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Nunca Fue un Juego - Capítulo 49

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Capítulo 49: Capítulo 49: El Comienzo del Juego

Luminary flotaba en el centro del valle, con los brazos extendidos como si estuviera dirigiendo una orquesta invisible. Su sonrisa era dulce, casi angelical, pero sus ojos azules brillaban con una excitación peligrosa. El cristal de hielo giraba lentamente sobre su palma, reflejando la luz dorada del eterno atardecer y creando pequeños arcoíris en el hielo que cubría el suelo.

—Bien… —dijo con voz clara y melodiosa que resonó en todo el territorio—. El juego comienza ahora.

En ese instante, el valle entero pareció cobrar vida. Una barrera invisible se activó en los límites lejanos, brillando con un tono celeste tenue. Todos los presentes —los hombres restantes del grupo del Capitán, Owen y Elara— sintieron el cambio en el aire. El miedo se volvió tangible.

—¡Corran! —gritó alguien.

El caos estalló. Los hombres se dispersaron en todas direcciones: algunos corrían hacia las montañas de cristal buscando escondites, otros se agrupaban rápidamente en pequeños equipos improvisados, gritando alianzas desesperadas. Nadie quería ser el primero en morir. El sonido de pasos apresurados, respiraciones agitadas y maldiciones llenó el aire perfecto del valle.

Owen tomó la mano de Elara con fuerza.

—Vamos. No nos quedemos aquí.

Corrieron hacia un sector del territorio que parecía más elevado, una zona de islotes flotantes conectados por puentes de hielo translúcido. Mientras avanzaban, Owen habló entre jadeos:

—Los demás van a buscar matar. Luminary dijo que hay dos formas de terminar el juego: que solo quede uno en pie… o que ella se aburra y mate a todos. No podemos confiar en que se aburra antes de que nos toque a nosotros.

Elara corría a su lado, pero su expresión era tensa. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas. Cuando llegaron a un pequeño claro protegido por columnas de hielo, se detuvo de golpe y se dobló, apoyando las manos en las rodillas. Su respiración era entrecortada, no solo por la carrera.

Owen se acercó y la abrazó sin decir nada. La rodeó con sus brazos, apretándola contra su pecho. Elara se quebró. Las lágrimas que había estado conteniendo cayeron con fuerza.

—Yo… yo solo quería ser una aventurera —sollozó contra su camisa—. Quería vivir una vida normal. Viajar, ayudar a la gente, leer libros, tener una casa tranquila… No quería morir en un lugar como este, jugando un juego estúpido de una diosa aburrida.

Owen la abrazó más fuerte, sintiendo cómo el cuerpo de Elara temblaba. Su propia garganta se cerró. El peso de todo lo que había pasado —la ciudad, el cristal, la aldea, y ahora esto— cayó sobre él.

—No vamos a morir aquí —le susurró al oído, con voz firme pero llena de emoción—. Vamos a ganar este juego. Vamos a salir vivos. Te lo prometo.

Elara levantó la cabeza, con los ojos enrojecidos y las mejillas mojadas.

—¿Cómo? —preguntó con la voz rota—. Somos solo dos… y ella es una diosa.

Owen le limpió una lágrima con el pulgar y la miró directamente a los ojos.

—No queda otra opción que matar a los demás si queremos sobrevivir. Pero no basta con matarlos. Tenemos que hacerlo divertido para Luminary. Si nos ve como algo aburrido, nos eliminará. Tenemos que ser… entretenidos. Estrategias, trampas, momentos dramáticos. Ella quiere un espectáculo. Vamos a dárselo.

Elara respiró hondo, todavía temblando, pero algo en las palabras de Owen pareció darle fuerza. Se secó las lágrimas y asintió.

—Tienes razón… Si vamos a jugar, jugamos para ganar. Podemos usar el terreno a nuestro favor. Escondernos en los islotes flotantes, usar el hielo como trampas, hacer que parezca una persecución emocionante. No solo matar… hacer que parezca un espectáculo digno de una diosa.

Owen sonrió con determinación, aunque por dentro sentía un nudo de culpa y miedo.

—Exacto. Vamos.

Se pusieron en marcha. Pero apenas habían avanzado unos minutos cuando el territorio mismo reaccionó. Del suelo de hielo surgieron plantas carnívoras de cristal que se movían como serpientes, con pétalos afilados como cuchillas. Detrás de ellas aparecieron monstruos de hielo: lobos hechos de escarcha viviente, golems de nieve compacta y aves de cristal que descendían en picada.

La voz de Luminary resonó en todo el valle, alegre y juguetona:

—Se me olvidó decirles… aparte de ustedes, hay otros peligros. Bueno, apáñenselas.

Owen activó Slow Perception y Void Strike al mismo tiempo. Esquivó las plantas carnívoras y cortó a una con un golpe preciso que la hizo estallar en fragmentos de hielo. Elara lanzó bolas de fuego perseguidoras que derritieron a dos lobos de escarcha en cuestión de segundos.

