Nunca Fue un Juego - Capítulo 66
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Capítulo 66: Capítulo 66: El Dominio Absoluto
El Coliseo de Aetherion estaba en completo silencio. El rugido anterior de la multitud se había convertido en un murmullo contenido, como si todos los espectadores contuvieran la respiración al mismo tiempo. El campo de batalla, vasto y marcado por las huellas de las peleas anteriores, parecía más pequeño bajo la presencia del nuevo competidor. La barrera protectora dorada brillaba con más intensidad, como si el propio Coliseo estuviera preparándose para algo fuera de lo común.
Arion el Heraldo flotaba en su plataforma circular, con la voz amplificada resonando en cada rincón, pero incluso él parecía más serio de lo habitual.
—Siguiente combate de la primera ronda… ¡Equipo Triple contra el Competidor Solitario!
El tablero flotante mostró los rostros. Del lado del Equipo Triple: tres guerreros de diferentes razas —un orco corpulento con un hacha enorme, un humano ágil con espadas duales y un elfo mago con bastón de viento—. Del lado del Competidor Solitario: un hombre alto, de cabello negro corto, ojos oscuros y una presencia que hacía que el aire se sintiera más pesado.
Arion levantó el bastón con dramatismo.
—Del Equipo Triple: ¡Gorrak el Destructor! ¡Sylas el Danzante de Espadas! ¡Y Lirien el Susurro del Viento!
La multitud aplaudió con fuerza, pero el entusiasmo era menor que en peleas anteriores. Todos miraban al hombre solitario.
—Y del lado solitario… ¡un competidor que ha pedido pelear solo! ¡Su nombre es Kael Thorn!
Un murmullo recorrió las gradas. Kael Thorn subió al ring con paso lento y seguro. No llevaba armas visibles. Su cuerpo atlético estaba cubierto por una túnica negra simple, pero su aura roja oscura comenzaba a desbordarse lentamente, como humo espeso que se extendía por el campo de batalla. Algunos espectadores de las primeras filas cayeron de rodillas por la presión, jadeando.
Owen, Elara, Luminary, Hinata y Thomas observaban desde la zona de espera. Owen sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La superioridad que emanaba de Kael Thorn era palpable, casi asfixiante.
Elara susurró:
—Esto no se siente como una pelea normal…
Luminary sonrió con esa calma peligrosa, pero sus ojos celestes estaban entrecerrados.
—Interesante… Su aura es cruda, pero controlada. No es solo fuerza. Es dominación.
Arion levantó los brazos.
—¡Que comience el duelo!
El Equipo Triple no esperó. Gorrak el orco rugió y cargó con su hacha levantada, el suelo temblando bajo sus pasos. Sylas el humano se movió como un relámpago, flanqueando por la derecha con sus espadas duales. Lirien el elfo se quedó atrás, cantando un hechizo de viento que levantó una ráfaga para desequilibrar a Kael.
Kael Thorn caminaba lentamente hacia el centro del ring, como si estuviera dando un paseo. Su aura roja oscura se expandía con cada paso, haciendo que el aire se volviera más pesado.
Gorrak llegó primero. Levantó su hacha con un grito y la bajó con toda su fuerza. El impacto habría partido el suelo en dos… si Kael no hubiera levantado una mano con calma. La hacha se detuvo en el aire, como si hubiera chocado contra una pared invisible. Gorrak gruñó, intentando presionar, pero Kael simplemente apretó la mano. La hacha se rompió en pedazos con un sonido metálico agudo.
La multitud contuvo el aliento.
Sylas atacó desde el flanco, sus espadas girando en un torbellino de acero. Kael ni siquiera miró. Simplemente giró su cuerpo con una gracia casi perezosa y lanzó un golpe de palma. El impacto fue brutal. Sylas voló varios metros hacia atrás, golpeando el suelo y rodando con fuerza. Una de sus espadas se rompió en el proceso.
Lirien terminó su hechizo y lanzó una ráfaga de viento cortante. Kael levantó la otra mano. El viento se detuvo frente a él, girando inofensivamente como si estuviera atrapado en un remolino invisible. Con un gesto, Kael lo devolvió hacia Lirien. El elfo intentó bloquear, pero la ráfaga lo levantó del suelo y lo lanzó contra la barrera protectora.
La pelea estaba durando menos de treinta segundos, y el Equipo Triple ya estaba en problemas.
La multitud, que antes animaba con fuerza, ahora estaba en silencio absoluto, expectante. La superioridad de Kael Thorn era abrumadora. No era solo fuerza bruta. Era control absoluto. Cada movimiento suyo parecía calculado para humillar y dominar.
Gorrak, enfurecido, cargó de nuevo. Esta vez usó toda su mana, su cuerpo brillando con un aura roja intensa. Levantó los puños y golpeó el suelo, creando una onda de choque que se extendió hacia Kael.
Kael simplemente dio un paso al lado. La onda pasó a su lado sin tocarlo. Luego, con una velocidad que nadie esperaba, apareció frente a Gorrak. Agarró al orco por la cara con una sola mano y lo levantó del suelo como si no pesara nada. Gorrak pataleaba y golpeaba el brazo de Kael, pero era inútil. Kael lo lanzó con fuerza hacia el borde del ring. El orco se sostuvo en el último segundo, clavando los dedos en el suelo para no caer fuera.
Pero ya estaba herido, sangrando por la nariz y la boca.
Sylas se recuperó y atacó por detrás, sus espadas girando. Kael ni siquiera se giró. Simplemente extendió su aura. Sylas se detuvo en seco, como si una mano invisible lo hubiera sujetado. Kael giró lentamente y miró al humano.
—Demasiado lento.
Con un movimiento fluido, agarró a Sylas del brazo y, usando un arte marcial preciso, le rompió el hueso con un sonido seco. Sylas gritó de dolor. Kael lo lanzó fuera del ring sin esfuerzo.
Solo quedaba Lirien.
El elfo, aterrorizado, subió su aura al máximo. Lanzó una tormenta de viento y rayos que llenaron el campo de batalla. La multitud gritó. Kael caminaba lentamente hacia él, esquivando los ataques como si fueran lluvia. Un rayo le pasó rozando el hombro, pero ni siquiera se inmutó. El viento cortante le rozó la ropa, pero no dejó ni un rasguño.
Lirien, desesperado, lanzó todo lo que tenía. Una esfera de viento y rayos se formó entre sus manos y la lanzó con un grito.
Kael levantó una mano. La esfera se detuvo frente a él. Luego, con un gesto, la devolvió hacia Lirien con el doble de fuerza. El elfo intentó bloquear, pero el impacto fue devastador. Salió volando y cayó fuera del ring, inconsciente.
El árbitro levantó el brazo.
—¡Competidor Solitario Kael Thorn gana por incapacitación total!
La multitud estalló en un rugido ensordecedor. Algunos aplaudían, otros gritaban de asombro, otros simplemente miraban en silencio, impresionados por la superioridad absoluta que acababan de presenciar.
Owen sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La pelea había sido corta, brutal y humillante para el Equipo Triple. Kael Thorn no solo era fuerte. Era superior en todos los sentidos: velocidad, control, mana, estrategia. Había jugado con sus oponentes como si fueran niños.
Elara susurró, con la voz temblorosa:
—Ese hombre… es un monstruo.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa, pero sus ojos brillaban con interés.
—Interesante. Su aura es cruda, pero controlada. No es solo poder. Es dominación absoluta.
Hinata y Thomas estaban en silencio, impresionados.
Owen apretó los puños. Su turno se acercaba. Y después de ver a Kael Thorn, sabía que el Coliseo acababa de mostrarles que no todos los competidores eran iguales.
Algunos eran depredadores.
Y el verdadero peligro apenas estaba empezando a revelarse.
