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ojos carmesí - Capítulo 58

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58: Después de que se fueron 58: Después de que se fueron El silencio que dejaron Glenn e Itachi al apartarse de la fogata no fue un silencio vacío.

Fue uno pesado.

Denso.

Incómodo.

Como si las palabras que ambos habían soltado hubieran quedado suspendidas sobre el fuego, sobre las latas, sobre las cajas de provisiones, sobre la tierra misma de la cantera, negándose a desaparecer.

La gente siguió donde estaba al principio, casi por pura inercia.

Nadie se movió enseguida.

Nadie retomó de inmediato la conversación anterior.

Nadie supo fingir que no había pasado nada.

Porque había pasado demasiado.

Lori seguía de pie, rígida, con la mandíbula apretada.

Shane permanecía cerca de ella, pero no tanto como para parecer que la defendía abiertamente.

Dale seguía con la taza en la mano, mirándolos a todos con esa mezcla de cansancio y claridad que le daba la edad.

Andrea tenía los brazos cruzados sobre el pecho.

Amy observaba con el ceño fruncido, dolida más por la injusticia que por la discusión.

T-Dog estaba callado, pero su mirada iba de uno a otro, sopesando.

Morales y Melanie se mantenían juntos, él apenas un poco adelantado respecto a ella, como si ya de por sí estuviera preparado para contener el tono de lo que viniera.

Daryl seguía ligeramente apartado, la ballesta apoyada, los ojos afilados, sin intención de irse.

Ed tenía esa expresión agria de quien disfruta que haya conflicto mientras no lo apunte directamente.

Y Merle, con la vulgaridad viva detrás de la sonrisa torcida, parecía casi entretenido, aunque la tensión real del ambiente se le había metido también en los hombros.

Dale fue el primero en hablar.

No alzó la voz.

No hizo falta.

—Bueno —dijo, despacio—.

Esto había que hablarlo.

Nadie respondió de inmediato.

Lori desvió la vista.

Shane respiró por la nariz.

Amy fue quien se adelantó primero.

—Sí.

Había que hablarlo —dijo, y esta vez no miró a Dale cuando habló, miró a Lori.

Andrea añadió enseguida, más seca: —Porque lo que acaba de pasar no estuvo bien.

Lori alzó el mentón.

—¿Y ahora todos van a venir contra mí?

—No es venir contra ti —dijo Amy—.

Es decir la verdad.

—La verdad —repitió Lori con amargura—.

Claro.

La verdad de todos menos la mía.

—Tu verdad —intervino T-Dog por fin, con voz firme— no cambia los hechos.

Lori se volvió hacia él.

—¿Y cuáles son esos hechos?

T-Dog no vaciló.

—Que Glenn e Itachi salen todos los días.

Que arriesgan el cuello.

Que traen comida.

Que tú los atacas cada vez que vuelven.

Dale asintió lentamente.

—Eso es cierto.

Lori soltó una risa seca.

—Ah, claro.

Ahora son santos.

Andrea la miró con dureza.

—Nadie dijo santos.

Dijimos útiles.

Dijimos justos.

Dijimos que no merecen lo que les haces cada vez que regresan.

—Yo solo dije lo que todos piensan —replicó Lori.

—No —dijo Amy enseguida—.

Dijiste lo que tú piensas.

No metas a todos.

Melanie habló entonces, con una voz más suave pero no menos clara.

—Yo no lo pienso.

Morales la miró un segundo, luego asintió y añadió: —Yo tampoco.

Ese simple gesto, tan directo, dejó a Lori más expuesta que cualquier grito.

Ed bufó por lo bajo.

—Bueno, tampoco es que ella esté inventando del todo.

Sí traen cosas para ellos.

Daryl levantó la vista apenas hacia él.

—Y tienen derecho.

Ed hizo una mueca.

—Eso dicen todos ahora.

Daryl no se inmutó.

—Porque es verdad.

Merle soltó una risa corta.

—Mira eso.

El Dixon menor hablando en defensa del matrimonio bonito.

Daryl giró apenas la cabeza hacia él.

