Nunca Fue un Juego - Capítulo 64
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Capítulo 64: Capítulo 64: El Choque de los Gigantes y la Danza de las Enredaderas
El Coliseo de Aetherion vibraba con una energía eléctrica que se sentía en el pecho de cada espectador. Las gradas estaban repletas, un mar de colores, banderas ondeantes y rostros iluminados por la expectación. El aire olía a sudor, metal caliente, incienso de las antorchas mágicas y el leve aroma dulzón de los puestos de comida que vendían en los pasillos. La barrera protectora dorada que rodeaba el enorme campo de batalla brillaba con más intensidad, recordando a todos que, aunque la violencia era real, los espectadores estaban a salvo.
Arion el Heraldo flotaba en su plataforma circular, con los brazos abiertos y la voz amplificada resonando como un trueno controlado.
—¡Siguiente combate de la primera ronda! ¡Equipo Colmillo contra Equipo Espina!
El tablero flotante gigante encima del campo mostró los rostros de los seis competidores. La multitud rugió con anticipación.
—Del Equipo Colmillo —continuó Arion con dramatismo—: ¡Grimgor el Destructor, ogro de las montañas del norte! ¡Thrag el Rompehuesos, su hermano de sangre! ¡Y Lirael la Guardiana Verde, una dríada de los bosques profundos!
Los tres subieron al ring. Grimgor y Thrag eran enormes, casi tres metros de altura, con piel gruesa como corteza, músculos que parecían rocas vivas y hachas gigantes que brillaban con runas. Lirael, en contraste, era esbelta y elegante, con piel verde pálida, cabello hecho de hojas y flores vivas, y ojos esmeralda que brillaban con vida.
—Del Equipo Espina —anunció Arion—: ¡Vorn el Acero Viviente, humano guerrero de las tierras fronterizas! ¡Durnir el Forjador de Runas, enano mago de las profundidades! ¡Y Sira la Cazadora de Viento, bestia-kin arquera de las estepas!
Los tres oponentes subieron también. Vorn era un humano corpulento con armadura pesada y una espada ancha. Durnir, el enano, llevaba un martillo y un libro de runas flotante. Sira, la bestia-kin, tenía orejas de lobo, cola y un arco largo que brillaba con mana de viento.
La multitud aplaudió con fuerza. Owen, Elara, Luminary, Hinata y Thomas observaban desde la zona de espera. Owen sentía la tensión en el aire. Elara apretaba su brazo, nerviosa. Luminary sonreía con curiosidad. Hinata y Thomas comentaban en voz baja.
Arion levantó el bastón.
—¡Que comience el duelo!
Los dos equipos se separaron en el enorme campo. Grimgor y Thrag rugieron y cargaron directamente, sus pasos haciendo temblar el suelo. Lirael se quedó atrás, con las manos en el suelo.
Vorn del Equipo Espina levantó su espada y corrió a interceptarlos. Durnir comenzó a cantar runas que brillaban en el aire, reforzando a sus compañeros. Sira saltó a un lado y disparó flechas de viento.
La pelea explotó en un caos sofisticado y brutal.
Grimgor levantó su hacha y la bajó con fuerza. Vorn bloqueó con su espada, pero el impacto lo hizo retroceder varios metros, dejando surcos en el suelo. Thrag atacó desde el flanco, pero Sira disparó una ráfaga de flechas de viento que lo obligaron a cubrirse con el brazo. Las flechas cortaron su piel gruesa, pero no lo detuvieron.
Lirael, desde atrás, clavó las manos en el suelo.
—Raíces del Bosque Eterno —susurró.
Del suelo surgieron enredaderas gruesas y vivas, cubiertas de espinas brillantes. Se enredaron en las piernas de Vorn, inmovilizándolo. Lirael aprovechó y corrió hacia él, lanzando un puño cargado de mana verde. El golpe impactó en el estómago de Vorn, que escupió sangre y se dobló.
Pero el Equipo Espina no se quedó atrás. Durnir lanzó una runa de explosión que hizo detonar el suelo bajo Lirael. Ella saltó, pero una flecha de Sira la rozó en el hombro, dejando un corte sangrante.
Grimgor rugió y golpeó el suelo con su hacha, creando una onda de choque que desequilibró a Durnir. Thrag cargó contra Sira, pero la bestia-kin era rápida y lo esquivó, disparando flechas que se clavaron en su espalda.
