Nunca Fue un Juego - Capítulo 25
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25: Capítulo 25: La Verdad al Amanecer 25: Capítulo 25: La Verdad al Amanecer El sol comenzaba a salir sobre la ciudad de Tokio, tiñendo los pétalos de sakura con tonos dorados y rosados.
La plaza central estaba abarrotada.
Cientos de ciudadanos, recién llegados y residentes antiguos, se reunían frente al edificio principal.
El ambiente era de expectación y nerviosismo.
Todos habían escuchado los rumores durante la noche: algo grande había ocurrido en el Centro de Procesamiento.
Hinata subió a la plataforma elevada.
Vestía su uniforme blanco, pero su expresión era más seria y cansada que nunca.
A su lado estaban Owen, Henry, Ava y Jacob.
Los cuatro todavía tenían marcas visibles de la batalla: moretones, vendajes y rostros exhaustos.
Hinata levantó la mano para pedir silencio.
Su voz, amplificada por un artefacto mágico, llegó clara a toda la plaza.
—Ciudadanos de Tokio… gracias por venir tan temprano.
Lo que voy a decirles hoy cambiará cómo vemos esta ciudad y este mundo.
Hizo una pausa breve, respirando profundamente.
—Durante estos días, muchos de ustedes han sentido miedo, incertidumbre y desconfianza.
Algunos han visto cómo amigos y compañeros desaparecían después de ser enviados a “entrenamiento especial”.
Otros han notado que ciertas personas regresaban… diferentes.
Vacías.
Un murmullo recorrió la multitud.
Hinata continuó con voz firme: —Tanaka y Kuroda no eran humanos.
Eran entidades demoníacas que se camuflaban entre nosotros.
Su objetivo era robar las habilidades de los jugadores para volverse más poderosos.
Usaban el Centro de Procesamiento para extraer poderes y convertir a las personas en esclavos sin voluntad.
Yo… lo descubrí hace varios días, pero no podía actuar sola.
Temía que si los enfrentaba abiertamente, la ciudad se dividiera y cayera en el caos.
La plaza quedó en silencio absoluto.
Hinata señaló al grupo que estaba a su lado.
—Anoche, Owen, Henry, Ava y Jacob, junto conmigo, entraron al Centro de Procesamiento.
Destruimos el artefacto principal y derrotamos a Tanaka y Kuroda.
Ya no existen.
Sus cuerpos demoníacos fueron destruidos.
Un grito colectivo de sorpresa y alivio recorrió la multitud.
Algunas personas lloraron.
Otras se abrazaron.
Un hombre mayor cayó de rodillas, murmurando “gracias” una y otra vez.
Hinata levantó la mano nuevamente para calmarlos.
—Sin embargo, esto no termina aquí.
Hay consecuencias.
Muchas personas que fueron procesadas antes siguen vivas, pero sus habilidades fueron robadas.
Están débiles y confundidas.
Necesitaremos ayuda para cuidar de ellas.
Además, el sistema de control que Tanaka y Kuroda habían construido todavía existe en parte.
Vamos a desmantelarlo juntos.
Hizo una pausa y miró directamente a la gente.
—Les pido perdón por no haber actuado antes.
Les prometo que a partir de hoy construiremos una ciudad de verdad.
Sin esclavos.
Sin mentiras.
Donde cada uno pueda contribuir sin miedo.
Pero para eso necesito que confíen en mí… y en las personas que lucharon anoche por todos nosotros.
La reacción de la ciudad fue mixta pero mayoritariamente positiva.
Muchos aplaudieron.
Algunos lloraron de alivio.
Un grupo pequeño murmuró con desconfianza, pero la mayoría parecía dispuesta a dar una oportunidad.
Sin embargo, en un lugar lejano, muy lejos de Tokio… En las ruinas de una antigua torre al norte del continente, una figura encapuchada observaba un cristal de visión que mostraba imágenes borrosas de la plaza.
La figura tenía ojos rojos brillantes y una sonrisa fría.
—Interesante… Tanaka y Kuroda cayeron.
Hinata reveló la verdad.
Y ese chico… Owen Yuto… destruyó el artefacto principal.
La figura se rio suavemente.
—Parece que el experimento está tomando un rumbo inesperado.
Si destruyeron el núcleo de extracción, tendré que ajustar mis planes.
Pero esto podría ser… divertido.
Envíen un mensaje a los demás.
Que sepan que Tokio ya no es un objetivo fácil.
La figura apagó el cristal y desapareció en las sombras.
De vuelta en Tokio, el comunicado había terminado.
La gente comenzó a dispersarse, hablando entre sí con una mezcla de esperanza y miedo.
Hinata se acercó al grupo con una sonrisa cansada pero genuina.
—Gracias… de verdad.
Sin ustedes, esto no habría sido posible.
Henry se rascó la cabeza, todavía con moretones visibles.
—Solo hicimos lo que había que hacer.
Ava sonrió.
—¿Y ahora qué?
Hinata les hizo un gesto para que la siguieran.
—Ahora… vamos a comer.
Se lo merecen.
He preparado un festín sencillo en el salón privado del edificio central.
Nada lujoso, pero suficiente para celebrar que seguimos vivos.
El grupo aceptó.
Minutos después estaban sentados alrededor de una mesa larga llena de comida: arroz, pescado asado, verduras frescas, takoyaki y frutas.
Era el primer festín real que tenían desde que llegaron a este mundo.
El ambiente era cálido y relajado.
Henry comía con ganas, contando anécdotas exageradas de cómo había golpeado al demonio fusionado.
Ava reía mientras curaba pequeños moretones restantes con su toque.
Jacob, todavía emocionado por su nueva habilidad, intentaba mover un tenedor con telequinesis y terminaba tirándolo al suelo, provocando risas generales.
Owen comía en silencio, pero con una pequeña sonrisa en los labios.
Isuki Riku habló en su cabeza con tono juguetón: —Mírate… casi pareces humano otra vez.
Sonriendo y todo.
Qué raro.
—Cállate —murmuró Owen, pero la sonrisa se amplió un poco.
Hinata levantó su copa de jugo de frutas.
—Por los que lucharon anoche.
Y por los que seguirán luchando para hacer de esta ciudad un lugar mejor.
Todos brindaron.
El momento era bonito: risas, comida compartida y una sensación de camaradería que no habían tenido antes.
De pronto, Jacob intentó mover su plato con telequinesis para impresionar a los demás.
El plato flotó… pero luego cayó directamente sobre la cabeza de Henry, derramando salsa por toda su cara.
El salón estalló en carcajadas.
Henry se limpió la cara con la manga, fingiendo enojo.
—¡Jacob!
¡Te voy a lanzar por la ventana con esa telequinesis tuya!
Jacob se rio nervioso.
—Lo siento… todavía estoy aprendiendo.
Ava casi se atraganta de la risa.
Hinata cubrió su boca, intentando mantener la compostura de líder, pero terminó riendo también.
Owen observó la escena con esa sonrisa pequeña y cansada.
Por un momento, el odio frío en su pecho se calmó un poco.
No desapareció, pero dejó espacio para algo más cálido: la sensación de que, tal vez, no estaba solo en esto.
Isuki Riku habló suavemente en su cabeza: —Disfruta el momento, Owen.
Te lo mereces.
Mañana volverá la realidad… pero hoy, solo come y ríe un poco.
Owen tomó un poco de arroz y miró a sus compañeros riendo alrededor de la mesa.
Por primera vez desde que todo comenzó, sintió que tenía un grupo real a su lado.
Y eso, de momento, era suficiente.
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