Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Obsesión y pecado - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Obsesión y pecado
  3. Capítulo 9 - 9 El Delirio de la Carne
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: El Delirio de la Carne 9: El Delirio de la Carne Val se despertó con el sonido de su propio pulso martilleándole los oídos.

La sábana estaba empapada de un sudor frío y ácido.

Intentó incorporarse, pero el mundo giró violentamente y una náusea ardiente la obligó a volver a la almohada.

Tenía la garganta seca, como si hubiera tragado arena, y una fiebre abrasadora que le hacía ver sombras bailando en las esquinas de la habitación.

​El sexo brutal de la noche anterior no solo la había vaciado por dentro; la había destrozado.

Sentía una punzada constante y profunda en el vientre, un recordatorio físico de la invasión que había permitido.

​El móvil vibró sobre la mesilla.

​Marcos: Val, ¿dónde estás?

Tenemos la reunión con los inversores.

Contesta.

Marcos (10 min después): ¿Estás bien?

Me tienes preocupado.

Voy para tu casa si no respondes.

​Ignoró el mensaje.

Escribió a Soraya con los dedos temblorosos: “Enferma.

No cuentes conmigo hoy”.

Luego, con las pocas fuerzas que le quedaban, se arrastró hasta urgencias.

​La ginecóloga de guardia, una mujer de mirada severa tras sus gafas, no ocultó su preocupación al explorarla.

—Tienes una infección pélvica severa, Val.

Y desgarros internos que no han empezado a sanar.

La fiebre es por la inflamación.

Necesitas ingreso inmediato y antibióticos por vía intravenosa.

Nada de esfuerzos, nada de… —la doctora hizo una pausa, mirando las marcas en sus muslos— nada de actividad de ningún tipo.

Reposo absoluto.

​—No —susurró Val, bajándose de la camilla a pesar de que las piernas le fallaban—.

Solo deme las pastillas.

Tengo cosas que hacer.

​Salió de allí con una receta y una advertencia que ignoró antes de cruzar la puerta.

Al llegar a su piso, el silencio la recibió como una bofetada.

La soledad era un monstruo que la fiebre alimentaba.

Necesitaba ruido.

Necesitaba sentir algo que no fuera ese vacío punzante.

​Llamó a Nico.

​—Ven.

Ahora —fue lo único que dijo.

​Cuando él llegó, Val estaba en un estado de semi-delirio.

Nico vio su rostro pálido, sus ojos brillantes por la fiebre, pero cuando ella se abalanzó sobre él, el deseo de siempre pudo más que la lógica.

​Lo que siguió fue un acto de autodestrucción pura.

Cada embestida de Nico era como un cuchillo quemando sus heridas internas.

El dolor de la fricción era insoportable, una agonía que Val confundía con placer en su mente nublada por la infección.

Sudaba, gemía de dolor real disfrazado de éxtasis, obligando a su cuerpo a funcionar cuando ya se había rendido.

La fiebre subió más, tiñendo su visión de rojo, hasta que el dolor se volvió un estallido blanco y absoluto.

​De repente, el peso de Nico desapareció.

El ruido se apagó.

​…

​Val abrió los ojos y lo primero que vio fue una luz blanca, cegadora y violenta.

El olor a antiséptico le llenó los pulmones.

Intentó moverse, pero sintió un tirón en el brazo: una vía conectada a una bolsa de suero.

​—No te muevas, Val.

​Miró hacia un lado.

Marcos estaba allí, sentado en una silla de plástico, con el traje arrugado y ojeras profundas.

Pero no estaba solo.

En la puerta, un médico hablaba en voz baja con una enfermera, sosteniendo su historial.

​El terror la invadió.

Estaba en el hospital.

Expuesta.

Sin sus máscaras, sin su ropa cara, sin el control que tanto le había costado construir.

Su secreto, sus heridas y la causa de su colapso estaban ahora en manos de extraños y del hombre al que pretendía dominar en la oficina.

​—Casi no lo cuentas —dijo Marcos con una voz cargada de una extraña mezcla de furia y lástima—.

Tu amigo llamó a la ambulancia cuando te quedaste fría en sus brazos.

​Val cerró los ojos, deseando que la tierra se la tragara.

Estaba desnuda ante el mundo, y la oscuridad que tanto había buscado finalmente la había devorado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo