Nunca Fue un Juego - Capítulo 30
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30: Capítulo 30: La Verdad de las Sombras 30: Capítulo 30: La Verdad de las Sombras El bosque se había vuelto más denso a medida que avanzaban hacia el norte.
Los árboles altos y retorcidos formaban un techo verde que apenas dejaba pasar la luz del sol, creando un ambiente sombrío y silencioso.
El grupo caminaba en fila, con Owen al frente, seguido por Henry, Ava, Jacob y la elfa Sophia, que ahora formaba parte de ellos.
Sophia había estado callada durante la mayor parte del día, pero de pronto rompió el silencio con voz temblorosa pero decidida.
—Todo comenzó hace unas semanas —dijo, mirando el suelo mientras caminaba—.
Dos personas llegaron a mi ciudad.
Decían que eran enviados por un rey demonio.
Al principio nadie les creyó, pero empezaron a atacar.
Destruyeron casas, quemaron campos y se llevaron a varios elfos.
Dijeron que si la ciudad no se rendía, el rey demonio vendría en persona y no quedaría nada.
Owen se detuvo y se giró hacia ella.
El resto del grupo también se detuvo, escuchando con atención.
Sophia continuó, con los ojos llenos de miedo y rabia contenida: —Mi ciudad siempre había sido pacífica.
Los elfos no buscamos guerra.
Pero esos dos… usaban el nombre del rey demonio para aterrorizarnos.
La gente tenía miedo de defenderse, pensando que si lo hacían, el verdadero rey demonio aparecería y destruiría todo.
Owen la miró con seriedad.
Su mente trabajaba rápido, uniendo las piezas.
—Sophia… puede que esos que fueron en nombre del rey demonio de hecho no sean sus sirvientes.
Puede que solo estén haciendo lo que quieren y usando el nombre de un rey demonio para que tu ciudad no pueda defenderse por el miedo de que si se resisten, el rey demonio real venga.
Por lo que me cuentas, ellos solo son farsantes.
Debemos llegar lo más rápido posible y hacerles pagar por lo que están haciendo.
Sophia se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos.
Había admiración en su mirada.
El humano que acababa de conocer había entendido la situación con una claridad que ella misma no había logrado ver del todo.
—…Es exactamente lo que pasó en mi ciudad —susurró—.
Nadie se atrevía a luchar porque temían que el rey demonio de verdad apareciera.
Esos dos farsantes destruyeron todo sin que nadie se atreviera a detenerlos.
Henry soltó un gruñido de rabia.
—Cobardes que se esconden detrás de un nombre poderoso.
Los odio.
Ava puso una mano en el hombro de Sophia.
—Vamos a ayudar.
No estás sola.
Jacob, aunque nervioso, asintió.
—Juntos.
Owen, un poco apenado, se rascó la nuca con la mano detrás de la cabeza.
—Sobre las razas… mientras era jugador no me centré mucho en exploración ni en investigar si había más seres.
Solo caminaba por los bosques para despejar la mente.
No sabía que existían razas como la tuya.
Sophia lo miró con una cara de sorpresa mezclada con diversión.
—¿De verdad?
Acabo de admirar tu inteligencia por deducir lo de los farsantes… y ahora me dices esto.
Owen sonrió con timidez.
—Soy bueno observando lo que tengo delante.
Pero el resto del mundo… todavía estoy aprendiendo.
Sophia suspiró, pero su expresión se suavizó.
Comenzó a hablar mientras seguían caminando.
—Existen muchas razas en este mundo, mucho antes de que llegaran los jugadores.
Los elfos como yo vivimos en armonía con la naturaleza, en ciudades ocultas en los bosques profundos.
Somos longevos, algunos llegamos a los mil años.
Los enanos viven en montañas y cavernas, maestros de la forja y la piedra.
Los beastkin tienen rasgos de animales y son fuertes en combate.
También hay razas menores como los faunos, los espíritus del bosque y los dragones antiguos que rara vez se muestran.
Hizo una pausa y su voz se volvió más grave.
—Y luego están los reyes demonios.
No son solo monstruos.
Son entidades muy poderosas que gobiernan territorios enormes.
Cada uno tiene su propio dominio y sus propias reglas.
Algunos son crueles, otros son más… caprichosos.
No suelen pelear entre sí por reglas antiguas, pero si uno conquista una ciudad como la mía, los demás podrían verlo como una amenaza o una oportunidad.
Owen escuchaba con atención, absorbiendo cada palabra.
Isuki Riku también estaba en silencio dentro de su cabeza, procesando la información.
Sophia continuó: —Mi ciudad se llama Lunareth.
Es un lugar oculto en el bosque profundo, donde los elfos vivimos en paz con la naturaleza.
Las casas están construidas entre los árboles gigantes, conectadas por puentes de luz y raíces vivas.
Es hermosa… o al menos lo era antes de que esos dos farsantes llegaran.
El grupo se quedó en silencio durante un rato, cada uno pensando en sus propias cosas.
Henry rompió el silencio con una pregunta directa: —¿Y si esos farsantes llaman al rey demonio de verdad?
¿Qué hacemos entonces?
Sophia bajó la mirada.
—No lo sé.
Pero si llegamos a Lunareth a tiempo, tal vez podamos detenerlos antes de que sea demasiado tarde.
Ava puso una mano en el hombro de Sophia.
—Vamos a ayudar.
No estás sola.
Jacob, aunque todavía nervioso, dijo: —Yo también.
Ya no quiero huir.
Owen miró a Sophia y tomó una decisión.
—Te acompañaremos.
Pero necesitamos saber más.
Vamos a ayudarte a llegar a Lunareth lo más rápido posible.
Sophia levantó la vista, con lágrimas de alivio en los ojos.
—Gracias… No saben lo que esto significa para mí.
El grupo continuó el viaje, ahora con una determinación renovada.
Mientras caminaban, Sophia les contó más detalles sobre Lunareth: cómo las casas estaban construidas entre los árboles gigantes, conectadas por puentes de luz y raíces vivas, cómo los elfos vivían en armonía con la naturaleza y cómo la ciudad había sido un refugio de paz durante siglos.
Owen escuchaba con atención.
El bosque se hizo más denso.
El sol ya estaba bajando y las sombras se alargaban entre los árboles.
De pronto, un rugido bajo resonó desde la espesura.
El grupo se puso en guardia.
Owen activó Basic Glance.
—Algo viene.
Una bestia grande, parecida a un oso con escamas negras, salió de entre los árboles.
Era un monstruo del bosque profundo.
Henry sonrió con ferocidad.
—Hora de probar las nuevas habilidades.
La pelea fue rápida pero intensa.
Henry se movió a velocidad triple y cortó al oso con su hacha.
Ava lanzó bolas de fuego perseguidoras que quemaron la piel escamosa.
Jacob creó un campo de fuerza telequinético para proteger al grupo y lanzó rocas con precisión.
Owen usó Slow Perception y Void Strike para abrir una herida profunda en el cuello de la bestia.
Cuando el monstruo cayó, el grupo respiró con alivio.
Sophia los miró con admiración.
—Son fuertes… más de lo que esperaba de jugadores.
Owen se limpió la daga.
—Estamos aprendiendo juntos.
El grupo continuó el viaje, ahora más unido y con una determinación clara.
Sophia caminaba al lado de Owen, mirando de reojo al humano que había deducido la verdad de su ciudad con tanta facilidad.
El camino hacia Lunareth se volvía cada vez más peligroso.
Pero ahora no estaban solos.
El grupo había crecido.
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