Obsesión y pecado - Capítulo 46
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 46: El Espejismo de la Victoria
El aire en el pasillo se volvió gélido, pero no por el aire acondicionado del búnker, sino por un presentimiento que erizó la piel de Val. Enzo colocó la carga en la puerta de comunicaciones y, tras una explosión sorda que apenas hizo vibrar el marco, irrumpieron en la sala.
Los dos guardias de Vittorio cayeron antes de que sus manos tocaran las fundas, abatidos por la precisión de Alessio y Val. Pero cuando Alessio se lanzó sobre la consola principal para bloquear los accesos y tomar el control del sistema de vigilancia, sus dedos se congelaron sobre el teclado
– No puede ser… —susurró Alessio, y por primera vez, Val escuchó una grieta de duda en su voz.
En las pantallas gigantes que debían mostrar los movimientos de Vittorio en el Nivel 4, solo había una imagen estática. Un bucle perfecto de video que mostraba al patriarca sentado en su despacho, fumando tranquilamente. Pero al observar los códigos de tiempo en la esquina de la pantalla, Alessio se dio cuenta del engaño: el video estaba retrasado diez minutos.
—¡Es una trampa! —rugió Alessio, golpeando la consola—. ¡Gael!
Pero Gael ya no estaba en la puerta. El joven guardia, el infiltrado en quien Enzo había puesto toda su confianza, había desaparecido en el laberinto de pasillos.
De repente, los monitores cambiaron. La imagen de Vittorio desapareció y fue reemplazada por un plano cenital de la sala de comunicaciones donde ellos se encontraban. La voz del patriarca inundó la habitación, saliendo de los altavoces con una claridad aterradora y una calma que helaba la sangre.
—¿De verdad creíste que Gael te serviría por lealtad, Alessio? —la risa de Vittorio sonó como el crujir de huesos secos—. Su padre me sirvió veinte años, y él sabe que en esta familia, la traición se paga con la extinción de todo el linaje. Le prometí que si te traía ante mí, su familia viviría. Me ha servido mejor que tú, hijo mío.
Val se pegó a la pared, apuntando a la puerta, sintiendo que el búnker ya no era una fortaleza que estaban conquistando, sino una trampa para ratas que se cerraba sobre ellos.
—Estás ciego, Alessio —continuó Vittorio—. Conoces mis búnkeres, conoces mis rutas, pero olvidaste que yo construí este imperio sobre cimientos que tú nunca viste. Este búnker tiene un nivel inferior, el Nivel 0, que no figura en ningún plano que Enzo haya podido robar. Mientras ustedes jugaban a ser comandos, yo ya estoy en el hangar submarino.
Alessio revisó frenéticamente los planos digitales, pero el sistema empezó a borrarse frente a sus ojos. Vittorio estaba ejecutando un protocolo de “tierra quemada” digital.
—Lo planeaste todo basándote en lo que yo te permití saber —dijo el viejo con un desprecio absoluto—. Ahora, quédense ahí. Las puertas de la sala de comunicaciones se han sellado con pernos de titanio. En cinco minutos, el sistema de ventilación succionará el oxígeno de este nivel. No quiero que mueras por una bala, Alessio. Quiero que sientas cómo la vida se te escapa por falta de aire, igual que tú me has quitado el aire de mi legado con esa mujer.
—¡Vittorio! —gritó Alessio, disparando contra la cámara, pero la pantalla solo mostró estática.
Se hizo un silencio sepulcral. Val miró a su alrededor: las pesadas puertas blindadas se habían cerrado con un golpe hidráulico definitivo. No había ventanas. No había salidas de emergencia. Enzo intentó colocar otra carga, pero negó con la cabeza al ver el grosor del refuerzo.
—Estamos atrapados —dijo Enzo, bajando su arma por primera vez—. El viejo nos ha ganado la partida. Está escapando por el mar y nosotros estamos en un ataúd de hormigón.
Val miró a Alessio. Él estaba destrozado, no por miedo a la muerte, sino por la humillación de haber sido superado por el hombre que más odiaba. Pero Val no estaba dispuesta a morir en una caja fría después de todo lo que habían pasado.
—Él tiene un as bajo la manga —dijo Val, caminando hacia la consola destrozada—, pero se olvidó de una cosa. Él cree que yo soy solo tu distracción. No sabe que yo pasé años manejando los sistemas de seguridad de Marcos, sistemas que él mismo le compró a los Volkov.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com