adornos.
Le contó que el juego era su escape, que caminar por la naturaleza lo ayudaba a no pensar en el pasado.
Isuki Riku, por su parte, reveló pequeños detalles sobre sí misma: que era una entidad creada específicamente para este mundo, que tenía una personalidad sarcástica porque “era más divertido así”, y que, aunque lo molestaba constantemente, en realidad se preocupaba por que sobreviviera.
—Eres mi primer usuario —admitió ella—.
No quiero que mueras.
Sería muy aburrido quedarme sola otra vez.
Owen sonrió ligeramente.
—Entonces… gracias por no callarte del todo hoy.
—Ja.
De nada, idiota.
El momento era extrañamente íntimo.
Por primera vez, la relación entre usuario y Sistema se sentía menos como una carga y más como una conversación entre dos personas que empezaban a conocerse de verdad.
De pronto, la puerta de la habitación se abrió sin aviso.
Hinata entró rápidamente, todavía con la ropa que había usado durante la batalla.
—Owen, necesito que… —se detuvo en seco.
Owen estaba sentado en la cama sin camisa, el torso marcado por moretones y cicatrices recientes.
La luz tenue de la lámpara resaltaba su cuerpo semi desnudo.
Hinata se sonrojó violentamente y se tapó los ojos con ambas manos.
—¡Lo siento!
¡No sabía que estabas… así!
¡Perdón!
Owen reaccionó tarde y se cubrió el pecho con los brazos, claramente avergonzado.
—Hinata… espera, yo… Hinata retrocedió rápidamente hacia la puerta, todavía con las manos en los ojos.
—Solo… solo vine a decirte que en una hora voy a dar el comunicado oficial sobre Tanaka y Kuroda.
Toda la ciudad estará allí.
Por favor, ven.
Es importante que estés presente.
Owen, aún cubierto con los brazos, asintió.
—Está bien… ahí estaré.
Hinata salió de la habitación a toda prisa, cerrando la puerta detrás de ella.
Fuera, se escuchó su voz ligeramente nerviosa: —…Nos vemos en la plaza central.
Owen se quedó sentado en la cama, con una mueca de sonrisa en los labios a pesar del cansancio.
Sacudió la cabeza.
Isuki Riku soltó una risa clara y burlona dentro de su cabeza.
—Vaya… qué momento tan incómodo.
La líder de la ciudad te ve sin camisa y se pone roja como un tomate.
Qué lindo.
¿Vas a ir así al comunicado?
Seguro causarías sensación.
—Cállate —murmuró Owen, pero la sonrisa no desapareció de su rostro.
Se levantó, tomó una camisa limpia y comenzó a vestirse lentamente.
El cuerpo todavía le dolía, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que había algo de normalidad en medio del caos.
Isuki Riku siguió hablando, con tono más suave: —Descansa un poco antes de ir.
Lo hiciste bien hoy.
Muy bien.
Owen terminó de abotonarse la camisa y miró hacia la ventana, donde los pétalos de sakura seguían cayendo bajo la luz de la luna.
—Gracias… por estar ahí —dijo en voz baja.
Isuki Riku no respondió con una broma esta vez.
Solo una respuesta simple y sincera: —De nada, Owen.
La habitación quedó en silencio.
Owen tomó aire profundamente y salió hacia la plaza central, donde Hinata daría el comunicado que cambiaría el destino de la ciudad.
La noche aún no había terminado.
Pero, Owen sentía que no estaba completamente solo.
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