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Nunca Fue un Juego - Capítulo 44

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Capítulo 44: Capítulo 44: El Santuario y el Cristal

Owen y Elara dejaron atrás la pequeña aldea con una sensación agridulce. La hospitalidad de Asuna y el anciano había sido genuina, pero la misión seguía presionando. Montados en sus caballos, revisaron una vez más el mapa que les había dado la mujer encapuchada. La ruta que ella marcó parecía la más segura: un camino que bordeaba colinas suaves y evitaba los densos bosques donde las bestias eran más agresivas.

—Sigamos exactamente por donde dijo —comentó Elara mientras guiaba su caballo—. Hasta ahora no hemos tenido problemas.

Owen asintió. El camino resultó sorprendentemente tranquilo. No se toparon con monstruos fuertes ni con otros aventureros. Solo el sonido de los cascos y el viento entre los árboles acompañaba su avance. El sol comenzaba a bajar, tiñendo el cielo de tonos anaranjados.

Después de varias horas, desde lejos divisaron una estructura imponente: un santuario antiguo construido en la ladera de una montaña. Columnas de piedra gris se alzaban hacia el cielo, cubiertas de enredaderas y marcas de tiempo. El lugar transmitía una mezcla de solemnidad y abandono.

—Allí está —dijo Owen, señalando—. Parece que es el punto que marcó en el mapa.

Se acercaron con cautela. Frente a la gran puerta de piedra tallada, tocaron varias veces. Nadie respondió. Después de unos cuantos intentos más insistentes, la puerta se abrió con un chirrido pesado.

Un hombre fornido, de hombros anchos y brazos musculosos, apareció en el umbral. Tenía una barba espesa y ojos penetrantes. Vestía una túnica sencilla pero con símbolos bordados que parecían representar escamas.

—Me llamo James —dijo con voz grave y un tono casi reverente—. ¿Qué quieren en este lugar sagrado?

Owen y Elara sintieron una mal espina. Había algo extraño en la forma en que hablaba, como si cada palabra estuviera cargada de devoción fanática.

—Solo estamos de paso —respondió Owen con cautela—. Nos pareció raro ver un santuario tan grande en medio de la nada.

James se irguió con orgullo, colocando las dos manos en la cintura.

—Esto es un santuario dedicado a nuestra diosa: el dragón Luminary. Aunque la llamen dragón, ella es una mujer. Tan poderosa, tan orgullosa, tan perfecta… Por eso es nuestra diosa.

Owen parpadeó, sorprendido.

—¿Nuestra diosa? ¿Hay más personas venerándola?

James asintió con entusiasmo.

—Sí, aunque ella no nos visita muy seguido. La última vez que vino fue porque tenía hambre y quería que le cumpliéramos todos sus caprichos. ¡Qué buenos tiempos! Pero ahora… no sé qué le pasa.

Suena una voz que lo llama dentro del santuario.

Bueno, chicos, debo irme a seguir con lo mío. No los puedo hacer pasar, así que me tengo que ir.

Owen forzó una sonrisa.

—Está bien.

En su mente, añadió con tono cómico:

—Igual no quería entrar…

James cerró la puerta con un golpe seco. Owen y Elara se quedaron un momento en silencio, procesando lo extraño de la conversación.

De pronto, Owen escuchó un tenue sonido proveniente de algún lugar más allá del santuario: un leve tintineo cristalino mezclado con voces lejanas.

—¿Escuchaste eso? —preguntó a Elara.

Ella negó con la cabeza.

—No, nada.

Isuki Riku intervino en la mente de Owen:

—Ella no lo escucha porque tú tienes una de tus mejoras activadas. Tu oído está mucho más sensible ahora.

Owen se apresuró.

—Sube al caballo. Vamos en esa dirección.

Le dieron un poco de su propia energía a los caballos para que corrieran más rápido. Los animales respondieron con fuerza y avanzaron a gran velocidad por el terreno irregular.

Después de unos minutos, llegaron a un claro donde la escena los dejó helados.

Dos bandos de personas estaban enfrentados en una batalla feroz. Espadas chocaban, flechas volaban y bolas de fuego cruzaban el aire. Gritos de dolor y rabia llenaban el lugar. Era un caos total.

Riku analizó rápidamente el entorno y habló con urgencia en la mente de Owen:

—El líder de uno de los bandos tiene el cristal. Lo está sujetando en su mano derecha. Ese es el objeto que buscan.

Owen entrecerró los ojos y lo vio: un hombre robusto con armadura ligera sostenía un cristal de hielo grande y brillante que emitía un resplandor azul pálido.

De pronto, una bola de fuego se dirigió directamente hacia Owen. Él la esquivó en el último segundo gracias a Slow Perception. El ataque lo había tomado por sorpresa.

—¡Cuidado! —gritó Elara, lanzando una pequeña bola de fuego defensiva para cubrirlo.

Parecía que uno de los bandos los había confundido con ladrones que venían a robar el cristal. Owen levantó las manos en un gesto pacífico.

—¡Solo queremos confirmar si el cristal está aquí! ¡No venimos a pelear!

Pero el caos era demasiado grande. Nadie parecía escuchar. Los dos bandos seguían matándose entre sí por el control del objeto.

Owen y Elara se retiraron un poco a una posición más segura, detrás de unas rocas. Desde allí observaron mejor la situación. El cristal brillaba con intensidad cada vez que el líder lo levantaba, como si respondiera a su energía.

—Esto es más complicado de lo que pensábamos —murmuró Elara—. La mujer encapuchada solo nos pidió confirmar si estaba aquí, pero ahora estamos en medio de una guerra por él.

Owen asintió, con la mirada fija en el cristal.

—Tenemos que acercarnos lo suficiente para confirmar que es el que buscamos, pero sin meternos en la pelea. Si es el mismo que pertenecía a la aldea… podría ser peligroso.

Isuki Riku habló con tono serio:

—Ten cuidado, Owen. Ese cristal parece tener un poder inestable. Si lo tocan o lo usan mal, podría desatar algo peor que esta pelea.

Los dos observaron en silencio durante unos minutos más, buscando una oportunidad para acercarse sin ser atacados. La batalla continuaba con ferocidad, y el cristal seguía brillando en la mano del líder, como un trofeo que nadie quería soltar.

La misión de “solo confirmar” se había vuelto mucho más complicada de lo esperado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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