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Obsesión y pecado - Capítulo 48

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Capítulo 48: El Sabor de la Sospecha

El calor de Asunción se sentía denso, cargado de una humedad que hacía que la ropa se pegara al cuerpo como una segunda piel. Para intentar bajar la guardia y mimetizarse con la calma local, Alessio y Val decidieron salir del departamento. Caminaron por las calles empedradas de un barrio, hasta encontrar un restaurante de techos altos y ventiladores de mimbre que giraban con pereza.

Se sentaron en una mesa apartada, envueltos en el murmullo del idioma guaraní que flotaba en el aire. Alessio, aunque más relajado tras su confesión de la noche anterior, mantenía esa mirada vigilante que nunca lo abandonaba del todo.

​—Aquí dicen que este es el plato que cura el alma —dijo Alessio, haciendo una seña al mozo—. Pidamos un Vori Vori de entrada. Necesitas recuperar fuerzas, Val. Has estado muy pálida desde que llegamos.

​Cuando el plato llegó a la mesa, el aroma del caldo de pollo enriquecido con harina de maíz y queso paraguayo inundó sus sentidos. Era una fragancia casera, cálida y potente. Alessio comenzó a comer con apetito, pero en cuanto Val acercó la cuchara a sus labios, el mundo pareció dar un vuelco violento.

​El olor, que un segundo antes parecía reconfortante, se volvió insoportable. Una oleada de náuseas ácidas le golpeó el estómago con tal fuerza que tuvo que taparse la boca con la servilleta.

​—¿Val? —Alessio dejó los cubiertos, su rostro transformándose instantáneamente en una máscara de preocupación—. ¿Qué pasa? ¿Está mal la comida?

​Ella no pudo responder. Se levantó de la silla con un movimiento brusco, derribando casi la copa de agua, y corrió hacia el fondo del local buscando el cartel del baño.

​Entró en el cubículo y se desplomó frente al inodoro. El vómito fue amargo y doloroso, dejando su cuerpo temblando y su frente perlada de sudor frío. Se quedó allí sentada en el suelo de baldosas, respirando entrecortadamente, tratando de calmar las sacudidas de su diafragma.

​Fue en ese silencio, roto solo por el goteo de una canilla vieja, cuando la realidad le cayó encima como una losa de hormigón.

​”¿Cuándo fue la última vez?”, se preguntó, con los ojos fijos en la nada.

​Empezó a contar mentalmente. El asedio en Madrid, la huida desesperada a París, el frío asfixiante de la cabaña en Suiza, la traición en el búnker… En medio de los disparos, las persecuciones y el miedo constante a Vittorio, el tiempo se había vuelto una masa informe.

​Su mano viajó instintivamente hacia su vientre. Recordó el pequeño blíster de pastillas anticonceptivas que siempre llevaba en su neceser. Hizo memoria: la última vez que recordó haber tomado una fue la noche antes de la cena con los socios en Madrid. De eso hacía semanas. Semanas en las que Alessio la había tomado con una pasión desatada, buscando refugio en su cuerpo una y otra vez.

​—No puede ser… —susurró, con la voz quebrada por el terror—. Por favor, ahora no.

​Trató de recordar su último periodo, pero su mente estaba en blanco. El caos de la guerra contra el patriarca lo había borrado todo. Se puso en pie con las piernas flaqueando y se miró en el espejo manchado. Tenía las ojeras marcadas y los pechos le pesaban de una forma que antes no había notado.

​Afuera, Alessio la esperaba, probablemente culpando a la cocina del restaurante o temiendo un envenenamiento por parte de los espías de su padre. Pero Val sabía que el “enemigo” esta vez no venía de afuera.

​Salió del baño con el rostro lavado y los labios pálidos. Alessio estaba de pie cerca de la puerta, con Enzo a unos metros de distancia, ambos en alerta máxima.

​—Nos vamos de aquí —sentenció Alessio, tomándola del brazo con firmeza—. Si te sientes mal, es que algo no está bien en este lugar. Enzo, revisa la cocina.

​—No, Alessio… —Val lo detuvo, clavando sus dedos en su antebrazo—. No es la comida. Necesito ir a una farmacia. Ahora mismo.

​Alessio la miró confundido, escaneando su rostro buscando una herida que no existía.

—¿Una farmacia? ¿Para qué? ¿Te duele algo?

​Val no pudo sostenerle la mirada. En el corazón de Asunción, rodeada de hombres que matarían por ella, se sintió más vulnerable que nunca. Sabía que si sus sospechas eran ciertas, el tablero de juego acababa de cambiar para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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