Nunca Fue un Juego - Capítulo 48
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Capítulo 48: Capítulo 48: Las Reglas del Juego de la Diosa
Luminary flotaba a unos metros del suelo, con su cabello plateado-azulado ondeando suavemente aunque no había viento. Su sonrisa era dulce, casi infantil, pero sus ojos azules profundos transmitían un poder absoluto que hacía que el aire mismo se sintiera más pesado. Los supervivientes —Owen, Elara y los pocos hombres restantes del grupo del Capitán— permanecían de rodillas o de pie con dificultad, sin atreverse a moverse.
La diosa dragón inclinó la cabeza ligeramente, como si estuviera disfrutando del momento.
—Bien… ya que me despertaron de mi siesta tan groseramente, vamos a jugar un juego. Me gusta divertirme cuando tengo visitas inesperadas.
Hizo una pausa teatral, disfrutando del silencio aterrorizado.
—Las reglas son simples, pero importantes. Escuchen con atención, porque si las rompen… morirán de forma muy creativa.
Levantó un dedo delicado y comenzó a enumerar:
Primera regla:
“Todos participarán. Nadie puede quedarse fuera ni esconderse. Si alguien intenta huir del valle, mi barrera los detendrá y los congelará lentamente desde los pies hasta la cabeza. Será doloroso y lento. No recomiendo intentarlo.”
Segunda regla:
“El juego durará hasta que yo me aburra o hasta que solo quede un equipo en pie. Pueden formar equipos, traicionarse, aliarse… lo que quieran. La única condición es que yo decida cuándo termina.”
Tercera regla:
“El cristal de hielo que trajeron es el premio central. Quien lo tenga en su poder al final del juego podrá pedir un deseo razonable. Sí, incluso yo cumpliré un deseo si me divierto lo suficiente. Pero… si nadie logra conservarlo hasta el final, yo me lo quedaré y todos perderán.”
Cuarta regla (la más importante):
“Nadie puede atacarme directamente. Si alguien lo intenta, convertiré su cuerpo en una estatua de hielo y la usaré como decoración en mi nido. Ya tengo suficientes estatuas aburridas… no quiero más.”
Luminary bajó la mano y sonrió con dulzura.
—Ah, y una última cosa… pueden usar todo su poder, todas sus habilidades, todo lo que tengan. No me importa. Mientras me entretengan, todo está permitido.
Uno de los hombres restantes, temblando, se atrevió a preguntar con voz rota:
—¿Y… cuál es el objetivo exacto del juego? ¿Matar a los demás?
Luminary rio suavemente, como si la pregunta fuera adorable.
—El objetivo es sobrevivir y entretenerme. Pueden intentar robar el cristal, pueden intentar escapar, pueden intentar aliarse conmigo… todo vale. Lo único que quiero es ver cómo se comportan cuando tienen miedo y esperanza al mismo tiempo. Eso es lo más divertido.
Señaló con elegancia hacia el valle.
—El territorio entero es el campo de juego. Pueden esconderse en las montañas de cristal, usar los islotes flotantes, esconderse en el lago… donde quieran. Pero recuerden: yo estaré observando todo. Y cuando me aburra… el juego termina.
Owen sentía el corazón latiéndole con fuerza. Miró de reojo a Elara, que estaba pálida pero mantenía la compostura. En su mente, Isuki Riku habló con urgencia:
—Esto es malo, Owen. Ella no está jugando a matar por matar. Está jugando porque se aburre. Eso la hace impredecible. Tenemos que encontrar una forma de salir de esto sin enfrentarnos directamente a ella.
Luminary flotó un poco más alto y extendió los brazos.
—Bien… ¿alguna pregunta antes de que empiece oficialmente el juego?
El silencio fue absoluto. Nadie se atrevía a hablar.
La diosa dragón sonrió satisfecha.
—Perfecto. Entonces… que comience el juego.
De un solo movimiento, levantó la mano. El cristal de hielo que había estado en poder del Capitán flotó hacia ella y se quedó girando lentamente en el aire, por encima de todos.
—Les daré una ventaja justa —dijo con tono juguetón—. Tienen diez minutos para esconderse, formar alianzas o preparar sus estrategias. Después de eso… empezaré a jugar en serio.
Los hombres restantes se miraron entre sí con pánico. Algunos comenzaron a correr hacia diferentes direcciones del valle, otros se agruparon rápidamente intentando formar equipos improvisados.
Owen se acercó a Elara y le susurró:
—Tenemos que movernos. No podemos quedarnos aquí. Buscaremos una forma de salir de esto… o al menos de sobrevivir hasta que encontremos una oportunidad.
Elara asintió, con la mirada fija en el cristal que flotaba sobre ellos.
Luminary los observaba a todos desde arriba, con una sonrisa serena y peligrosa.
El valle perfecto, que antes parecía un paraíso, ahora se sentía como un enorme tablero de juego donde ellos eran las piezas.
Y la diosa acababa de mover la primera ficha.
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