Nunca Fue un Juego - Capítulo 51
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Capítulo 51: Capítulo 51: El Precio de un Compañero
Luminary descendió lentamente desde el cielo del valle, flotando con una gracia que parecía desafiar la gravedad misma. Sus alas de cristal translúcido se plegaron con elegancia detrás de su espalda mientras sus pies descalzos tocaban el suelo de hielo pulido. El eterno atardecer dorado se reflejaba en su cabello plateado-azulado, dándole un halo casi divino. Su sonrisa era serena, casi maternal, pero sus ojos azules profundos seguían brillando con esa mezcla peligrosa de diversión y poder absoluto.
Owen y Elara, todavía arrodillados y exhaustos, levantaron la mirada hacia ella. El valle estaba en silencio absoluto. Los cuerpos de los caídos yacían congelados o destrozados a su alrededor, recordatorios mudos del “juego” que acababa de terminar.
—Felicidades —dijo Luminary con voz suave y melodiosa—. Lo prometido es deuda. Les daré el cristal… y también les cumpliré una petición. Una sola. Pueden pedirme lo que deseen, siempre que esté dentro de mis posibilidades.
Extendió la mano. El cristal de hielo eterno flotó desde el centro del valle y se posó suavemente en su palma abierta. Brillaba con una luz interna viva, como si tuviera un corazón propio.
Owen y Elara se miraron. El peso de todo lo que habían vivido —las muertes, el miedo, la culpa— cayó sobre ellos en ese momento. No sabían qué pedir. ¿Oro? ¿Poder? ¿La forma de volver a casa? Nada parecía suficiente después de haber visto morir a tanta gente por diversión.
—Necesitamos… tiempo para pensar —dijo Owen con voz ronca.
Luminary inclinó la cabeza, divertida.
—Está bien. Mientras piensan, los invito a comer. No todos los días tengo invitados que logran sobrevivir a mi juego.
La invitación era tan absurda que Owen y Elara se quedaron mudos. La misma persona que había hecho que varios grupos se mataran entre sí ahora los invitaba a comer como si nada hubiera pasado. Elara miró a Owen con una mezcla de incredulidad y agotamiento. Owen solo pudo asentir.
Luminary chasqueó los dedos. El valle se transformó en un instante. Una mesa larga de hielo cristalino apareció en un claro rodeado de flores flotantes. Platos de comida exquisita —frutas brillantes, carnes asadas con hierbas que olían a paraíso, panes recién horneados y vinos de un color imposible— se materializaron como por arte de magia. Incluso había cojines suaves para sentarse.
Se sentaron. Luminary comía con elegancia, como una reina. Owen y Elara, todavía cubiertos de sangre y polvo, comían en silencio al principio, casi sin saborear nada.
Owen, después de varios bocados, no pudo contenerse más. Miró directamente a la diosa dragón y preguntó con voz tensa:
—¿Por qué hiciste todo esto? ¿Por qué obligarnos a matarnos entre nosotros?
Luminary masticó lentamente un trozo de fruta y respondió sin expresión, como si hablara del clima:
—Porque me divertía.
Owen apretó los puños bajo la mesa. La rabia que había estado conteniendo durante todo el juego explotó.
—¿Qué eres exactamente? ¿Por qué tienes tanto poder y lo usas para jugar con vidas como si fueran juguetes?
Luminary lo miró con calma. Luego, por primera vez, su voz se volvió seria.
—Soy un Dragón Elemental. De los cuatro que existen. Yo soy la de Hielo. Está Kael, el de Fuego… Draven, el de Tierra… y Noir, el de Oscuridad. No nos gusta que nos llamen “elementales”. Solo usen nuestros nombres.
Owen parpadeó, procesando la información.
—¿Elementales? ¿Cuántos de esos hay?
—Solo nosotros cuatro —respondió Luminary—. Y cada uno tiene su propio territorio, sus propias reglas. Pero no estamos aquí para hablar de ellos.
Después de un largo silencio incómodo, Luminary dejó el tenedor y sonrió.
—¿Ya decidieron lo que van a pedirme?
Owen se adelantó antes de que Elara pudiera hablar. Su voz salió firme, aunque su corazón latía con fuerza.
—Lo que quiero… es que seas mi aliada. Mi compañera. Mi amiga.
