Nunca Fue un Juego - Capítulo 52
- Inicio
- Nunca Fue un Juego
- Capítulo 52 - Capítulo 52: Capítulo 52: La Flor de Luna y el Nuevo Compañero
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 52: Capítulo 52: La Flor de Luna y el Nuevo Compañero
Owen, Elara y Luminary se encontraban sentados alrededor de la mesa de hielo cristalino que la diosa había creado. El valle seguía envuelto en su eterno atardecer dorado, pero ahora el ambiente era completamente distinto. Ya no había miedo mortal ni tensión de vida o muerte. Había una extraña calma, casi surrealista, después de todo lo que habían vivido.
Owen respiró hondo y decidió ser completamente honesto.
—Luminary… debo contarte todo. Esta misión que nos trajo aquí era solo de reconocimiento. Una mujer encapuchada nos pidió que confirmáramos si un cristal de hielo grande estaba en una zona específica. Nada más. No esperábamos terminar en medio de una batalla, ni mucho menos jugar un juego mortal contigo.
Luminary escuchaba con una sonrisa tranquila, apoyando la barbilla en una mano.
—Continúa —dijo suavemente.
Owen miró a Elara un segundo, buscando apoyo, y siguió:
—Además… tengo una misión personal. Estoy tratando de salvar a una chica llamada Sophia. Es una elfa de una ciudad llamada Lunareth. Está atrapada en un sueño profundo del que nadie puede despertarla. La única forma de salvarla es con una Flor de Luna, una flor azul brillante que solo crece en territorios donde el mana fluye como ríos… y según el Sistema, una de esas zonas está en tu territorio.
Luminary inclinó la cabeza, interesada.
—Así es. Las Flores de Luna crecen en mi valle. Ven, te llevaré.
Se levantó con gracia y los guio a través del paisaje de hielo y oro. Caminaron unos minutos hasta llegar a un extenso prado donde el suelo estaba cubierto de flores azules brillantes que flotaban suavemente a pocos centímetros del hielo. Cada flor emitía una luz suave y pura, como pequeñas estrellas caídas.
—Agarren las que necesiten —dijo Luminary con naturalidad—. Son mías, pero ahora también son tuyas.
Owen se arrodilló y recogió con cuidado varias flores. Las guardó en un pequeño bolso que Elara le había dado. El aroma era dulce y fresco, como una mezcla de noche y nieve limpia.
—Gracias —dijo Owen con sinceridad—. Esto puede salvar a Sophia.
Luminary asintió, pero Owen continuó:
—También necesito pedirte algo más. Si vas a venir con nosotros… ¿puedes usar algo para no ser reconocida? Causarías muchos problemas si la gente te ve como eres. Y por favor, baja tu aura lo más posible. No queremos asustar a las personas.
Luminary sonrió con una expresión casi juguetona.
—No hay problema. Ya estoy bajo tus órdenes, Owen. Puedo hacer cualquier petición que tengas.
Con un gesto elegante de la mano, su apariencia cambió. Sus alas de cristal desaparecieron, su cabello se volvió de un tono plateado más discreto, y su aura celeste se redujo hasta convertirse en algo casi humano. Ahora parecía una joven hermosa y elegante, pero nada que delatara que era una diosa dragón.
—Así está mejor —dijo ella, girando sobre sí misma para mostrarse.
Owen y Elara se miraron. Era extraño ver a la misma persona que había jugado con sus vidas ahora caminando a su lado como una compañera normal.
Salieron del territorio de Luminary. Al cruzar la barrera invisible, Owen se volvió hacia ella.
—¿Qué va a pasar con tu territorio?
Luminary chasqueó los dedos. Una barrera celeste brillante apareció alrededor de todo el valle, impidiendo el paso a cualquiera que intentara entrar sin permiso.
—Ahora está protegido —respondió con calma—. Nadie entrará sin que yo lo permita.
Owen se quedó impresionado.
—Es impresionante —murmuró.
—Gracias —dijo Luminary con una sonrisa genuina.
Mientras caminaban de regreso hacia Cristalys, Elara no pudo contenerse más. Miró a Owen con preocupación.
—Owen… cuéntame más sobre esa misión de salvar a Sophia. ¿Quién es ella? ¿Qué le pasó?
Owen respiró hondo y les contó todo: la ciudad élfica de Lunareth, los farsantes impostores, la batalla contra ellos, cómo Sophia lo había dormido cuando entró en Modo Automático Matanza, y cómo ella quedó atrapada en un sueño profundo del que nadie podía despertarla. Les habló de la aldea, del anciano, de Asuna y de cómo el cristal que acababan de recuperar había pertenecido originalmente a esa aldea.
Elara escuchaba con los ojos muy abiertos, una mezcla de confusión y preocupación profunda en su rostro.
—Entonces… casi mueres por culpa de ese poder tuyo, y ahora estamos llevando un cristal robado y una dragón elemental para salvar a una elfa que ni siquiera conozco… Esto es una locura.
Luminary, que caminaba a su lado, se interesó especialmente en la parte del Modo Automático. En su cabeza pensó:
«Conque un modo automático… interesante. Ese chico tiene algo roto dentro de él. Algo que lo hace peligroso… y fascinante.»
Owen notó la mirada de Luminary y sonrió con cansancio.
—Sé que suena loco. Pero Sophia me salvó la vida. No puedo abandonarla.
Elara suspiró, pero terminó asintiendo.
—Está bien. Si tú confías en esto… yo también lo haré. Solo… tengamos cuidado. Ya hemos visto lo que pasa cuando los poderes se descontrolan.
Luminary caminaba con elegancia, observando todo con curiosidad. De vez en cuando hacía preguntas inocentes sobre el mundo de los humanos y los jugadores, como si realmente estuviera interesada en entenderlos.
Owen sentía una mezcla extraña de emociones: alivio por tener el cristal y la ayuda de Luminary, preocupación por Sophia, culpa por las muertes que habían causado, y una extraña calidez al ver que Elara, a pesar de todo, seguía a su lado.
El pequeño grupo de tres —un jugador con un sistema poderoso, una aventurera que solo quería una vida tranquila, y una diosa dragón que acababa de someterse a él— avanzaba hacia Cristalys.
El camino de regreso estaba lleno de incertidumbre, pero por primera vez en mucho tiempo, Owen sentía que no todo le salía mal.
Y eso, de alguna forma, hacía que todo pareciera un poco menos imposible.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com