Kael Thorn bajó del campo de batalla con paso tranquilo y seguro, como si acabara de dar un paseo por el parque en lugar de haber destruido a tres oponentes en menos de un minuto. Su aura roja oscura se había reducido hasta casi desaparecer, pero aún quedaba un rastro de presión en el aire que hacía que algunos espectadores se removieran incómodos en sus asientos. Antes de cruzar la salida del ring, se detuvo un segundo. Su mirada oscura se desvió hacia las gradas y, por un instante brevísimo, se posó directamente en Luminary.
Fue solo un segundo. Sus ojos se encontraron con los de la dragón elemental. No hubo palabras, ni gestos, solo una mirada cargada de algo indefinible: curiosidad, reconocimiento, quizás un desafío silencioso. Luego, Kael Thorn giró la cabeza hacia la salida y continuó caminando sin decir nada, desapareciendo entre las sombras de los pasillos del Coliseo.
La multitud aún murmuraba, impresionada por la superioridad absoluta que acababa de presenciar. Owen sintió un nudo en el estómago. Ese hombre no era solo fuerte. Era como si hubiera estado jugando con sus oponentes, midiendo exactamente cuánto poder necesitaba para humillarlos sin matarlos.
Elara susurró a su lado, con la voz tensa:
—Ese Kael Thorn… da miedo. No parece humano.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa que la caracterizaba, pero sus ojos celestes estaban entrecerrados.
—Interesante. Su aura es cruda, pero controlada. No es solo poder. Es dominación. Me pregunto cuánto tiempo podrá mantener esa máscara.
Hinata y Thomas permanecían en silencio, claramente impresionados. Thomas murmuró:
—Nunca había visto a alguien dominar un combate 3 vs 1 de esa forma. Ni siquiera en mis mejores días.
Antes de que pudieran seguir comentando, Arion el Heraldo volvió a levitar en su plataforma circular, con los brazos abiertos y la voz amplificada resonando en todo el Coliseo.
—¡Siguiente combate de la primera ronda! ¡Equipo Tormenta contra Equipo Hielo!
El tablero flotante mostró los rostros de los seis competidores. Del lado del Equipo Tormenta: un chico de cabello azul eléctrico, una chica de cabello negro largo y un chico de cabello marrón oscuro. Cada uno desprendía una presencia fuerte y peligrosa. Del lado del Equipo Hielo: Hinata, Thomas y un aventurero robusto que habían reclutado poco antes, un guerrero llamado Garrick con escudo y martillo.
La multitud rugió con anticipación. Hinata, Thomas y Garrick subieron al ring con paso firme. Hinata tenía una expresión concentrada, Thomas parecía calmado pero listo, y Garrick golpeaba su martillo contra el escudo para calentar los músculos.
Arion levantó el bastón con dramatismo.
—Del Equipo Tormenta: ¡Zephyr el Huracán, maestro del viento azul! ¡Nyx la Sombra Nocturna, hechicera de oscuridad! ¡Y Thorne el Rompe Tierra, guerrero de fuerza bruta!
La multitud aplaudió con fuerza.
—Del Equipo Hielo: ¡Hinata la Espada Veloz! ¡Thomas el Señor del Hielo! ¡Y Garrick el Muro Viviente!
El rugido fue ensordecedor.
Arion bajó el bastón.
—¡Que comience el duelo!
El combate arrancó de forma drástica y caótica.
Thomas fue el primero en actuar. Levantó ambas manos al cielo con un grito. Del suelo, bajo los pies de los tres oponentes, surgió hielo en punta afilada, como lanzas mortales que intentaban atravesarlos desde abajo. El ataque fue tan repentino y poderoso que casi termina la pelea en el primer segundo. Zephyr el de cabello azul saltó hacia atrás, pero una de las puntas le rasgó la pierna. Nyx la de cabello negro creó una sombra protectora que detuvo las lanzas, pero el esfuerzo la hizo retroceder. Thorne el de cabello marrón, más directo, golpeó el suelo con su puño envuelto en mana terrestre y destrozó el hielo que surgía bajo sus pies, pero el impacto lo dejó momentáneamente desequilibrado.
La multitud gritó de emoción.
