Nunca Fue un Juego - Capítulo 47
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Capítulo 47: Capítulo 47: El Juego de la Diosa
El grupo avanzaba en un silencio tenso por el hermoso valle de Luminary. Nadie hablaba. El Capitán, a pesar de llevar el cristal de hielo en su saco, caminaba con cautela, mirando constantemente a los lados. Incluso él, que se había mostrado arrogante hasta ahora, parecía sentir el peso del territorio. El hielo cristalino reflejaba la luz del eterno atardecer dorado, y las flores translúcidas flotaban en el aire como si el tiempo mismo estuviera suspendido.
De pronto, todo se descontroló.
El cristal dentro del saco brilló con una intensidad cegadora. La luz azulada se reflejó en cada superficie de hielo del valle, multiplicándose hasta que todo el territorio de Luminary se iluminó como si un sol azul hubiera nacido en su interior.
El suelo tembló violentamente. Los hombres más débiles cayeron de rodillas o directamente al suelo, gritando de sorpresa. Owen, Elara y el Capitán lograron mantenerse de pie, aunque con esfuerzo.
A lo lejos, en la cima de la montaña de cristal, una figura se movió.
Una chica se despertaba. Alzó los brazos por encima de la cabeza en un estiramiento lento y elegante, como alguien que acaba de salir de una larga siesta. Su cabello plateado con reflejos azules caía como cascadas de hielo. Tenía una belleza etérea, casi dolorosa de mirar: piel pálida, ojos de un azul profundo y una presencia que hacía que el aire mismo se inclinara ante ella.
Luminary.
Volteó la cabeza hacia los intrusos y su expresión cambió de somnolienta a ligeramente molesta.
Mientras bajaba flotando del nido en la cima de la montaña, desbordó su aura. Era un celeste hermoso, brillante y puro, pero su poder era abrumador. Owen, Elara y el Capitán cayeron de rodillas al instante. El resto de los hombres ya estaban en el suelo, temblando.
Luminary habló con voz clara y melodiosa, pero cargada de autoridad:
—¿Qué hacen aquí en mi territorio? ¿Cómo es que llega gente indeseable hasta aquí?
Luego soltó una risa suave, casi infantil.
—Ah, es verdad… no puse ninguna barrera esta vez.
De un momento a otro, su aura desapareció por completo, como si nunca hubiera existido. El peso que aplastaba a todos se levantó.
Owen, todavía de rodillas, activó rápidamente Basic Glance para ver sus características.
[Error]
[Error]
[Análisis fallido – Objetivo fuera de rango / Protección divina activa]
En el mismo instante en que la habilidad intentó leerla, Luminary giró la cabeza y miró directamente a Owen. Sus ojos azules se clavaron en él como si pudiera ver a través de su alma.
—Dime… ¿qué tratabas de hacer? —preguntó con voz suave pero peligrosa—. Sentí tu mirada muy profundo dentro de mí.
Owen tragó saliva. No respondió.
Luminary descendió hasta quedar flotando a unos metros del suelo. Sonrió con una mezcla de diversión y fastidio.
—Bien. Ya que están aquí y me despertaron de mi sueño… van a jugar un juego.
Uno de los hombres del Capitán, temblando de miedo, se atrevió a preguntar:
—¿Un juego? ¿Y si no quiero jugar?
Luminary levantó una mano con gracia. El hombre se elevó en el aire como si una mano invisible lo sujetara. Un segundo después explotó en miles de pequeños cubos de hielo perfectos que cayeron al suelo como granizo.
—¿Alguien más que no quiera jugar? —preguntó ella con una sonrisa dulce.
El silencio fue absoluto.
De pronto, el Capitán se levantó con esfuerzo. Sacó el cristal del saco y lo levantó amenazante.
—¡No te acerques! ¡Con esto puedo…!
Luminary ni siquiera se inmutó. El Capitán, frustrado, canalizó todo su poder a través del cristal y soltó un rayo poderosísimo de energía helada directamente hacia ella.
El ataque impactó contra una barrera invisible que apareció alrededor de Luminary. El rayo se disipó sin dejar ni una marca.
—¿Crees que yo seré vencida por un artefacto? —dijo ella con tono casi aburrido—. Encima, un artefacto mío. Uno de mis tantos juguetes.
En un parpadeo, Luminary apareció detrás del Capitán. Lo agarró del cuello por la espalda con una mano delicada. El cuerpo del hombre se congeló al instante, convirtiéndose en una estatua de hielo. Luego, con un golpe sencillo y limpio, atravesó su pecho. La estatua se rompió en pedazos que cayeron al suelo.
Todos los presentes quedaron desesperados. El miedo era palpable. Sentían que no había forma de salir vivos de allí.
Luminary flotó de nuevo hacia el centro y habló con voz clara y juguetona:
—Prepárense. El juego va a comenzar. Les diré las reglas…
Todos los supervivientes, incluyendo Owen y Elara, la miraron con una mezcla de terror y resignación. El valle perfecto de Luminary, que antes parecía un paraíso, ahora se sentía como una jaula dorada.
La diosa dragón sonrió con dulzura mientras comenzaba a explicar las reglas de su “juego”.
Nadie se atrevió a interrumpirla.
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