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Obsesión y pecado - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 Propiedad privada
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14: Propiedad privada 14: Propiedad privada Alessio caminó hacia el bar de caoba y sirvió dos copas de un licor ambarino, pero no se las ofreció.

Bebió un sorbo mientras mantenía su mirada fija en Val, como un coleccionista que contempla una pieza que le ha costado una fortuna adquirir.

​—He puesto a mis mejores hombres en las calles —dijo Alessio con una calma que daba miedo—.

Tu padre no llegará a la siguiente esquina sin que yo lo sepa.

Y si se atreve a respirar el mismo aire que tú, me encargaré personalmente de que su regreso a la libertad sea el error más breve de su miserable vida.

Nadie toca lo que es mío, Val.

Nadie.

​Val sintió un alivio momentáneo por la seguridad, pero una alarma interna se encendió.

Ella estaba acostumbrada al caos, a saltar de una cama a otra, a usar a los hombres como ellos la usaban a ella.

La idea de la “exclusividad” le resultaba ajena, casi aburrida.

Para ella, el sexo era una transacción o una distracción rápida, nunca un compromiso.

Pero Alessio no buscaba una transacción; buscaba un alma.

​—Ahora —continuó él, dejando la copa sobre la mesa—, el contrato ha empezado.

Quítate la ropa.

Quiero verte sin el.

​Val, acostumbrada a desnudarse frente a extraños, comenzó a hacerlo con una confianza mecánica.

Se despojó de su vestido, dejando que cayera al suelo de mármol.

Se quedó en lencería fina, esperando el siguiente movimiento, pero Alessio no se abalanzó sobre ella como lo habría hecho Marcos o cualquier otro cliente.

​—Baila para mí —ordenó él, sentándose en un sillón de terciopelo negro—.

No como en un club.

Baila como si fueras consciente de que cada centímetro de tu piel me pertenece ahora.

​Val empezó a moverse.

La música ambiental parecía seguir el ritmo de sus caderas.

Ella intentaba mantener su máscara de seductora profesional, pero la mirada de Alessio era distinta; no buscaba placer inmediato, buscaba dominio.

​Cuando terminó, Alessio se levantó y se acercó a ella.

Su cercanía emanaba un perfume a tabaco caro y cuero.

Con una delicadeza que contrastaba con su aura violenta, se situó detrás de ella.

Val sintió sus dedos largos y fuertes rozar su nuca.

Empezó a trenzale el cabello con una destreza sorprendente, moviendo los mechones con una calma ritual.

​—Tienes un cuerpo diseñado para el pecado, Val —susurró él al oído, terminando la trenza—.

Pero está lleno de marcas de manos que no merecían tocarte.

Eso se acaba hoy.

​De repente, la delicadeza desapareció.

Alessio enredó su mano en la trenza recién hecha y tiró de ella hacia atrás con fuerza, obligando a Val a arquear la espalda y mirar hacia el techo.

El dolor punzante le sacó un jadeo de sorpresa, y por primera vez en mucho tiempo, Val sintió un miedo que la excitaba y la aterraba por igual.

​Él se inclinó, su rostro a milímetros del de ella, y le preguntó con una voz que vibraba con una oscuridad peligrosa: ​—Dime, pequeña…

¿cómo te gusta que te hagan?

¿Te gusta el dolor, prefieres que te rompa hasta que no recuerdes ni tu propio nombre?

​Val intentó responder, pero el agarre en su cabello se intensificó.

Alessio no quería una respuesta educada; quería la verdad que ella escondía tras sus muros de cinismo.

En ese momento, Val comprendió que los próximos tres días no serían una simple estancia en un hotel.

Sería un descenso a los infiernos guiada por un hombre que no aceptaría nada menos que su rendición total.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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