La pelea era un baile letal de fuerza bruta y magia precisa. Cada movimiento tenía un costo de mana visible: los ogros sudaban y respiraban con fuerza, sus auras rojas brillando con cada golpe. Lirael jadeaba, sus enredaderas consumían mana rápidamente. Vorn sangraba por la boca pero seguía luchando, su espada brillando con mana de acero. Durnir cantaba runas sin parar, pero su rostro mostraba agotamiento. Sira disparaba flechas sin cesar, pero su arco temblaba por el gasto de mana.
La multitud rugía con cada choque. Owen y su grupo observaban con tensión. Elara apretaba la mano de Owen.
—Es sofisticado… cada uno sabe exactamente cuánto mana le queda —susurró.
Luminary asintió.
—Están midiendo. No es solo fuerza. Es inteligencia.
La pelea continuó. Lirael creó una jaula de enredaderas alrededor de Vorn, pero Durnir la destruyó con una runa explosiva. Grimgor y Thrag atacaron juntos, pero Sira y Durnir los mantuvieron a raya con una combinación de viento y runas.
De pronto, Lirael gritó y clavó ambas manos en el suelo. Una explosión de enredaderas surgió debajo de Durnir, envolviéndolo y clavando espinas en su armadura. El enano gritó de dolor.
Vorn, libre, cargó contra Lirael. Ella bloqueó con un brazo, pero el golpe la hizo retroceder.
La pelea estaba equilibrada, pero el mana comenzaba a escasear. Los ogros respiraban con dificultad. Lirael tenía cortes en los brazos. Vorn sangraba por la boca. Durnir cojeaba. Sira tenía el arco temblando.
La multitud estaba de pie, gritando.
Pero el combate aún no terminaba.
Arion el Heraldo levantó los brazos.
—¡El duelo sigue! ¡Ningún equipo ha caído todavía!
Owen sintió la tensión en el aire. La pelea era sofisticada, cada movimiento calculado, cada ataque con un costo de mana visible. Los competidores sabían exactamente cuánto podían gastar y cuándo tenían que conservar.
Elara susurró:
—Esto es más que fuerza… es estrategia. Están midiendo cada gota de mana.
Luminary sonrió.
—Y aun así… el verdadero espectáculo apenas comienza.
El campo de batalla temblaba con cada choque. La primera ronda continuaba, y el Coliseo rugía pidiendo más.
La pelea entre Equipo Colmillo y Equipo Espina aún no había terminado.
Y Owen y su grupo sabían que su turno se acercaba.
El Coliseo de Aetherion parecía respirar con vida propia. El rugido de la multitud era ensordecedor, un muro de voces que vibraba en el pecho de cada persona presente. El campo de batalla, vasto y reforzado con runas ancestrales, estaba marcado por cráteres, surcos de tierra removida y manchas de sangre que brillaban bajo la luz mágica. La barrera protectora dorada que rodeaba el ring brillaba con más intensidad, como si el propio Coliseo estuviera conteniendo la respiración ante lo que estaba por suceder.
Owen, Elara, Luminary, Hinata y Thomas observaban desde la zona de espera, con los nervios a flor de piel. La pelea entre Equipo Colmillo y Equipo Espina había entrado en su fase final, y el cansancio era evidente en ambos lados. Los ogros Grimgor y Thrag respiraban con dificultad, sus auras rojas parpadeando como llamas a punto de apagarse. Lirael, la dríada, tenía cortes profundos en los brazos y su aura verde se debilitaba con cada enredadera que invocaba. Del lado contrario, Vorn sangraba por la boca, Durnir cojeaba visiblemente y Sira tenía el arco temblando por el gasto excesivo de mana.
La multitud abucheaba y animaba al mismo tiempo, dividida entre los dos equipos.
De pronto, Lirael gritó con voz desesperada:
—¡Transfiéranme todo su poder! ¡Ahora!
Grimgor y Thrag no dudaron. Con un rugido final, canalizaron toda su mana restante hacia ella. Dos rayos de energía roja y verde envolvieron a Lirael. Los dos ogros cayeron inconscientes al suelo, sus cuerpos enormes golpeando la piedra con un sonido sordo. Lirael, ahora rebosante de poder, levantó los brazos. Su aura se volvió un torbellino dorado-verde-rojo, tan brillante que iluminó todo el campo de batalla.
La multitud contuvo el aliento.