—Cállate, Merle.

Sorprendentemente, Merle sí se calló por un momento.

Dale volvió a intervenir.

—No perdamos el hilo.

El problema aquí no es si traen cosas para ellos o no.

El problema es que se les atacó por algo que no nos debían explicar.

Amy asintió con fuerza.

—Exactamente.

Andrea, que seguía con los brazos cruzados, habló con un tono analítico, casi frío.

—Y además, Lori, lo hiciste en público.

Otra vez.

Delante de todos.

Delante de la gente que sí ve lo que ellos hacen por el campamento.

Lori la miró con rabia mal contenida.

—¿Y ustedes qué saben?

¿Qué saben de lo que se siente verlos actuar como si fueran mejores que todos?

Eso hizo que varias miradas cambiaran.

No por sorpresa.

Por confirmación.

Carol no estaba allí, pero de haber estado, probablemente habría reconocido la frase antes que nadie: no era una acusación práctica.

Era una confesión de inseguridad.

Amy fue la primera en ponerlo en palabras, aunque no del todo.

—Ellos no actúan como si fueran mejores —dijo—.

Tú te sientes menos cuando están cerca.

No es lo mismo.

Lori abrió la boca, ofendida.

—¿Perdón?

—Es verdad —dijo Andrea, antes de que Amy tuviera que sostener sola la frase—.

Ellos hacen.

Tú comparas.

Esa es la diferencia.

Shane, que hasta ese momento había guardado silencio, habló por fin.

—Basta.

Todos voltearon hacia él.

Shane se pasó una mano por la nuca.

—Esto ya se está haciendo demasiado grande.

Dale lo observó con calma.

—Ya era grande antes de que hablaras, Shane.

Shane sostuvo la mirada del viejo.

—Lo que digo es que no ganamos nada haciendo una guerra interna por esto.

—No —dijo T-Dog—.

Pero sí ganamos algo dejando claras ciertas cosas.

Merle sonrió torcido.

—Mira eso.

Ahora todos muy organizados.

Muy morales.

—Tú no ayudes —dijo Morales sin siquiera alzar la voz.

Merle levantó ambas manos en falsa rendición.

—Solo digo que la cosa está buena.

Melanie lo miró con desaprobación abierta.

—No.

No está buena.

Está mal.

Eso hizo que Merle bajara apenas la sonrisa.

No por arrepentimiento.

Porque incluso él entendía que la tensión real de la escena ya había sobrepasado el punto de burla ligera.

Dale habló entonces, mirando directamente a Shane.

—También hay otra cosa que debemos nombrar.

Shane endureció la expresión.

—¿Cuál?

Dale tardó solo un segundo.

—Lo de esta mañana.

Lori volvió el rostro bruscamente hacia Shane.

Amy apretó los labios.

Andrea no apartó la vista.

T-Dog exhaló hondo.

Y por primera vez en esos minutos, Shane pareció verdaderamente incómodo.

—No fue nada —dijo.

Andrea respondió antes que nadie.

—Sí fue.

Amy la siguió.

—Lo vimos.

Melanie bajó la vista un segundo.

Morales siguió mirando a Shane.

Dale habló con una calma que, precisamente por eso, resultaba más dura.

—Intentaste tocarla.

Shane abrió la boca.

—No.

—Sí —dijo Daryl.

Una sola sílaba.

Seca.

Final.

Y pesó más que toda la discusión previa.

Porque Daryl no hablaba si no estaba seguro.

Shane apretó la mandíbula.

—Fue un accidente.

Andrea negó.

—No.

Amy también.

—No lo fue.

T-Dog habló más bajo esta vez.

—Y aunque lo hubiera sido, ya todos sabemos que no lo fue.

Lori sintió que la humillación le subía otra vez por el cuerpo.

Y por primera vez, en lugar de mirar a Itachi o a Glenn —que ya no estaban—, la rabia se le concentró completa en Shane.

—Dilo —soltó—.

Dilo por una vez.

Shane la miró con enojo.

—No empieces otra vez, Lori.

