Nunca Fue un Juego - Capítulo 50
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Capítulo 50: Capítulo 50: El Borde que se Cierra
El valle de Luminary se había convertido en una jaula dorada y mortal. El borde invisible que la diosa había invocado avanzaba lentamente, cerrándose como una mano que aprieta un puño. El espacio disponible se reducía cada minuto. Owen y Elara corrían de un lado a otro, colocando trampas con la desesperación de quien sabe que el tiempo se acaba.
Owen clavó una última estaca de hielo reforzado con Void Strike en el suelo, conectándola a una red de raíces de cristal que había preparado antes. Sudaba, respiraba con fuerza y su corazón latía como un tambor de guerra.
—El final ya está cerca —dijo con voz ronca, sin dejar de trabajar—. Solo quedan tres grupos de dos. Cuando el borde se cierre del todo, nos vamos a encontrar sí o sí.
Elara, que terminaba de activar una trampa de fuego oculto bajo una capa de escarcha, se detuvo un segundo. Asintió con la cabeza, pero su voz salió temblorosa.
—Tengo información para todos… solo quedan tres grupos de dos. Mucha suerte para todos. Nos vemos.
Owen la miró de reojo y soltó una risa amarga.
—Odio esto.
Elara rio también, una risa nerviosa, casi histérica, que terminó en un sollozo ahogado. Se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano y miró a Owen con ojos brillantes.
—Nunca pensé que diría esto… pero tengo miedo, Owen. Mucho miedo. No quiero morir aquí. No quiero que nos maten por diversión de una diosa aburrida.
Owen se acercó y la abrazó con fuerza, sin decir nada durante unos segundos. El abrazo fue cálido, real, lleno de todo lo que no podían expresar con palabras. Elara se aferró a él, enterrando la cara en su pecho.
—No vamos a morir —susurró Owen contra su cabello—. Vamos a ganar este maldito juego. Vamos a salir de aquí. Juntos.
Se separaron. Elara respiró hondo, secándose una lágrima que había escapado, y asintió con determinación.
—Entonces hagámoslo divertido para ella. Si quiere un espectáculo… le daremos uno que nunca olvide.
Las trampas ya estaban listas: pozos ocultos que se llenaban de hielo afilado, explosiones de fuego controladas por Elara, raíces de cristal que atrapaban y cortaban, y zonas donde Owen había dejado pequeñas cargas de Void Strike que explotarían al detectar movimiento. El borde seguía cerrándose, reduciendo el valle a un círculo cada vez más pequeño.
Finalmente, el borde alcanzó el último punto. La barrera se cerró por completo con un brillo celeste que iluminó todo el valle. Ya no había escapatoria.
Los tres equipos restantes se encontraron en el centro del claro que quedaba.
El primer grupo eran dos hombres del bando original del Capitán: uno con una espada grande y el otro con control de tierra. El segundo grupo eran dos aventureros que se habían aliado por pura supervivencia: una mujer con arcos de viento y un hombre con escudos de luz. Y el tercer grupo… eran Owen y Elara.
El caos explotó en un instante.
Los dos hombres del primer grupo cargaron directamente contra Owen y Elara, gritando de rabia y miedo. La espada grande cortó el aire con un silbido mortal. Owen activó Slow Perception y esquivó por milímetros, respondiendo con un Void Strike que abrió un corte profundo en el brazo del atacante.
Elara lanzó una bola de fuego perseguidora hacia el segundo hombre, pero él levantó una pared de tierra que la detuvo. La explosión levantó una nube de polvo y escombros.
En ese momento, el segundo grupo entró en la pelea. La mujer del arco de viento disparó una ráfaga de flechas cortantes hacia todos. Una de ellas rozó el hombro de Elara, dejando un corte sangrante. Elara gritó de dolor pero no se detuvo; invocó una lanza de fuego y la lanzó contra la arquera.
Owen vio la oportunidad. Pisó una de sus trampas a propósito, activándola. El suelo bajo los pies del hombre de la espada se abrió en un pozo de raíces de cristal. El atacante cayó gritando mientras las raíces lo cortaban y lo inmovilizaban.
—¡Ahora! —gritó Owen.
Elara entendió al instante. Lanzó una explosión de fuego controlada sobre el pozo. Las raíces se incendiaron y el hombre gritó de agonía mientras el fuego y el hielo lo consumían al mismo tiempo.
El primer grupo había perdido a uno.
Pero el segundo grupo no se quedó quieto. El hombre de los escudos de luz creó una barrera protectora y cargó contra Owen, mientras la arquera disparaba desde atrás. Owen esquivó y contraatacó con velocidad salvaje, pero una flecha le dio en la pierna. El dolor fue intenso, pero la adrenalina lo mantuvo en pie.
Elara, sangrando por el hombro, corrió hacia una de las trampas que habían preparado juntos: una zona de hielo falso que ocultaba un círculo de Void Strike. Pisó el borde deliberadamente para activarlo en el momento justo. La explosión de vacío lanzó al hombre de los escudos hacia atrás, rompiendo su barrera y dejándolo vulnerable.
Owen no dudó. Saltó con todo y le clavó la daga en el pecho con un golpe preciso. El hombre cayó de rodillas, con los ojos abiertos por la sorpresa y el dolor.
Dos grupos menos.
Solo quedaba el tercer grupo: Owen y Elara… contra la arquera que quedaba.
La mujer, desesperada, disparó una ráfaga final de flechas de viento. Owen usó Slow Perception para esquivar la mayoría, pero una le atravesó el costado. El dolor fue cegador. Cayó de rodillas, presionando la herida con la mano mientras la sangre caliente corría entre sus dedos.
Elara gritó su nombre y corrió hacia él. La arquera aprovechó y apuntó directamente a Elara.
En ese momento, Owen activó la última trampa que habían preparado juntos: un círculo amplio de raíces y fuego combinado. El suelo bajo la arquera se abrió y las raíces la atraparon mientras las llamas de Elara la consumían. La mujer gritó una sola vez antes de quedar en silencio.
El claro quedó en silencio.
Solo Owen y Elara quedaban en pie.
Owen, sangrando por el costado y la pierna, se apoyó en Elara. Ella lloraba abiertamente, con las manos temblando mientras intentaba curarlo con su poder de fuego regenerativo.
—Lo logramos… —susurró Elara entre lágrimas—. Somos los últimos.
Owen la miró, exhausto, herido, pero vivo. El abrazo que se dieron fue fuerte, lleno de alivio, culpa, miedo y una extraña alegría de haber sobrevivido juntos.
Desde lo alto, la voz de Luminary resonó con una risa clara y divertida:
—Qué espectáculo tan hermoso… Dos que empezaron juntos y terminaron juntos. Me gustó mucho.
El valle quedó en silencio. El juego había terminado.
Owen y Elara se miraron, jadeando, heridos, pero vivos.
Habían ganado.
Pero ahora… tendrían que enfrentar a la diosa que había jugado con sus vidas.
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