Hinata no esperó. Se movió como un relámpago, su espada brillando con mana plateado. Se lanzó contra Nyx, que era la más vulnerable después de bloquear el hielo. Su espada cortó el aire en un arco perfecto. Nyx creó una barrera de sombras, pero Hinata la rompió con un segundo golpe cargado de velocidad. La espada rozó el hombro de Nyx, dejando un corte profundo.
Thomas, sin bajar las manos, continuó presionando con hielo. Creó una tormenta de copos afilados que giraban alrededor del Equipo Tormenta, cortando y congelando todo lo que tocaban. Zephyr respondió lanzando una ráfaga de viento azul que dispersó parte del hielo, pero el esfuerzo lo dejó jadeando.
Garrick, el muro viviente, se colocó delante de Thomas y Hinata, usando su escudo para bloquear un ataque de Thorne. El impacto fue brutal: el puño de Thorne golpeó el escudo con tanta fuerza que Garrick retrocedió varios metros, dejando surcos en el suelo. Pero Garrick resistió y contraatacó con su martillo, creando una onda de choque que obligó a Thorne a saltar hacia atrás.
El combate era un caos controlado. Cada ataque era calculado, cada defensa costaba mana visible. Thomas sentía cómo su reserva de mana bajaba rápidamente con cada ola de hielo. Hinata se movía con velocidad, pero cada corte precisaba de concentración. Garrick aguantaba los golpes más fuertes, pero su escudo comenzaba a agrietarse.
Del lado contrario, Zephyr lanzaba ráfagas de viento que cortaban como cuchillas, Nyx creaba sombras que intentaban atrapar a los oponentes, y Thorne golpeaba con fuerza bruta, rompiendo el suelo y creando ondas sísmicas.
La multitud estaba de pie, gritando. El choque de elementos —hielo contra viento, sombras contra velocidad, fuerza bruta contra escudo— creaba un espectáculo visual impresionante. Explosiones de mana iluminaban el ring, el suelo se agrietaba, el aire se llenaba de copos de hielo y hojas cortadas por el viento.
Owen observaba con los puños apretados, sintiendo la tensión en cada músculo. Elara a su lado respiraba con dificultad, como si estuviera peleando ella misma. Luminary sonreía, pero sus ojos seguían cada movimiento con precisión.
—Están midiendo su mana —murmuró Luminary—. Es sofisticado. Saben exactamente cuánto pueden gastar antes de colapsar.
La pelea se volvió más caótica. Thomas creó un muro de hielo para proteger a Garrick, pero Nyx lo atravesó con sombras que intentaron envolverlo. Hinata cortó las sombras con su espada, pero Zephyr la atacó por el flanco con una ráfaga de viento que la hizo retroceder. Garrick golpeó el suelo con su martillo, creando una onda que desequilibró a Thorne, pero el guerrero de tierra respondió con un puño que hizo temblar todo el ring.
El mana de todos estaba bajando visiblemente. Thomas jadeaba, Hinata tenía un corte en el brazo, Garrick sudaba profusamente. Del otro lado, Zephyr tenía la respiración agitada, Nyx sangraba por la nariz por el esfuerzo de las sombras, y Thorne tenía moretones visibles en los brazos.
La multitud rugía, pidiendo más.
Pero la pelea aún no había terminado.
Arion el Heraldo levantó los brazos, con voz emocionada:
—¡El duelo sigue! ¡Ningún equipo ha caído todavía! ¡La tensión es máxima!
Owen sintió el corazón latiéndole con fuerza. La pelea era caótica, brutal y hermosa a la vez. Cada ataque tenía un costo, cada defensa era un riesgo. La superioridad no estaba clara todavía, pero se sentía que el equilibrio podía romperse en cualquier segundo.
Elara susurró, con la voz temblorosa por la emoción:
—Esto es una guerra de mana y voluntad. Cualquiera puede caer en cualquier momento.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Exacto. Y eso es lo que hace que sea tan entretenido.
La batalla continuaba, con los dos equipos dando todo lo que tenían. El Coliseo rugía, pidiendo sangre, estrategia y un final digno.
Y la pelea entre Equipo Tormenta y Equipo Hielo aún no había terminado.
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