Nunca Fue un Juego - Capítulo 61
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Capítulo 61: Capítulo 61: El Coliseo de Aetherion
El grupo cruzó las enormes puertas del Coliseo de Aetherion bajo un cielo que ya comenzaba a teñirse de tonos anaranjados. La estructura era colosal, una obra de ingeniería y magia que parecía desafiar las leyes del mundo mismo. Columnas blancas y doradas se alzaban como gigantes, sosteniendo gradas que se perdían en la altura. El rugido de miles de espectadores llenaba el aire, un mar de voces, risas, apuestas y expectación que vibraba en el pecho de Owen como un tambor de guerra.
Owen caminaba al frente, con Elara a su izquierda y Luminary (Charlotte) a su derecha. Hinata y Thomas los seguían de cerca. Los cinco habían decidido unirse para la primera ronda, pero el ambiente era tan abrumador que incluso Luminary, con su poder suprimido, miraba todo con una mezcla de curiosidad y respeto.
De pronto, un grito colectivo estalló desde las gradas. Miles de voces se elevaron al mismo tiempo, un rugido ensordecedor de emoción y asombro. Owen levantó la vista. En el centro del enorme espacio abierto, flotando sobre una plataforma circular que brillaba con runas plateadas y parecía un OVNI antiguo, una figura vestida con túnicas elegantes y un bastón dorado levitaba con gracia.
Era el presentador.
La plataforma descendió lentamente hasta quedar suspendida sobre el centro del campo de batalla, un área inmensa de piedra reforzada con magia, tan grande que podría albergar varias aldeas enteras. El presentador levantó los brazos y su voz, amplificada por magia, resonó en cada rincón del coliseo como un trueno controlado.
—¡Bienvenidos, valientes y curiosos, al Coliseo de Aetherion! ¡El mayor espectáculo de poder y estrategia del continente!
La multitud explotó en aplausos y gritos. Owen sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Elara le apretó el brazo con fuerza, sus ojos brillando con una mezcla de nervios y determinación. Luminary observaba todo con una sonrisa sutil, casi divertida. Hinata y Thomas parecían igual de impresionados.
El presentador, un hombre de cabello plateado largo y presencia carismática, hizo una reverencia teatral.
—Mi nombre es Arion el Heraldo, y hoy seré su voz en este gran teatro de la fuerza y la voluntad. ¡Miren a su alrededor! Este coliseo no es solo un lugar de combate… es un símbolo. Un lugar donde los débiles se convierten en leyendas y los fuertes demuestran por qué merecen ser recordados.
Arion levantó el bastón y el campo de batalla se iluminó con un brillo dorado.
—Las reglas son claras y justas, porque aquí no buscamos muerte… buscamos gloria. La primera ronda será por equipos de tres. Cada equipo se enfrentará a otro equipo de tres. El campo de batalla es inmenso y está construido con material de las profundidades del continente, reforzado por magia ancestral. Es extremadamente resistente. Los espectadores no tienen nada que temer: las barreras protectoras son impenetrables. ¡Pueden usar todo su poder, toda su fuerza, todas sus habilidades al máximo! ¡No hay restricciones mientras respeten las reglas!
La multitud rugió de nuevo. Arion continuó con voz potente:
—Para ganar un enfrentamiento hay tres formas:
Rendición: El equipo contrario se rinde voluntariamente.
Fuera del ring: Sacar a los tres miembros del equipo contrario del área delimitada.
Incapacitación total: Dejar a los tres oponentes incapaces de continuar sin causarles la muerte. Matar está estrictamente prohibido y será castigado con la expulsión inmediata y posible sanción.
¡Tienen veinte minutos para formar sus equipos de tres e inscribirse en los puestos de registro! Después de eso… ¡comenzarán las eliminatorias!
Arion hizo un gesto teatral y la plataforma flotante descendió un poco más. De un espacio oculto en el centro del coliseo, una jaula de cristal flotó hacia arriba. Dentro de ella, una figura etérea brillaba con una luz blanca pura y cegadora. Era el Espíritu Antiguo. Su forma era casi humana, pero translúcida, con alas de luz y un aura que transmitía una sabiduría y poder ancestral. Al verlo, la multitud contuvo el aliento. Muchos se pusieron de pie, gritando de asombro y codicia.
El Espíritu miró hacia la multitud con una expresión serena pero triste. Por un momento, sus ojos parecieron fijarse en Owen y su grupo. La luz blanca que lo envolvía era tan pura que parecía una deidad descendida.
Arion levantó la mano y la jaula volvió a descender y desaparecer.
—¡Ese es el premio por el que todos han venido! ¡El Espíritu Antiguo! Quien gane las pruebas finales podrá reclamarlo. Ahora… ¡tienen veinte minutos! ¡Formen sus equipos y regístrense!
