Nunca Fue un Juego - Capítulo 65
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Capítulo 65: Capítulo 65: El Sacrificio, el Reflejo y la Voz en la Oscuridad
El Coliseo de Aetherion parecía respirar con vida propia. El rugido de la multitud era ensordecedor, un muro de voces que vibraba en el pecho de cada persona presente. El campo de batalla, vasto y reforzado con runas ancestrales, estaba marcado por cráteres, surcos de tierra removida y manchas de sangre que brillaban bajo la luz mágica. La barrera protectora dorada que rodeaba el ring brillaba con más intensidad, como si el propio Coliseo estuviera conteniendo la respiración ante lo que estaba por suceder.
Owen, Elara, Luminary, Hinata y Thomas observaban desde la zona de espera, con los nervios a flor de piel. La pelea entre Equipo Colmillo y Equipo Espina había entrado en su fase final, y el cansancio era evidente en ambos lados. Los ogros Grimgor y Thrag respiraban con dificultad, sus auras rojas parpadeando como llamas a punto de apagarse. Lirael, la dríada, tenía cortes profundos en los brazos y su aura verde se debilitaba con cada enredadera que invocaba. Del lado contrario, Vorn sangraba por la boca, Durnir cojeaba visiblemente y Sira tenía el arco temblando por el gasto excesivo de mana.
La multitud abucheaba y animaba al mismo tiempo, dividida entre los dos equipos.
De pronto, Lirael gritó con voz desesperada:
—¡Transfiéranme todo su poder! ¡Ahora!
Grimgor y Thrag no dudaron. Con un rugido final, canalizaron toda su mana restante hacia ella. Dos rayos de energía roja y verde envolvieron a Lirael. Los dos ogros cayeron inconscientes al suelo, sus cuerpos enormes golpeando la piedra con un sonido sordo. Lirael, ahora rebosante de poder, levantó los brazos. Su aura se volvió un torbellino dorado-verde-rojo, tan brillante que iluminó todo el campo de batalla.
La multitud contuvo el aliento.
Lirael lanzó un ataque destructivo sin igual. Una ola de enredaderas reforzadas con mana de los ogros surgió del suelo como una tormenta viviente. Las raíces envolvieron a Vorn y Durnir, clavando espinas que drenaban su mana y su fuerza. Los dos magos gritaron de dolor mientras intentaban contraatacar, pero Lirael era un huracán. Con un gesto, lanzó una explosión de energía combinada que los lanzó hacia el borde del ring.
Vorn cayó fuera del área, eliminado. Durnir intentó resistir, pero una última enredadera lo arrastró y lo sacó también.
Solo quedaba Sira, la bestia-kin arquera.
Lirael, jadeando pero con los ojos llenos de determinación, se lanzó hacia ella. Sira disparó una ráfaga final de flechas de viento, pero Lirael las cortó con un brazo envuelto en mana. Estaba a punto de eliminarla cuando Sira, con una sonrisa agotada pero feroz, reveló su habilidad oculta.
—Guardé esto para ocasiones especiales —susurró.
Sira reflejó el ataque de Lirael con un poder duplicado. La ola de enredaderas y energía regresó hacia la dríada con el doble de fuerza. Lirael intentó bloquear, pero el impacto fue brutal. Salió volando hacia atrás, golpeando una pared del ring con un estruendo que hizo temblar el suelo. La pared se agrietó y Lirael cayó fuera del área, inconsciente.
El árbitro levantó el brazo.
—¡Equipo Espina gana por expulsión del ring!
La multitud estalló en aplausos y gritos. Owen, Elara y los demás estaban expectantes, con el corazón latiendo con fuerza. La pelea había sido intensa, sofisticada y llena de emoción. Cada movimiento, cada transferencia de mana, cada sacrificio había sido visible. La superioridad de Sira en el momento final había sido impresionante.
Elara apretó el brazo de Owen.
—Fue… brutal. Pero hermoso a la vez. Vieron cómo se sacrificaron por ella.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Interesante. El sacrificio de mana y el reflejo… humanos y su forma de convertir la debilidad en victoria.
Hinata y Thomas asintieron, impresionados.
Pero en ese momento, Owen escuchó un susurro en su cabeza. Al principio pensó que era Riku, pero la voz era diferente, etérea, casi desesperada.
—Ayuda…
Se repitió dos veces.
Luego todo se volvió negro.
Owen se encontró de pie en un espacio vacío, un vacío blanco y brillante. Frente a él flotaba el Espíritu Antiguo, la misma figura etérea que habían visto en la jaula del Coliseo. Su luz blanca era pura, casi cegadora, pero sus ojos mostraban una tristeza profunda.
—¿Dónde estoy? —preguntó Owen, con la voz temblando.
El Espíritu habló con una voz que resonaba dentro de su mente, suave pero urgente.
—No hay tiempo para explicar. Solo puedo decirte esto: ten cuidado. En este Coliseo aún no ha aparecido la persona más peligrosa. Protege a tus compañeros. Cueste lo que cueste.
Antes de que Owen pudiera preguntar más, la visión se desvaneció.
Volvió a la realidad. Estaba de nuevo en la zona de espera, mirando la pelea que acababa de terminar. El corazón le latía con fuerza. La voz del Espíritu aún resonaba en su cabeza.
Elara lo miró preocupada.
—¿Owen? ¿Estás bien? Te quedaste pálido.
Owen tragó saliva y asintió, pero sus ojos recorrieron el Coliseo con nueva cautela. Miró a los competidores, a los espectadores, a cada sombra. No confiaba en nadie. El Espíritu le había advertido. La persona más peligrosa aún no había aparecido.
El presentador Arion volvió a levitar.
—¡Siguiente pelea! ¡Equipo Solitario contra Equipo Triple! ¡Un 3 contra 1!
La multitud murmuró con sorpresa. Un hombre solo subió al ring. Era alto, de cabello negro corto, ojos oscuros y una presencia que hacía que el aire se sintiera más pesado. Su aura roja oscura comenzó a desbordarse lentamente, envolviendo el campo de batalla.
Algunos espectadores cayeron de rodillas por la presión.
El hombre rio con una voz grave y confiada.
—Comencemos esta pelea. De verdad quiero ese premio.
Owen sintió un escalofrío. La siguiente pelea estaba a punto de empezar, y algo le decía que este hombre era solo el comienzo de algo mucho más grande.
El Coliseo rugía. El verdadero peligro apenas estaba empezando a revelarse.
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