Nunca Fue un Juego - Capítulo 62
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Capítulo 62: Capítulo 62: El Primer Choque y el Rubio del Coliseo
El Coliseo de Aetherion rugía como una bestia viva. Miles de espectadores llenaban las gradas en un mar de colores, banderas y rostros expectantes. El aire vibraba con gritos, apuestas susurradas y el olor a sudor, comida callejera y magia. Owen, Elara, Luminary (Charlotte), Hinata y Thomas estaban de pie en una de las zonas de espera para competidores, mirando hacia el enorme campo de batalla que se extendía debajo de ellos como un valle artificial de piedra reforzada.
La primera ronda ya había comenzado.
Arion el Heraldo flotaba en su plataforma circular, con los brazos abiertos y la voz amplificada resonando en cada rincón.
—¡Primera batalla de la ronda! ¡Equipo Rojo contra Equipo Azul! ¡Tres contra tres! ¡Que comience el espectáculo!
El campo de batalla era inmenso, un círculo perfecto de piedra antigua reforzada con runas que brillaban débilmente. A pesar de su tamaño, una barrera invisible protegía a los espectadores, pero los competidores sentían la presión del espacio abierto.
El Equipo Rojo —tres aventureros corpulentos con armaduras pesadas y armas grandes— cargó con gritos de guerra. El Equipo Azul —dos espadachines ágiles y una maga con bastón— se movió con coordinación precisa. La batalla explotó en un caos de acero y magia.
Owen observaba con los puños apretados. Elara estaba a su lado, mordiéndose el labio. Luminary miraba con una sonrisa sutil, analizando cada movimiento. Hinata y Thomas comentaban en voz baja.
El Equipo Rojo usaba fuerza bruta: golpes de maza que hacían temblar el suelo, escudos que bloqueaban hechizos y hachas que cortaban el aire. El Equipo Azul respondía con velocidad y precisión: los espadachines esquivaban y contraatacaban con cortes rápidos, mientras la maga lanzaba ráfagas de viento que desequilibraban a los oponentes.
Un guerrero del Rojo lanzó un golpe de maza que casi aplasta a uno de los espadachines azules. El hombre rodó en el último segundo y respondió con un tajo que abrió una brecha en la armadura roja. La sangre salpicó. La multitud rugió.
La pelea era brutal y hermosa a la vez. Los competidores no se contenían. Usaban todo su poder: explosiones de mana, golpes que levantaban polvo, hechizos que iluminaban el campo. El Equipo Rojo intentaba acorralar al Azul contra el borde del ring, pero el Azul era más ágil y usaba el espacio a su favor.
Después de varios minutos de intercambio feroz, el Equipo Azul logró lo imposible. Uno de los espadachines se deslizó detrás de un guerrero rojo, lo desequilibró y, con ayuda de la maga que lanzó una ráfaga de viento, lo empujó fuera del ring. El hombre cayó gritando, eliminado. Los otros dos rojos intentaron contraatacar, pero el Azul ya había ganado momentum. En un movimiento coordinado, empujaron al segundo fuera del ring y, finalmente, al tercero.
El árbitro levantó el brazo.
—¡Equipo Azul gana por expulsión del ring!
La multitud estalló en aplausos y abucheos. Owen soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Fue una buena pelea —murmuró—. Usaron el espacio del campo a su favor. Aunque era grande, el borde fue decisivo.
Elara asintió, con los ojos brillantes.
—Fue importante. Nos muestra que la estrategia importa tanto como la fuerza bruta.
Luminary sonrió ligeramente.
—Interesante. Humanos y su forma de convertir el espacio en arma.
Arion el Heraldo volvió a levitar, anunciando la siguiente pelea con voz teatral.
—¡Siguiente combate! ¡Equipo Plata contra Equipo Negro!
Un gran tablero flotante encima del campo mostró los rostros de los competidores. Uno de ellos llamó la atención de Owen inmediatamente. Era un hombre joven, de unos 22 años, con cuerpo atlético, cabello rubio corto y ojos de un azul intenso. Tenía una presencia que destacaba incluso en la imagen: algo raro, como una calma peligrosa.
El presentador comenzó a nombrarlos uno por uno, con voz dramática.
—Del Equipo Plata… ¡Lirian Voss!
La multitud murmuró. Lirian Voss bajó al campo con paso seguro, sin armas visibles, solo una sonrisa confiada. Su aura era contenida, pero Owen sintió que era mucho más fuerte de lo que parecía.
La batalla comenzó floja. El Equipo Negro —tres guerreros con armaduras oscuras y armas pesadas— atacó con fuerza. Lirian y sus dos compañeros se movieron con lentitud al principio. La multitud empezó a abuchear.
—¡Vamos, muévanse! ¡Esto no es un paseo!
Uno del Equipo Negro lanzó una ola de flechas mágicas. Lirian las esquivó como si nada, moviéndose con una gracia casi sobrenatural. Se acercó al arquero en un parpadeo y lo inmovilizó con un golpe preciso en el hombro, sin matarlo, solo dejándolo fuera de combate.
De pronto, los otros dos del Negro atacaron a Lirian por ambos lados. Él giró su cuerpo en un movimiento fluido y atacó a los dos con un solo golpe de palma, enviándolos volando hacia atrás.
Sus compañeros querían ayudar, pero Lirian levantó una mano, indicándoles que se quedaran atrás. Lo hacía todo solo.
Los dos restantes del Negro subieron su aura al máximo y se lanzaron con todo. Uno desde el frente a gran velocidad, el otro desde atrás lanzando hechizos de fuego y viento.
Lirian parecía ver la trayectoria de todos los ataques. Esquivó el ataque cuerpo a cuerpo con un paso mínimo, al mismo tiempo que evitaba los hechizos con movimientos precisos, casi danzantes. La multitud, que antes abucheaba, ahora estaba sentada en silencio, expectante, conteniendo la respiración.
Lirian contraatacó. Con un movimiento rápido, golpeó al guerrero de frente en el pecho, enviándolo fuera del ring. Luego, sin perder ritmo, giró y lanzó un puño cargado de mana al hechicero, que voló hacia el borde y cayó eliminado.
La pelea terminó en menos de dos minutos.
Arion levantó los brazos.
—¡Equipo Plata gana! ¡Lirian Voss… un nombre que recordaremos!
La multitud estalló en aplausos. Owen, Elara y Luminary se miraron. La superioridad del rubio era evidente. No solo era fuerte; era preciso, eficiente y controlado. Parecía que jugaba con sus oponentes.
Riku habló en la mente de Owen con tono burlón pero serio:
—Ese chico… es bueno. Muy bueno. Ten cuidado cuando te toque a ti.
Owen apretó los puños. El Coliseo acababa de mostrarles que no todos los competidores eran iguales. Algunos eran monstruos.
El presentador continuó anunciando más peleas, pero la imagen de Lirian Voss quedó grabada en la mente de todos.
Mientras esperaban su turno, Owen sintió una mezcla de emociones: nervios por la pelea que se avecinaba, determinación por rescatar al espíritu, y una extraña excitación por enfrentarse a rivales tan fuertes.
Elara le apretó el brazo.
—Vamos a estar bien. Juntos.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Esto va a ser divertido.
El Coliseo rugía. La primera ronda continuaba.
Y el verdadero desafío apenas comenzaba.
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