Luminary se quedó inmóvil un segundo. Luego soltó una carcajada tan fuerte que hizo temblar el suelo del valle. Las flores flotantes se agitaron como en una tormenta. Rió durante casi un minuto entero, con lágrimas de diversión en los ojos.
—¿En serio quieres eso? —preguntó entre risas—. ¡Es muy estúpido! ¿Por qué crees que aceptaría?
Owen no se inmutó. Miró a Luminary directamente y le pidió con voz baja pero clara:
—Baja tu guardia. Baja tu poder lo más que puedas.
Luminary, desconfiada, entrecerró los ojos… pero lo hizo. Su aura celeste se redujo hasta casi desaparecer.
Owen extendió la mano. Activó Basic Glance. Esta vez el Sistema respondió de forma diferente. Una ventana oscura apareció, brillando con un poder nuevo:
[Habilidad Evolucionada: Basic Glance → True Sight (Rank S)]
Capacidad: Ver más allá de protecciones divinas y secretos ocultos.
Por primera vez, Owen vio la verdad de Luminary.
Ella tenía una grieta en su núcleo de hielo. Un secreto que nadie conocía: hacía siglos, había perdido a su único compañero verdadero en una traición de los otros Dragones Elementales. Desde entonces, se había encerrado en su perfección y en sus juegos para no sentir nunca más esa soledad. El “juego” era su forma de sentir algo vivo.
Owen se acercó y le susurró el secreto al oído, tan bajo que solo ella pudo escucharlo.
Luminary se quedó completamente inmóvil. Su sonrisa desapareció. Por primera vez, sus ojos mostraron verdadero shock.
—¿Cómo… cómo sabes eso? —preguntó con voz temblorosa.
Owen la miró con calma.
—Con esto quiero que tú y yo seamos compañeros. Con esto puedes ver que soy muy interesante. Que soy lo que te gusta de los humanos.
Luminary se quedó en silencio un largo rato. Su expresión pasó de shock a una sonrisa lenta, de extremo a extremo, casi peligrosa.
—No podríamos ser amigos o compañeros —dijo finalmente—. No está permitido. Para los Dragones Elementales… solo hay dos salidas: ser el amo o tener un amo.
Isuki Riku habló en la mente de Owen:
—Para ellos, la conexión es absoluta. O dominas o eres dominado. Por eso lo está pensando tanto.
Luminary pensó durante lo que parecieron minutos eternos. Luego, con voz suave pero decidida, aceptó:
—Está bien… acepto.
Owen parpadeó.
—¿De verdad? Eso significa que te sometes a mí. ¿Y tu reputación como dragón?
Luminary sonrió con un tono cómico y chuchero, casi infantil:
—No importa. Ahora que encontré a una persona interesante (a ti), no puedo dejarte ir. Además, es culpa tuya por pedir eso. Hubieras pedido oro, o poder, o cualquier otra cosa… pero con esto me basta.
Desde los ojos de Luminary, sin embargo, había algo más. Ella veía a través de Owen. Veía una grieta en su aura, algo roto y profundo que él mismo no había notado. Algo que la atraía de una forma que ni ella misma entendía del todo.
Elara, que había estado en silencio todo el tiempo, explotó:
—¿En serio? ¿Primero casi muero por ella y ahora somos equipo? ¿Esto es alguna broma de mal gusto?
Owen se volvió hacia Elara y la tomó de los hombros con suavidad, intentando tranquilizarla.
—Elara… escúchame. No es una broma. Luminary nos da el cristal y su apoyo. Con ella de nuestro lado, podemos sobrevivir a todo lo que viene. Podemos encontrar la forma de volver a casa. Podemos proteger a la gente que nos importa. Es la única forma de ganar de verdad.
Elara lo miró con lágrimas en los ojos, pero poco a poco su expresión se suavizó. El abrazo que le dio a Owen fue fuerte, lleno de miedo, alivio y una confianza frágil.
—Está bien… confío en ti —susurró—. Pero si esto sale mal… te voy a matar yo misma.
Luminary los observaba con una sonrisa curiosa, casi tierna.
—Qué bonito… humanos y sus emociones. Esto va a ser divertido.
Owen, Elara y Luminary se quedaron en silencio un momento, rodeados por el valle perfecto que ahora parecía menos una prisión y más un nuevo comienzo.
El cristal flotaba entre ellos, brillando con promesas y peligros.
Y por primera vez desde que todo comenzó, Owen sintió que no estaban solos.
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