Lirael lanzó un ataque destructivo sin igual. Una ola de enredaderas reforzadas con mana de los ogros surgió del suelo como una tormenta viviente. Las raíces envolvieron a Vorn y Durnir, clavando espinas que drenaban su mana y su fuerza. Los dos magos gritaron de dolor mientras intentaban contraatacar, pero Lirael era un huracán. Con un gesto, lanzó una explosión de energía combinada que los lanzó hacia el borde del ring.
Vorn cayó fuera del área, eliminado. Durnir intentó resistir, pero una última enredadera lo arrastró y lo sacó también.
Solo quedaba Sira, la bestia-kin arquera.
Lirael, jadeando pero con los ojos llenos de determinación, se lanzó hacia ella. Sira disparó una ráfaga final de flechas de viento, pero Lirael las cortó con un brazo envuelto en mana. Estaba a punto de eliminarla cuando Sira, con una sonrisa agotada pero feroz, reveló su habilidad oculta.
—Guardé esto para ocasiones especiales —susurró.
Sira reflejó el ataque de Lirael con un poder duplicado. La ola de enredaderas y energía regresó hacia la dríada con el doble de fuerza. Lirael intentó bloquear, pero el impacto fue brutal. Salió volando hacia atrás, golpeando una pared del ring con un estruendo que hizo temblar el suelo. La pared se agrietó y Lirael cayó fuera del área, inconsciente.
El árbitro levantó el brazo.
—¡Equipo Espina gana por expulsión del ring!
La multitud estalló en aplausos y gritos. Owen, Elara y los demás estaban expectantes, con el corazón latiendo con fuerza. La pelea había sido intensa, sofisticada y llena de emoción. Cada movimiento, cada transferencia de mana, cada sacrificio había sido visible. La superioridad de Sira en el momento final había sido impresionante.
Elara apretó el brazo de Owen.
—Fue… brutal. Pero hermoso a la vez. Vieron cómo se sacrificaron por ella.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Interesante. El sacrificio de mana y el reflejo… humanos y su forma de convertir la debilidad en victoria.
Hinata y Thomas asintieron, impresionados.
Pero en ese momento, Owen escuchó un susurro en su cabeza. Al principio pensó que era Riku, pero la voz era diferente, etérea, casi desesperada.
—Ayuda…
Se repitió dos veces.
Luego todo se volvió negro.
Owen se encontró de pie en un espacio vacío, un vacío blanco y brillante. Frente a él flotaba el Espíritu Antiguo, la misma figura etérea que habían visto en la jaula del Coliseo. Su luz blanca era pura, casi cegadora, pero sus ojos mostraban una tristeza profunda.
—¿Dónde estoy? —preguntó Owen, con la voz temblando.
El Espíritu habló con una voz que resonaba dentro de su mente, suave pero urgente.
—No hay tiempo para explicar. Solo puedo decirte esto: ten cuidado. En este Coliseo aún no ha aparecido la persona más peligrosa. Protege a tus compañeros. Cueste lo que cueste.
Antes de que Owen pudiera preguntar más, la visión se desvaneció.
Volvió a la realidad. Estaba de nuevo en la zona de espera, mirando la pelea que acababa de terminar. El corazón le latía con fuerza. La voz del Espíritu aún resonaba en su cabeza.
Elara lo miró preocupada.
—¿Owen? ¿Estás bien? Te quedaste pálido.
Owen tragó saliva y asintió, pero sus ojos recorrieron el Coliseo con nueva cautela. Miró a los competidores, a los espectadores, a cada sombra. No confiaba en nadie. El Espíritu le había advertido. La persona más peligrosa aún no había aparecido.
El presentador Arion volvió a levitar.
—¡Siguiente pelea! ¡Equipo Solitario contra Equipo Triple! ¡Un 3 contra 1!
La multitud murmuró con sorpresa. Un hombre solo subió al ring. Era alto, de cabello negro corto, ojos oscuros y una presencia que hacía que el aire se sintiera más pesado. Su aura roja oscura comenzó a desbordarse lentamente, envolviendo el campo de batalla.
Algunos espectadores cayeron de rodillas por la presión.
El hombre rio con una voz grave y confiada.
—Comencemos esta pelea. De verdad quiero ese premio.
Owen sintió un escalofrío. La siguiente pelea estaba a punto de empezar, y algo le decía que este hombre era solo el comienzo de algo mucho más grande.
El Coliseo rugía. El verdadero peligro apenas estaba empezando a revelarse.
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