La pelea fue brutal y agotadora. Owen usó su velocidad mejorada para moverse entre los monstruos, cortando y golpeando sin parar. Elara combinaba su fuego con curación rápida para mantenerse en pie. Los monstruos eran resistentes; cada vez que destruían uno, dos más parecían surgir del hielo.

Cuando terminaron, ambos jadeaban. Owen se apoyó en una columna de hielo, sudando y con la respiración entrecortada.

—¿Cómo pueden ser tan resistentes…? —murmuró.

Elara, igual de exhausta, se dejó caer sentada contra una roca.

—Es verdad… casi se me sale el alma del cansancio.

Se miraron y, a pesar de todo, soltaron una risa cansada y nerviosa. El momento de humor aliviaba un poco la tensión.

Pasaron horas así. Buscando supervivientes, evitando trampas naturales y peleando contra más monstruos de hielo que aparecían de la nada. El valle, que antes parecía hermoso, ahora se sentía como un laberinto mortal.

De pronto, una explosión lejana sacudió el aire. Owen y Elara corrieron hacia el origen. Dos personas estaban peleando a muerte. Uno lanzó un hechizo de fuego masivo. El otro lo esquivó y usó la explosión como impulso para moverse a una velocidad brutal. Se colocó detrás del primero y le clavó un cuchillo en la garganta con precisión letal.

La voz de Luminary resonó en todo el territorio, divertida:

—Ese es uno menos.

Owen y Elara se apresuraron para atacar al ganador, pero el hombre aún tenía energía y corrió hacia un grupo de islotes flotantes. Lo persiguieron, pero no lograban alcanzarlo.

Desde su posición elevada, Luminary se aburrió del espectáculo lento. Con un gesto de la mano, hizo que el hombre tropezara desde lejos, como si una fuerza invisible lo hubiera empujado.

Owen aprovechó el momento. Usó toda su velocidad y lanzó una serie de ataques múltiples con Void Strike. Elara lo siguió con una habilidad en forma de lanza de fuego que atravesó el cuerpo del hombre. Cayó muerto al instante.

Owen y Elara se quedaron jadeando, mirando el cuerpo. Sentían un nudo en el estómago. Habían matado a alguien. No era un monstruo. Era una persona.

—No había de otra… —murmuró Owen, con voz pesada.

Elara asintió, aunque sus ojos estaban llenos de culpa.

Continuaron avanzando. Minutos después, la voz de Luminary volvió a resonar, ahora con un tono impaciente:

—Esto va a tardar demasiado. Voy a hacer un borde que se cerrará poco a poco. Así no podrán evitar los enfrentamientos.

Owen escuchó y suspiró.

—Es igual que los juegos de batalla real… —dijo en voz baja—. Mejor guardemos energía. Dejemos que los demás se peleen entre sí. Cuando solo queden los últimos, salimos de donde nos escondamos y terminamos todo.

Elara aceptó con un gesto cansado pero decidido.

—Está bien… hagámoslo así.

Se ocultaron en un islote flotante elevado, conservando fuerzas mientras el valle se volvía cada vez más pequeño y peligroso. El juego de Luminary acababa de volverse mucho más letal.

Y ellos, a pesar del miedo y la culpa, estaban dispuestos a sobrevivir.

El valle de Luminary se había convertido en una jaula dorada y mortal. El borde invisible que la diosa había invocado avanzaba lentamente, cerrándose como una mano que aprieta un puño. El espacio disponible se reducía cada minuto. Owen y Elara corrían de un lado a otro, colocando trampas con la desesperación de quien sabe que el tiempo se acaba.

Owen clavó una última estaca de hielo reforzado con Void Strike en el suelo, conectándola a una red de raíces de cristal que había preparado antes. Sudaba, respiraba con fuerza y su corazón latía como un tambor de guerra.

—El final ya está cerca —dijo con voz ronca, sin dejar de trabajar—. Solo quedan tres grupos de dos. Cuando el borde se cierre del todo, nos vamos a encontrar sí o sí.

Elara, que terminaba de activar una trampa de fuego oculto bajo una capa de escarcha, se detuvo un segundo. Asintió con la cabeza, pero su voz salió temblorosa.

—Tengo información para todos… solo quedan tres grupos de dos. Mucha suerte para todos. Nos vemos.

Owen la miró de reojo y soltó una risa amarga.

—Odio esto.

Elara rio también, una risa nerviosa, casi histérica, que terminó en un sollozo ahogado. Se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano y miró a Owen con ojos brillantes.

—Nunca pensé que diría esto… pero tengo miedo, Owen. Mucho miedo. No quiero morir aquí. No quiero que nos maten por diversión de una diosa aburrida.

Owen se acercó y la abrazó con fuerza, sin decir nada durante unos segundos. El abrazo fue cálido, real, lleno de todo lo que no podían expresar con palabras. Elara se aferró a él, enterrando la cara en su pecho.

—No vamos a morir —susurró Owen contra su cabello—. Vamos a ganar este maldito juego. Vamos a salir de aquí. Juntos.