—No, ahora sí dilo —insistió ella—.

Diles a todos que yo tenía razón.

—Lori.

—No.

Ya no me vas a callar.

Mírales la cara.

Todos lo saben.

Todos lo vieron.

El aire alrededor del fuego se volvió todavía más denso.

Amy observó a Lori y pensó, con una claridad incómoda, que aquella mujer estaba rota en más lugares de los que parecía.

No la justificaba.

Pero empezaba a ver el tamaño del agujero desde donde hablaba.

Shane respondió al fin, con la voz más baja y más áspera.

—Sí.

La miro.

Nadie se movió.

Lori cerró los ojos un segundo.

Shane siguió hablando, y ya no estaba fingiendo del todo.

—Sí, la miro.

Todos la miran.

Merle soltó una risa mínima, casi satisfecha, pero se calló al sentir varias miradas encima.

Shane continuó: —Es fuerte.

Es útil.

Sale, pelea, trae cosas, piensa.

Claro que la miro.

—Eso no es todo —dijo Lori, con la voz cargada de veneno dolido.

Shane no la miró al responder.

—No.

Y esa sola palabra confirmó todo.

Amy bajó la vista un segundo.

Andrea se quedó completamente quieta.

Dale exhaló lentamente.

Morales pasó una mano por su barba.

Melanie sintió una punzada desagradable de pena por Lori y al mismo tiempo una incomodidad más fría: que uno de los hombres que ayudaba a sostener el campamento estuviera dejando crecer algo así dentro de sí no podía traer nada bueno.

Ed fue el primero en verbalizar una parte cruda de todo aquello.

—Bueno, cualquiera con ojos la miraría.

Andrea giró hacia él con brusquedad.

—No hables como si eso fuera normal.

Ed hizo un gesto de hombros.

—Solo digo lo obvio.

—Lo obvio —dijo T-Dog— es que está casada.

—Y que no te mira a ti, ni a Shane, ni a nadie más —añadió Amy, molesta.

Merle se rio por la nariz.

—Sí, bueno, al chino sí lo mira bastante.

Eso hizo que Shane tensara los hombros.

Y Dale lo vio.

Lo registró.

Lo guardó.

—Ese es el punto —dijo Dale entonces, dirigiéndose ya no solo a Shane sino a todos—.

No se trata de si alguien la encuentra atractiva.

Se trata de límites.

Ella está casada.

Él la ama.

Y ellos dos son, ahora mismo, de las personas que más aportan aquí.

Cualquier cosa que amenace eso nos perjudica a todos.

Morales asintió de inmediato.

—Sí.

Melanie también.

—Sí.

Andrea habló con claridad: —Y además, Shane, tú no estás solo metiéndote donde no debes.

Estás poniendo al grupo en una posición peligrosa.

Shane frunció el ceño.

—¿Peligrosa cómo?

Andrea ni siquiera dudó.

—Si Glenn e Itachi deciden dejar de salir por todos por culpa de esto, perdemos más de lo que tú pareces entender.

Amy añadió: —Y si Glenn decide enfrentarte por esto, el grupo también se parte.

T-Dog miró a Shane con firmeza.

—Y no podrías decir que sería culpa de él.

Shane apretó los dientes.

—No he hecho nada.

Daryl soltó, sin emoción: —Todavía.

Eso cayó como una advertencia helada.

Shane volvió la vista hacia él.

—¿Qué quieres decir con eso?

Daryl sostuvo su mirada sin moverse.

—Que ya cruzaste una línea.

Una más y esto se pone feo.

Lori miró a Daryl entonces con una mezcla rara de gratitud amarga y humillación.

Le dolía que alguien más tuviera que nombrar el peligro que ella misma ya veía.

Ed chasqueó la lengua.

—Todos están reaccionando como si fuera un crimen.

Amy lo miró con puro desagrado.

—Porque tú tampoco entiendes los límites.

Melanie apretó suavemente la mano de Morales, sin que nadie pareciera notarlo.

