Nunca Fue un Juego - Capítulo 41
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Capítulo 41: Capítulo 41: Sueños y Susurros
Owen y Elara se sentaron en una mesa junto a la ventana del pequeño café. El brebaje dulce de frutas locales y miel silvestre tenía un sabor fresco y ligeramente ácido que Owen disfrutaba en silencio. El ambiente era relajado: el aroma de hierbas flotaba en el aire y el murmullo suave de otras conversaciones creaba una atmósfera tranquila.
Elara dio un sorbo y miró hacia la calle con una expresión pensativa.
—Esta ciudad, Crystalis es especial en muchos sentidos, Owen. Aunque parezca pacífica, todo aquí tiene un precio invisible. La reputación lo es todo. Si hablas mal de alguien o rompes un acuerdo, puede que nunca más te dejen entrar en ciertos círculos. Los gremios no solo dan misiones; también protegen tu nombre. Si haces bien tu trabajo, tu reputación sube y te abren puertas. Si fallas o traicionas, te cierran todas.
Owen asintió, interesado.
—¿Y cómo se vive aquí normalmente? Parece muy diferente al resto del mundo.
Elara sonrió con nostalgia.
—La vida diaria es más lenta. La gente se levanta temprano para ir a los mercados de trueque o a las bibliotecas públicas. Hay academias donde se enseña retórica, historia y negociación en lugar de solo combate. Los jóvenes sueñan con entrar a un buen gremio no solo por el dinero, sino por la protección y el prestigio que da. Pero también hay peligros ocultos. Algunos gremios están corruptos, otros tienen deudas con familias poderosas. Y aunque no se pelee en las calles, las puñaladas por la espalda con palabras pueden ser más dolorosas que una espada.
Tomó otro sorbo y su mirada se volvió más soñadora.
—Yo… quiero ser miembro de un gremio. No busco convertirme en una heroína que mata monstruos legendarios. Quiero ser de las que resuelven problemas difíciles con inteligencia, que ayudan a la gente común y que dejan una huella positiva. Quiero ser calmada, confiable, alguien en quien todos puedan confiar. Y después de lograr eso… sueño con una vida tranquila. Una casa pequeña en las afueras, un jardín con flores que yo misma cuide, leer libros hasta tarde y ver el atardecer sin preocupaciones. Hasta que llegue mi muerte, quiero que sea en paz.
Hizo una pausa y miró a Owen directamente a los ojos, con una mezcla de timidez y determinación.
—Pero antes de todo eso, hay mucho que hacer. Por eso te pregunto… ¿quieres unirte al gremio junto conmigo?
Owen se quedó callado unos segundos, procesando sus palabras. Isuki Riku habló en su mente con tono serio y estratégico:
—Esa es la mejor opción, Owen. Un gremio te dará acceso a mapas detallados, rumores sobre territorios peligrosos y contactos que pueden saber dónde está el dragón. No lo dudes.
Después de pensarlo un momento, Owen asintió con la cabeza.
—Está bien. Me uno contigo.
Elara sonrió ampliamente, casi saltando en su asiento de la emoción.
—¡Genial! Entonces vamos a celebrarlo un poco más y luego nos dirigimos al gremio.
Terminaron sus bebidas entre risas y conversaciones ligeras. Elara le contó anécdotas divertidas de aventureros novatos que terminaban debatiendo con ancianos del consejo y perdían por completo. Owen se rio con ganas, sintiendo que por un momento podía olvidar la urgencia de su misión.
Cuando terminaron, salieron del café y se dirigieron al Gremio de los Susurros Eternos, uno de los más respetados de la ciudad. El edificio era imponente pero elegante, con una fachada de piedra tallada y un letrero dorado.
Al entrar, el ambiente era de actividad constante pero ordenada: aventureros revisando tablones de misiones, grupos discutiendo estrategias y un leve murmullo de conversaciones. De pronto, varias personas se quedaron mirando fijamente a Owen. Algunas murmuraban, otras lo observaban con curiosidad abierta.
Owen se sintió incómodo y miró a Elara.
