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Obsesión y pecado - Capítulo 30

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30: La amenaza de Marcos 30: La amenaza de Marcos Vittorio Volkov no era un hombre de impulsos.

Como buen político, sabía que el silencio era a veces más letal que un grito.

Al observar la reverencia de Soraya hacia Valeriana, una chispa de desprecio cruzó sus ojos grises.

Había entendido el juego: Alessio había usado su billetera para sellar los labios de la regenta del club.

Vittorio se limitó a dar un sorbo a su whisky, manteniendo una sonrisa gélida mientras conversaba con un senador.

Prefería sentarse a esperar; sabía que los secretos, por más que se entierren con dinero, siempre terminan por pudrir la tierra y salir a la superficie.

​—Disfruta de tu victoria, hijo mío —pensó Vittorio mientras los observaba desde el otro lado del salón—, pero el pasado siempre tiene hambre.

​Mientras tanto, en las cocinas de la mansión, el caos del servicio de gala era el escondite perfecto.

Marcos, con el rostro afeitado y un uniforme de mozo que le quedaba ligeramente grande, se movía entre el personal con la cabeza baja.

Había logrado infiltrarse gracias a un contacto de los bajos fondos que le debía un favor.

Su corazón martilleaba contra sus costillas mientras sostenía una bandeja de plata con copas de champán de cristal tallado.

​Se acercó al grupo donde Alessio y Val hablaban con un empresario textil.

Con manos sorprendentemente firmes, Marcos extendió la bandeja.

​—¿Champán, señorita?

—dijo con una voz impostada, más grave de lo normal.

​Val tomó la copa sin mirar al mozo, distraída por la intensa conversación.

Sin embargo, al rozar los dedos de Marcos, sintió una descarga de frío.

Sus ojos se cruzaron por una fracción de segundo, pero Marcos bajó la mirada de inmediato y se retiró hacia la cocina antes de que Alessio, que tenía un instinto animal para el peligro, pudiera notar algo extraño en aquel hombre.

​A medida que avanzaba la noche, el aire en el salón se volvía asfixiante para Val.

​—Alessio, voy un momento al tocador para retocarme —susurró ella, buscando un respiro de la mirada inquisidora de su suegro.

​—No tardes.

Hay demasiados lobos sueltos esta noche —respondió él, dándole un beso posesivo en la sien.

​Val entró en el lujoso baño de mármol y oro.

Se apoyó en el lavabo, cerrando los ojos y tratando de controlar las náuseas.

Al abrir su pequeño bolso de mano para buscar su labial, su sangre se congeló.

Encima de su polvera, había un pequeño papel doblado que no estaba allí antes.

​Con dedos temblorosos, lo abrió.

La caligrafía era errática, cargada de una furia contenida: ​”Te queda muy bien el disfraz de reina, pero las dos sabemos que eres una parásita.

Te estoy vigilando, Valeriana.

Disfruta de tus diamantes, porque pronto vas a pagar cada centavo de lo que me quitaste.

No puedes esconderte de mí para siempre.” ​Val sintió que el oxígeno desaparecía.

Miró frenéticamente hacia la puerta, esperando ver la sombra de Marcos, pero el baño estaba desierto.

​Afuera, Marcos ya se estaba quitando el uniforme en el área de servicio.

No era estúpido.

Sabía que si intentaba algo esa noche, los guardias de Alessio lo harían pedazos antes de que pudiera parpadear.

Necesitaba dinero, y necesitaba a Val como garantía.

Su plan empezaba a tomar forma en su mente distorsionada: ya no se trataba solo de celos o despecho, ahora se trataba de supervivencia.

Si lograba secuestrarla, podría pedir un rescate billonario que lo sacaría de la miseria para siempre.

​Salió por la puerta trasera, perdiéndose en la oscuridad de la noche, dejando a una Valeriana aterrorizada que, al salir del baño, se encontró con la mirada de Alessio, quien notó de inmediato que su rostro estaba pálido como el de un cadáver.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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