Se separaron. Elara respiró hondo, secándose una lágrima que había escapado, y asintió con determinación.

—Entonces hagámoslo divertido para ella. Si quiere un espectáculo… le daremos uno que nunca olvide.

Las trampas ya estaban listas: pozos ocultos que se llenaban de hielo afilado, explosiones de fuego controladas por Elara, raíces de cristal que atrapaban y cortaban, y zonas donde Owen había dejado pequeñas cargas de Void Strike que explotarían al detectar movimiento. El borde seguía cerrándose, reduciendo el valle a un círculo cada vez más pequeño.

Finalmente, el borde alcanzó el último punto. La barrera se cerró por completo con un brillo celeste que iluminó todo el valle. Ya no había escapatoria.

Los tres equipos restantes se encontraron en el centro del claro que quedaba.

El primer grupo eran dos hombres del bando original del Capitán: uno con una espada grande y el otro con control de tierra. El segundo grupo eran dos aventureros que se habían aliado por pura supervivencia: una mujer con arcos de viento y un hombre con escudos de luz. Y el tercer grupo… eran Owen y Elara.

El caos explotó en un instante.

Los dos hombres del primer grupo cargaron directamente contra Owen y Elara, gritando de rabia y miedo. La espada grande cortó el aire con un silbido mortal. Owen activó Slow Perception y esquivó por milímetros, respondiendo con un Void Strike que abrió un corte profundo en el brazo del atacante.

Elara lanzó una bola de fuego perseguidora hacia el segundo hombre, pero él levantó una pared de tierra que la detuvo. La explosión levantó una nube de polvo y escombros.

En ese momento, el segundo grupo entró en la pelea. La mujer del arco de viento disparó una ráfaga de flechas cortantes hacia todos. Una de ellas rozó el hombro de Elara, dejando un corte sangrante. Elara gritó de dolor pero no se detuvo; invocó una lanza de fuego y la lanzó contra la arquera.

Owen vio la oportunidad. Pisó una de sus trampas a propósito, activándola. El suelo bajo los pies del hombre de la espada se abrió en un pozo de raíces de cristal. El atacante cayó gritando mientras las raíces lo cortaban y lo inmovilizaban.

—¡Ahora! —gritó Owen.

Elara entendió al instante. Lanzó una explosión de fuego controlada sobre el pozo. Las raíces se incendiaron y el hombre gritó de agonía mientras el fuego y el hielo lo consumían al mismo tiempo.

El primer grupo había perdido a uno.

Pero el segundo grupo no se quedó quieto. El hombre de los escudos de luz creó una barrera protectora y cargó contra Owen, mientras la arquera disparaba desde atrás. Owen esquivó y contraatacó con velocidad salvaje, pero una flecha le dio en la pierna. El dolor fue intenso, pero la adrenalina lo mantuvo en pie.

Elara, sangrando por el hombro, corrió hacia una de las trampas que habían preparado juntos: una zona de hielo falso que ocultaba un círculo de Void Strike. Pisó el borde deliberadamente para activarlo en el momento justo. La explosión de vacío lanzó al hombre de los escudos hacia atrás, rompiendo su barrera y dejándolo vulnerable.

Owen no dudó. Saltó con todo y le clavó la daga en el pecho con un golpe preciso. El hombre cayó de rodillas, con los ojos abiertos por la sorpresa y el dolor.

Dos grupos menos.

Solo quedaba el tercer grupo: Owen y Elara… contra la arquera que quedaba.

La mujer, desesperada, disparó una ráfaga final de flechas de viento. Owen usó Slow Perception para esquivar la mayoría, pero una le atravesó el costado. El dolor fue cegador. Cayó de rodillas, presionando la herida con la mano mientras la sangre caliente corría entre sus dedos.

Elara gritó su nombre y corrió hacia él. La arquera aprovechó y apuntó directamente a Elara.

En ese momento, Owen activó la última trampa que habían preparado juntos: un círculo amplio de raíces y fuego combinado. El suelo bajo la arquera se abrió y las raíces la atraparon mientras las llamas de Elara la consumían. La mujer gritó una sola vez antes de quedar en silencio.

El claro quedó en silencio.

Solo Owen y Elara quedaban en pie.

Owen, sangrando por el costado y la pierna, se apoyó en Elara. Ella lloraba abiertamente, con las manos temblando mientras intentaba curarlo con su poder de fuego regenerativo.

—Lo logramos… —susurró Elara entre lágrimas—. Somos los últimos.

Owen la miró, exhausto, herido, pero vivo. El abrazo que se dieron fue fuerte, lleno de alivio, culpa, miedo y una extraña alegría de haber sobrevivido juntos.

Desde lo alto, la voz de Luminary resonó con una risa clara y divertida:

—Qué espectáculo tan hermoso… Dos que empezaron juntos y terminaron juntos. Me gustó mucho.

El valle quedó en silencio. El juego había terminado.

Owen y Elara se miraron, jadeando, heridos, pero vivos.

Habían ganado.

Pero ahora… tendrían que enfrentar a la diosa que había jugado con sus vidas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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