Elara lo tomó del brazo con naturalidad y lo guió hacia el mostrador, donde estaba un hombre de mediana edad con cabello canoso, barba bien cuidada y una sonrisa cálida y bromista.
El recepcionista se presentó con una inclinación exagerada y teatral.
—Bienvenidos al Gremio de los Susurros Eternos. Mi nombre es Luke Harlan , el humilde servidor de todos los que vienen con sueños grandes y monedas pequeñas. ¿En qué puedo servirles hoy, jóvenes aventureros?
Elara habló con entusiasmo:
—Queremos ser aventureros y obtener dinero con misiones.
Alden sonrió con picardía.
—Ah, los clásicos. Por favor, denme sus identificaciones para registrarlos. Y luego, por favor, acompáñenme para un pequeño examen que nos permita saber qué tan bien están en nivel de inteligencia y aptitud. No queremos que se pierdan en el primer bosque, ¿verdad?
Owen y Elara entregaron sus identificaciones. Alden las revisó rápidamente, anotó los datos y les devolvió una sonrisa.
—Perfecto. Ahora síganme por aquí.
Mientras caminaban hacia la sala de examen, Owen se acercó a Luke y preguntó en voz baja:
—¿Por qué cuando entré las personas me miraban tanto?
Alden soltó una risita baja.
—Es por tu aura, muchacho. No sabes ocultarla y se estaba desbordando por todo el gremio. Es bastante… intensa. Parecía que habías traído una tormenta contigo.
Isuki Riku se rio en la mente de Owen.
—Es cierto. Desbordas mucho tu aura.
Owen, molesto, respondió en su mente:
—No podrías habérmelo dicho… no sé… desde hace muchísimo tiempo.
Isuki Riku se rio más fuerte, claramente disfrutando del momento.
—Ja. ¿Y perderme la diversión de verte confundido? Nunca.
Owen suspiró y entraron en la habitación para el examen escrito. El examen se les dio a ambos. Owen entendía la letra a pesar de que era la primera vez que veía esos símbolos extraños.
Isuki Riku le explicó en su mente:
—A todos los jugadores desde que llegaron se les dio de forma automática esa habilidad de comunicación y lectura. Pero solo lo normal. En este mundo hay textos que ni siquiera los que viven aquí pueden leer. Así que también tiene sus desventajas la habilidad de los jugadores.
Owen leyó el examen, pero no entendía nada. No sabía cómo resolverlo. Miró a Elara. Ella estaba resolviendo muy rápido su examen, con una concentración tranquila.
Isuki Riku interrumpió con tono juguetón:
—Te diré todas las respuestas, pero luego tienes que recompensarme.
Owen respondió en su mente, indignado:
—¿Cómo voy a recompensarte si estás en mi cabeza?”
Ella respondió con tono travieso:
—En momentos de peleas o cosas serias quiero que me digas “jefa”.
Owen, un poco indignado, se levantó de la silla de golpe. Elara y Luke se le quedaron viendo. Owen se sonrojó y dijo rápidamente:
—Disculpa… —y se sentó lentamente.
Luego, en su mente:
—¿Cómo quieres que te diga “jefa”?
Isuki Riku se rio con satisfacción.
—Entonces resuelve tu examen solo.
Owen cedió con un suspiro mental.
—Está bien… te diré “jefa”.
Isuki Riku rio con ganas y comenzó a darle las respuestas una por una. Owen terminó el examen justo cuando el tiempo se acabó.
Elara y Owen aprobaron el examen. Luke les entregó un objeto pequeño, como un brazalete plateado con un símbolo grabado, que servía para identificar a los miembros del gremio.
Salieron del gremio felices, con los brazaletes puestos y la intención clara de comenzar a hacer misiones lo antes posible.
Elara miró a Owen con una sonrisa radiante.
—Bienvenido al gremio, Owen. Vamos a hacer grandes cosas juntos.
Owen asintió, sintiendo que, aunque su misión principal seguía siendo urgente, este nuevo camino podía ser exactamente lo que necesitaba para avanzar.
El verdadero viaje continuaba, ahora con un aliado inesperado y un gremio a sus espaldas.
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