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Nunca Fue un Juego - Capítulo 58

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Capítulo 58: Capítulo 58: Sombras Lejanas y el Precio del Poder

En las profundidades de un salón subterráneo tallado en obsidiana negra, donde las antorchas de fuego eterno proyectaban sombras danzantes sobre paredes cubiertas de runas antiguas, cinco figuras se reunían alrededor de una mesa larga de mármol oscuro. El aire era pesado, cargado de un olor a incienso y metal caliente. No estaban todos los reyes demonios —solo una parte de ellos—, pero la reunión era lo suficientemente importante como para que el silencio inicial fuera casi reverente.

Uno de los presentes, un hombre de cabello negro y ojos rojos como brasas, se recostó en su silla con una elegancia peligrosa. Su aura negra se desbordaba ligeramente, haciendo que las copas de vino temblaran en la mesa. Era Azazel, uno de los más antiguos y temidos.

—Luminary ha dejado su territorio —dijo con voz grave y calmada, mientras cortaba un trozo de carne asada con movimientos precisos—. Es raro. Muy raro. Esa dragona nunca sale de su valle de hielo y oro a menos que algo la obligue.

Uno de los reyes presentes, una mujer de piel pálida y cabello blanco como la nieve, tomó un sorbo de vino oscuro y frunció el ceño.

—¿Crees que ya se está moviendo buscando venganza sobre los otros dragones del caos?

La palabra “venganza” flotó en el aire como un veneno. Otro rey demonio, un hombre de mediana edad con ojos amarillos brillantes y una cicatriz que cruzaba su mejilla, dejó el tenedor con un sonido metálico.

—¿Venganza? —repitió, con una risa corta pero nerviosa—. ¿Después de tantos siglos? Pensé que esa dragona se había encerrado para siempre en su perfección.

sonrió lentamente, mostrando dientes afilados.

—Ella tenía un “amigo” humano hace mucho tiempo. Uno que consideraba especial. Los otros dragones… Kael, Draven y Noir… se encargaron de él. Luminary nunca lo perdonó. Tal vez ahora, después de tanto tiempo, ha decidido que es momento de cobrar esa deuda.

una mujer de cabello oscuro y mirada penetrante, cortó un pedazo de fruta con precisión quirúrgica y habló con voz profunda y resonante:

—Solo podemos saberlo con su siguiente movimiento. Luminary es impredecible cuando se trata de sus emociones. Si realmente está buscando venganza, podría desequilibrar todo el orden que hemos mantenido durante siglos.

Uno de los reyes más jóvenes, un hombre de rasgos finos y ojos verdes intensos, se inclinó hacia adelante.

—¿No podrías preguntarle al dragón del caos que vive contigo sobre Luminary? Tal vez te diga algo interesante. —la mujer de cabello negro y mirada penetrante— soltó una risa baja.

—Mi “invitado” no habla mucho de los otros elementales. Pero sí… podría intentarlo. Aunque dudo que me diga la verdad completa.

La conversación continuó mientras comían elegantemente: cortes precisos, sorbos lentos de vino, gestos refinados que contrastaban con el poder abrumador que emanaba de cada uno. Hablaron de barreras, de humanos que despertaban poderes extraños, de posibles alianzas y traiciones. El ambiente era tenso pero controlado, como una partida de ajedrez donde cada movimiento podía cambiar el destino del mundo.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en la tranquila ciudad élfica de Lunareth, la vida transcurría con una calma que casi parecía irreal después de todo lo vivido.

Owen estaba en el jardín trasero de la casa de Erika, ayudando a Sophia en su entrenamiento. El sol de la tarde bañaba el claro de una luz dorada suave. Sophia estaba de pie frente a un monstruo de escarcha de nivel medio que habían capturado para practicar. Su cuerpo se envolvió en un aura dorada brillante, hermosa y poderosa.

—Voy a intentarlo de nuevo —dijo Sophia con determinación, aunque su voz temblaba ligeramente por el esfuerzo anterior.

Owen estaba a su lado, observándola con preocupación y apoyo.

Días antes cuando estaban en la biblioteca antigua de los elfos descubrieron algo.

—Recuerda lo que descubriste en los textos antiguos —le dijo con voz calmada—. Los elfos tienen tres fuentes de mana. Usa una, cámbiala por la que está regenerándose. No lo fuerces todo de una vez.

Sophia asintió. Cerró los ojos y canalizó su poder. El aura dorada se intensificó. Esta vez, en lugar de intentar sellar todo el monstruo de golpe, usó la técnica antigua: gastó solo una de sus fuentes de mana, sellando parcialmente a la bestia. El monstruo rugió, pero la luz dorada lo envolvió y lo contuvo en un círculo perfecto. Sophia jadeó, pero se mantuvo en pie.

—¡Lo logré! —exclamó, con los ojos brillantes de emoción y alivio.

Owen sonrió ampliamente y la abrazó con cuidado.

—Estás mejorando. Poco a poco. No te fuerces.

Sophia se apoyó en él un momento, respirando con dificultad pero feliz.

—Gracias, Owen. Sin ti… no sé si habría podido seguir intentándolo.

Erika observaba desde el borde del jardín, con lágrimas de orgullo en los ojos. Se acercó y abrazó a su hija con fuerza.

—Mi niña… estoy tan orgullosa de ti. Pero por favor, no te exijas demasiado. Ese poder es peligroso.

El grupo entero se reunió alrededor. Henry le dio una palmada en la espalda a Sophia, Ava la curó con su toque suave, Jacob creó una pequeña barrera protectora para que descansara. Elara se acercó y le apretó la mano.

—Estás progresando muy rápido. Es increíble verte así.

Luminary observaba desde un banco cercano, con una sonrisa sutil. En su mente, la fascinación crecía:

«Esta chica… su poder de sellado es más peligroso de lo que parece. Y Owen la protege con tanta determinación. Todo lo que rodea a este humano es fascinante.»

Más tarde, mientras descansaban en el jardín, Luminary de pronto frunció el ceño. Su expresión cambió por un segundo, como si hubiera sentido algo lejano.

—Oh… de pronto tengo un presentimiento raro —murmuró, tomando un sorbo de té—. Bueno, no importa.

Owen la miró con curiosidad.

—¿Qué pasa?

Luminary negó con la cabeza, con una sonrisa tranquila.

—Nada importante. Sigamos disfrutando del descanso.

El grupo continuó entrenando y descansando durante varios días más. Sophia practicaba el control de sus tres fuentes de mana, alternándolas para no agotarse. Owen y Elara mejoraban su coordinación, creando combinaciones de habilidades que les hacían reír cuando salían bien. Luminary, poco a poco, se integraba más al grupo, haciendo preguntas inocentes que provocaban momentos cómicos y abrazos grupales torpes pero llenos de cariño.

Una noche, sentados alrededor de una fogata en el jardín, Owen miró a todos y sintió una emoción profunda.

—Gracias a todos —dijo con voz cargada de sentimiento—. Por estar aquí. Por no rendirse. Por ser mi familia.

Elara le apretó el hombro.

—todos somos un equipo.

Sophia levantó su taza.

—Por los nuevos comienzos.

Todos brindaron. La noche se llenó de risas, historias y momentos de silencio cómodo. Y asi el grupo seguía disfrutando de su merecido descanso. Owen ayudaba a Sophia a controlar su poder, Elara entrenaba con Luminary, y el ambiente estaba lleno de risas y momentos de calidez.

Pero algo grande estaba apunto de comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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