La multitud estalló en un caos organizado. La gente corría hacia los puestos de registro, formando grupos rápidamente, gritando nombres y estrategias.
Owen, Elara, Luminary, Hinata y Thomas se reunieron en un rincón más tranquilo.
—Tenemos que formar un equipo de tres —dijo Owen, con la voz cargada de determinación y un poco de nervios—. Hinata, Thomas… ¿quieren unirse a nosotros?
Hinata sonrió con confianza.
—Claro. Ya hemos luchado juntos antes. Confío en ustedes.
Thomas asintió, con una expresión seria pero emocionada.
—Estoy dentro. Mi hielo puede ser útil.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Yo iré con Owen. Siempre.
Elara miró al grupo con emoción y un poco de miedo.
—Entonces… Owen, Luminary y yo como equipo principal. Hinata y Thomas pueden formar otro equipo o unirse a otros si quieren, pero prefiero que estemos juntos.
Hinata y Thomas aceptaron formar un equipo con dos aventureros locales fuertes que habían conocido en el camino, pero prometieron apoyarse mutuamente.
Los cinco se inscribieron rápidamente. Mientras esperaban el inicio, Owen sintió una oleada de emociones: nervios por el combate, determinación por rescatar al espíritu, gratitud por tener a su lado a personas en las que confiaba, y una ligera ansiedad por lo que vendría.
Elara le apretó la mano.
—Vamos a rescatar a ese espíritu. Juntos.
Luminary miró hacia el centro del coliseo, donde la jaula había desaparecido.
—Ese espíritu… su luz era pura. No merece estar prisionero.
Hinata y Thomas asintieron, con rostros serios.
El tiempo de los veinte minutos pasó rápido. El coliseo se llenó de energía. Arion el Heraldo volvió a levitar en su plataforma.
—¡Los equipos están formados! ¡Que comience la primera ronda!
El coliseo rugió. El primer enfrentamiento estaba a punto de empezar.
Owen, Elara y Luminary se prepararon. El corazón de Owen latía con fuerza. No era solo una pelea. Era una oportunidad para salvar a un ser antiguo… y para demostrar que, juntos, podían enfrentar lo que viniera.
El juego del Coliseo había comenzado.
Y ellos estaban listos para jugar.
El Coliseo de Aetherion rugía como una bestia viva. Miles de espectadores llenaban las gradas en un mar de colores, banderas y rostros expectantes. El aire vibraba con gritos, apuestas susurradas y el olor a sudor, comida callejera y magia. Owen, Elara, Luminary (Charlotte), Hinata y Thomas estaban de pie en una de las zonas de espera para competidores, mirando hacia el enorme campo de batalla que se extendía debajo de ellos como un valle artificial de piedra reforzada.
La primera ronda ya había comenzado.
Arion el Heraldo flotaba en su plataforma circular, con los brazos abiertos y la voz amplificada resonando en cada rincón.
—¡Primera batalla de la ronda! ¡Equipo Rojo contra Equipo Azul! ¡Tres contra tres! ¡Que comience el espectáculo!
El campo de batalla era inmenso, un círculo perfecto de piedra antigua reforzada con runas que brillaban débilmente. A pesar de su tamaño, una barrera invisible protegía a los espectadores, pero los competidores sentían la presión del espacio abierto.
El Equipo Rojo —tres aventureros corpulentos con armaduras pesadas y armas grandes— cargó con gritos de guerra. El Equipo Azul —dos espadachines ágiles y una maga con bastón— se movió con coordinación precisa. La batalla explotó en un caos de acero y magia.
Owen observaba con los puños apretados. Elara estaba a su lado, mordiéndose el labio. Luminary miraba con una sonrisa sutil, analizando cada movimiento. Hinata y Thomas comentaban en voz baja.
El Equipo Rojo usaba fuerza bruta: golpes de maza que hacían temblar el suelo, escudos que bloqueaban hechizos y hachas que cortaban el aire. El Equipo Azul respondía con velocidad y precisión: los espadachines esquivaban y contraatacaban con cortes rápidos, mientras la maga lanzaba ráfagas de viento que desequilibraban a los oponentes.
Un guerrero del Rojo lanzó un golpe de maza que casi aplasta a uno de los espadachines azules. El hombre rodó en el último segundo y respondió con un tajo que abrió una brecha en la armadura roja. La sangre salpicó. La multitud rugió.
La pelea era brutal y hermosa a la vez. Los competidores no se contenían. Usaban todo su poder: explosiones de mana, golpes que levantaban polvo, hechizos que iluminaban el campo. El Equipo Rojo intentaba acorralar al Azul contra el borde del ring, pero el Azul era más ágil y usaba el espacio a su favor.
Después de varios minutos de intercambio feroz, el Equipo Azul logró lo imposible. Uno de los espadachines se deslizó detrás de un guerrero rojo, lo desequilibró y, con ayuda de la maga que lanzó una ráfaga de viento, lo empujó fuera del ring. El hombre cayó gritando, eliminado. Los otros dos rojos intentaron contraatacar, pero el Azul ya había ganado momentum. En un movimiento coordinado, empujaron al segundo fuera del ring y, finalmente, al tercero.
El árbitro levantó el brazo.
—¡Equipo Azul gana por expulsión del ring!
La multitud estalló en aplausos y abucheos. Owen soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Fue una buena pelea —murmuró—. Usaron el espacio del campo a su favor. Aunque era grande, el borde fue decisivo.
Elara asintió, con los ojos brillantes.
—Fue importante. Nos muestra que la estrategia importa tanto como la fuerza bruta.
Luminary sonrió ligeramente.
—Interesante. Humanos y su forma de convertir el espacio en arma.
Arion el Heraldo volvió a levitar, anunciando la siguiente pelea con voz teatral.
—¡Siguiente combate! ¡Equipo Plata contra Equipo Negro!
Un gran tablero flotante encima del campo mostró los rostros de los competidores. Uno de ellos llamó la atención de Owen inmediatamente. Era un hombre joven, de unos 22 años, con cuerpo atlético, cabello rubio corto y ojos de un azul intenso. Tenía una presencia que destacaba incluso en la imagen: algo raro, como una calma peligrosa.
El presentador comenzó a nombrarlos uno por uno, con voz dramática.
—Del Equipo Plata… ¡Lirian Voss!
La multitud murmuró. Lirian Voss bajó al campo con paso seguro, sin armas visibles, solo una sonrisa confiada. Su aura era contenida, pero Owen sintió que era mucho más fuerte de lo que parecía.
La batalla comenzó floja. El Equipo Negro —tres guerreros con armaduras oscuras y armas pesadas— atacó con fuerza. Lirian y sus dos compañeros se movieron con lentitud al principio. La multitud empezó a abuchear.
—¡Vamos, muévanse! ¡Esto no es un paseo!
Uno del Equipo Negro lanzó una ola de flechas mágicas. Lirian las esquivó como si nada, moviéndose con una gracia casi sobrenatural. Se acercó al arquero en un parpadeo y lo inmovilizó con un golpe preciso en el hombro, sin matarlo, solo dejándolo fuera de combate.
De pronto, los otros dos del Negro atacaron a Lirian por ambos lados. Él giró su cuerpo en un movimiento fluido y atacó a los dos con un solo golpe de palma, enviándolos volando hacia atrás.
Sus compañeros querían ayudar, pero Lirian levantó una mano, indicándoles que se quedaran atrás. Lo hacía todo solo.
Los dos restantes del Negro subieron su aura al máximo y se lanzaron con todo. Uno desde el frente a gran velocidad, el otro desde atrás lanzando hechizos de fuego y viento.
Lirian parecía ver la trayectoria de todos los ataques. Esquivó el ataque cuerpo a cuerpo con un paso mínimo, al mismo tiempo que evitaba los hechizos con movimientos precisos, casi danzantes. La multitud, que antes abucheaba, ahora estaba sentada en silencio, expectante, conteniendo la respiración.
Lirian contraatacó. Con un movimiento rápido, golpeó al guerrero de frente en el pecho, enviándolo fuera del ring. Luego, sin perder ritmo, giró y lanzó un puño cargado de mana al hechicero, que voló hacia el borde y cayó eliminado.
La pelea terminó en menos de dos minutos.
Arion levantó los brazos.
—¡Equipo Plata gana! ¡Lirian Voss… un nombre que recordaremos!
La multitud estalló en aplausos. Owen, Elara y Luminary se miraron. La superioridad del rubio era evidente. No solo era fuerte; era preciso, eficiente y controlado. Parecía que jugaba con sus oponentes.
Riku habló en la mente de Owen con tono burlón pero serio:
—Ese chico… es bueno. Muy bueno. Ten cuidado cuando te toque a ti.
Owen apretó los puños. El Coliseo acababa de mostrarles que no todos los competidores eran iguales. Algunos eran monstruos.
El presentador continuó anunciando más peleas, pero la imagen de Lirian Voss quedó grabada en la mente de todos.
Mientras esperaban su turno, Owen sintió una mezcla de emociones: nervios por la pelea que se avecinaba, determinación por rescatar al espíritu, y una extraña excitación por enfrentarse a rivales tan fuertes.
Elara le apretó el brazo.
—Vamos a estar bien. Juntos.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Esto va a ser divertido.
El Coliseo rugía. La primera ronda continuaba.
Y el verdadero desafío apenas comenzaba.
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