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Nunca Fue un Juego - Capítulo 45

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Capítulo 45: Capítulo 45: El Cristal y la Amenaza

Owen y Elara permanecían agachados detrás de unas rocas grandes, observando con tensión la batalla que se libraba en el claro. Los dos bandos se enfrentaban con ferocidad: espadas chocaban, flechas silbaban y bolas de energía estallaban contra el suelo, levantando nubes de polvo y hierba quemada. El cristal de hielo brillaba intermitentemente en la mano del líder de uno de los grupos, como si respondiera a la violencia que lo rodeaba.

—No podemos quedarnos aquí mucho tiempo —susurró Elara, con la voz tensa—. Si nos descubren, nos van a confundir con enemigos.

Owen asintió, sin apartar la vista del cristal. Desde esa distancia podía confirmar que era exactamente el objeto que describió la mujer encapuchada: grande, de un azul profundo y con vetas que parecían hielo eterno.

De pronto, un instinto le hizo girar la cabeza. Detrás de ellos, un hombre de uno de los bandos había cargado una bola de energía oscura y brillante, lista para lanzarla directamente contra ellos. Owen lo percibió tarde, pero reaccionó a tiempo.

Con un movimiento rápido, le dio una patada potente en las manos del atacante. La bola de energía se desvió hacia arriba, disparándose al cielo como un cohete. Un segundo después explotó en una enorme explosión de luz y sonido que iluminó todo el claro como si fuera de día.

El hombre, desarmado y sorprendido, cayó de rodillas. Owen lo miró con furia.

—¿Acaso estás loco? —gritó enojado—. ¡Incluso si ese ataque nos hubiera caído, ibas a explotar con nosotros!

El hombre levantó la cabeza con una sonrisa desquiciada, los ojos inyectados en sangre.

—No me importa… Los mataré. Solo eso.

Owen sintió una oleada de rabia. Agarró al hombre del cuello con una mano y lo levantó del suelo. Con un movimiento brusco lo lanzó contra la tierra, inmovilizándolo.

—Eres un demente —gruñó Owen, apretando ligeramente—. No vas a matar a nadie hoy.

Sin darle oportunidad de reaccionar, le dio un golpe preciso en la sien que lo dejó inconsciente.

Owen se levantó respirando agitado y miró hacia Elara. Ella estaba mirando fijamente hacia el claro, con los ojos muy abiertos.

—¿Qué pasa? —preguntó Owen, acercándose.

Elara señaló con la cabeza. Owen siguió su mirada y vio que la batalla había terminado. Uno de los bandos había ganado. El líder, un hombre alto y musculoso con cicatrices en el rostro, sostenía el cristal de hielo en su mano derecha. Sus hombres lo rodeaban, algunos heridos pero victoriosos.

Lo peor era que ahora todos miraban directamente hacia Owen y Elara.

El líder dio un paso adelante y gritó con voz potente:

—¿Quién eres tú, chico?

Owen respondió con calma, aunque su corazón latía fuerte.

—Mi nombre es Owen Yuto, cual es el tuyo?.

El hombre soltó una risa corta y seca.

—¿Por qué te diría mi nombre? Yo tengo a mi gente conmigo. Las preguntas las hago yo.

Owen frunció el ceño, sintiendo la tensión subir.

El hombre continuó:

—¿Qué están haciendo acá?

Elara respondió rápidamente, intentando sonar convincente:

—Solo estábamos de paso. Nos topamos con esta pequeña batalla por casualidad.

Owen asintió, reforzando la mentira.

—Lo mismo. No venimos a interferir.

No podían decir la verdad. Ahora que veían el cristal de cerca, confirmaban que era el mismo que pertenecía a la aldea: precioso, con un brillo interno que parecía contener una energía inmensa. Decir que venían por él sería firmar su sentencia.

El hombre los miró con desconfianza.

—¿Quieren que les crea eso?

Owen mantuvo la mirada firme.

—¿Y por qué no lo creerías?

El hombre se quedó en silencio un momento, evaluándolos. Luego preguntó:

—Entonces, ¿hacia dónde se dirigen?

Owen pensó rápido. No le quedaba de otra que usar parte de su misión real para despistar.

—Vamos de camino hacia el territorio del dragón que se encuentra cerca de este lugar.

El hombre se quedó callado unos segundos. Luego soltó una carcajada fuerte, y sus hombres lo imitaron.

—¿El territorio del dragón? —repitió entre risas—. Te acompaño, niño.

Owen negó con la cabeza.

—No hace falta. Podemos ir solos.

El hombre se puso serio de golpe. Su aura cambió, volviéndose mucho más pesada y amenazante.

—No fue una propuesta. Se hará lo que yo diga… o tendrán que morir aquí.

Owen y Elara se tensaron. Sabían que juntos eran lo suficientemente fuertes para acabar con la mayoría de los hombres presentes. Pero el líder tenía un aura claramente superior, y además poseía el cristal. No sabían qué poder extra podía darle ese objeto. Enfrentarse ahora sería demasiado arriesgado.

Owen apretó los dientes y miró a Elara. Ella asintió levemente, resignada.

—Está bien —dijo Owen finalmente—. Marcharemos juntos hacia el territorio del dragón.

El hombre sonrió con satisfacción.

—Buena decisión.

Los hombres del bando victorioso recogieron sus armas y heridos. El líder guardó el cristal dentro de un saco reforzado y dio la orden de avanzar. Owen y Elara montaron sus caballos y se unieron al grupo, aunque mantuvieron una distancia prudente.

Mientras avanzaban, Owen sentía un peso en el pecho. Habían confirmado que el cristal existía y que estaba en manos de alguien peligroso. Ahora, en lugar de una misión simple de reconocimiento, se dirigían directamente al territorio de Luminary —el dragón que James había mencionado como diosa— acompañados por un grupo armado que no confiaba en ellos.

Isuki Riku habló en su mente con tono preocupado:

—Esto se complicó rápido. Mantén los ojos abiertos, Owen. Ese cristal puede ser la clave… pero también puede ser nuestra perdición si no lo manejamos bien.

Elara miró a Owen de reojo y susurró:

—Tenemos que encontrar la forma de separarnos de ellos antes de llegar al territorio del dragón.

Owen asintió en silencio.

El grupo avanzaba hacia el horizonte, donde las montañas comenzaban a oscurecerse. El verdadero peligro apenas empezaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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