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Obsesión y pecado - Capítulo 51

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Capítulo 51: Operación bebé

Alessio entró al departamento con el sigilo de un espía infiltrándose en la KGB. Llevaba tres bolsas gigantes del Shopping y una caja que apenas podía sostener con el mentón. Su plan era perfecto: escondería todo en el fondo del clóset y lo iría sacando “gradualmente” para no parecer un loco.

​Pero el destino, y el piso de parqué paraguayo, tenían otros planes.

​Al intentar cerrar la puerta con el pie mientras equilibraba una caja que decía en letras grandes “GIMNASIO MUSICAL PARA BEBÉ”, Alessio tropezó con una de las botas de Val. El resultado fue una catástrofe logística. Las bolsas volaron, la caja aterrizó con un estruendo metálico y un pequeño ejército de patitos de goma salió rodando por todo el pasillo.

​Val, que estaba en la cocina tomando un té de tilo para las náuseas, salió corriendo al escuchar el estruendo. Se encontró con la escena: el heredero del imperio Volkov, el hombre más buscado de Europa, estaba enredado en una manta de microfibra color azul pastel, con un chupón que brillaba en la oscuridad pegado a su chaqueta de cuero.

​—Alessio… —Val se quedó congelada, mirando un par de zapatos minúsculos que habían aterrizado a sus pies—. ¿Me puedes explicar qué es todo esto? Pensé que estabas cerrando un trato en Ciudad del Este.

​Alessio se levantó con la dignidad que pudo reunir, aunque el chupón seguía adherido a su manga.

—Era un trato… urgente. Un proveedor local. Muy exclusivo.

​Val se agachó y sacó algo de una de las bolsas. Sus ojos se abrieron como platos.

—¿Un intercomunicador de video con visión nocturna y sensor de movimiento térmico? ¡Alessio, esto cuesta una fortuna y el bebé es del tamaño de un grano de arroz! ¡Ni siquiera tiene oídos todavía!

​—Es tecnología israelí, Val. Seguridad ante todo —respondió él, tratando de ocultar una caja de pañales etapa 4 (para bebés de 10 kilos)—. No quería que nos faltara nada.

​Val empezó a hurgar en las bolsas y soltó una carcajada que resonó en todo el edificio.

—¡¿Y esto?! ¡Es un andador que parece un Ferrari! ¡Alessio, va a tardar un año en poder sentarse! ¡Y compraste pañales para un niño de dos años!

​En ese momento, Enzo entró desde la terraza con su cara de piedra habitual, pero al ver a Alessio luchando por zafarse de la manta azul y un peluche gigante de un carpincho que decía “I Love Paraguay”, se dio la vuelta rápidamente hacia la pared. Sus hombros empezaron a sacudirse violentamente.

​—¡Enzo, ni se te ocurra! —rugió Alessio, rojo de la vergüenza—. ¡Es una inversión estratégica!

​—Señor —dijo Enzo con la voz entrecortada—, creo que el “ejercicio táctico” en el Shopping Mariscal ha sido un éxito rotundo. Tenemos suficientes toallitas húmedas para limpiar todo el Chaco paraguayo.

​Val se sentó en el suelo, muerta de la risa, con un par de calcetines que tenían forma de garra de oso en las manos.

—Mi amor, ven aquí —lo llamó entre carcajadas—. No necesitamos un gimnasio musical ni pañales para gigantes todavía. Lo único que necesitamos es que el papá deje de comprar cosas por pánico.

​Alessio suspiró, dejó caer los hombros y terminó sentándose en el piso junto a ella, rodeado de juguetes y tecnología innecesaria.

—Es que… cuando entré a la tienda, todo parecía vital para su supervivencia. Vi ese carpincho de peluche y pensé: “Si no lo tiene, me odiará”.

​—No te va a odiar, idiota —Val lo besó, todavía riendo mientras le quitaba el chupón de la manga—. Pero la próxima vez que vayas a “negocios”, al menos asegúrate de que el bebé ya haya nacido.

​Incluso Enzo, contagiado por la escena, se sentó en una silla cercana. Por un momento, en ese departamento de Asunción, la guerra con Vittorio se sintió como algo de otro planeta. Eran solo tres personas riendo entre pañales gigantes y juguetes caros, celebrando la vida de la forma más caótica posible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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