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Obsesión y pecado - Capítulo 40

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  3. Capítulo 40 - 40 El oasis del cristal
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40: El oasis del cristal 40: El oasis del cristal Durante los siguientes días, el tiempo pareció detenerse en la montaña.

El mundo exterior, con sus imperios de pólvora y sus traiciones de sangre, quedó sepultado bajo una capa de nieve virgen que aisló la cabaña por completo.

Sin señales de persecución y con el teléfono de Alessio en un silencio absoluto, la guardia que ambos mantenían se fue desmoronando, dando paso a una intimidad que nunca habían tenido espacio para explorar.

​Val se despertó con el sonido de la leña crepitando en la chimenea.

No había alarmas, ni gritos, ni el eco de disparos.

Solo el calor del cuerpo de Alessio abrazándola por la espalda y el aroma del café que él ya había empezado a colar.

​—Cinco minutos más —murmuró ella, dándose la vuelta entre las sábanas de franela para esconderse en el hueco de su cuello.

​Alessio soltó una risa suave, se permitió el lujo de no levantarse de inmediato.

Se quedaron allí, simplemente existiendo, mientras la luz pálida del invierno se filtraba por la ventana.

Por primera vez en meses, los ojos de Alessio no escaneaban la habitación buscando una amenaza; solo se perdían en los de Val.

​—En Sicilia hay una casa cerca de la costa —le dijo él, trazando círculos invisibles en el hombro de ella—.

Tiene un huerto de limones y el aire siempre sabe a sal.

Si logramos llegar, quiero que esa sea tu realidad.

Despertar sin una pistola bajo la almohada.

​Val le sonrió, sintiendo que el corazón le daba un vuelco.

Se estaba permitiendo soñar, algo que siempre había considerado un peligro mortal.

​Pasaron el día en una rutina doméstica que les resultaba extrañamente embriagadora.

Val cocinó una pasta sencilla con lo poco que tenían en la despensa, y esta vez, bajo la guía paciente de Alessio, nada se quemó.

Comieron en la pequeña mesa de madera, compartiendo una botella de vino tinto que él había encontrado en el sótano.

Hablaron de cosas banales: de películas que ella quería ver, de los lugares que él había visitado y que ahora quería mostrarle bajo una luz diferente.

​Por la tarde, salieron al porche bien abrigados.

Alessio la rodeó con sus brazos, protegiéndola del viento frío mientras miraban cómo el sol se ocultaba tras los picos nevados, pintando el cielo de tonos violetas y naranjas.

​—Nunca creí que podría sentirme así —susurró Val, apoyando la cabeza en su pecho—.

Tan…

tranquila.

​—Te mereces esto y más, Val —respondió él, besando su frente—.

He pasado toda mi vida construyendo un imperio de miedo, pero ahora me doy cuenta de que este pequeño espacio contigo vale más que todos los millones de mi padre.

​Esa noche, la paz alcanzó su punto máximo.

Se sumergieron en una calma profunda, haciendo el amor frente al fuego con una lentitud que sabía a descubrimiento mutuo.

No había urgencia, no había necesidad de demostrar poder; solo eran dos personas encontrando refugio en el otro, sellando un pacto silencioso de lealtad absoluta.

​Val se quedó dormida escuchando el latido constante del corazón de Alessio, convencida de que habían escapado del destino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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