Su pensamiento era más interno, más silencioso: esto es exactamente lo que pasa cuando un grupo deja de respetar lo poco limpio que aún existe.

Lo que Glenn e Itachi tenían era raro, sí.

Íntimo.

Fuerte.

Y, precisamente por eso, debía respetarse más.

Dale miró el fuego unos segundos antes de volver a hablar.

—También está lo otro.

Lori alzó la vista con rigidez.

Dale siguió: —Las vitaminas.

Nadie habló enseguida.

No porque no importara.

Porque importaba demasiado.

Amy fue la primera en sonreír apenas, una sonrisa involuntaria.

—Sí.

Andrea exhaló por la nariz, todavía seria, pero con una suavidad nueva en el rostro.

—Sí.

T-Dog se recostó apenas hacia atrás.

—Eso no me lo esperaba.

Morales sonrió un poco.

—Yo sí.

No específicamente eso, pero… sí.

Tiene sentido.

Melanie bajó la vista un segundo, pensativa, antes de admitir en voz baja: —A mí me pareció hermoso.

Lori sintió que la frase la hería otra vez.

Hermoso.

Claro.

Todo en torno a ellos parecía hermoso a ojos de los demás.

Amy habló con el corazón más abierto que la prudencia.

—Cuando Glenn dijo porque queremos ampliar nuestra familia… Dios.

¿Vieron su cara?

Lo dijo con tanto orgullo.

Andrea asintió.

—Sí.

No sonó como excusa.

Sonó como… decisión.

—Como deseo —dijo Melanie suavemente.

—Como futuro —añadió Dale.

Y esa palabra quedó flotando entre todos.

Futuro.

Eso era lo que Glenn e Itachi se habían atrevido a nombrar delante del campamento.

No una cena.

No una cama.

No solo una convivencia.

Familia.

Niños.

Continuidad.

Algo que iba más allá del siguiente día.

T-Dog pensó entonces, mirando el fuego, que ahí estaba quizá la diferencia más grande entre ellos y el resto: muchos en la cantera seguían sobreviviendo.

Glenn e Itachi, en cambio, estaban construyendo.

Daryl pensó lo mismo, pero en su propia forma: ellos ya se eligieron para largo.

Merle, por el contrario, sintió cómo esa idea le revolvía algo oscuro.

No quería verlos como futuro.

Quería verlos como presente.

Como posesión frustrada.

Como lo que él nunca tendría.

Y por eso esa simple imagen —Itachi embarazada, Glenn orgulloso, una familia dentro del RV— le resultó casi obscena de una manera que ni él mismo quería analizar demasiado.

Ed solo sintió fastidio.

Le molestaba que la conversación se hubiera volcado hacia algo tan… humano.

Tan limpio.

Le parecía cursi.

Le parecía ridículo querer hijos en ese mundo.

Pero una parte de su irritación venía de otra cosa más fea: de saber que ni siquiera en un mundo normal habría sabido construir algo así.

Lori, mientras tanto, se sentía cada vez peor.

No porque no entendiera la belleza de la idea.

Precisamente porque la entendía.

Porque entendía lo que significaba que Glenn hablara así.

Y porque, al compararlo sin querer con Shane, el contraste se volvía insoportable.

Uno hablaba de familia con orgullo.

El otro mentía, esquivaba y al final confesaba interés por otra mujer.

Esa comparación, aunque nadie se la dijera a la cara, la humillaba más que cualquier palabra de Itachi.

Shane estaba callado otra vez.

Y pensaba.

Pensaba en la frase.

Ampliar nuestra familia.

Pensaba en Glenn diciendo nuestra como si ya nada pudiera moverlo de ese sitio.

Pensaba en Itachi permitiendo que esa idea existiera.

Y lo pensaba con una mezcla de celos, rabia y deseo que cada minuto se volvía más insana.

No dijo nada más.

Porque si hablaba, quizá se le notaría demasiado.

Dale lo miró un segundo más de la cuenta y entendió que el silencio de Shane no era paz.

Era contención.

Y eso le preocupó.

—Hay que dejar algo claro —dijo el viejo, finalmente—.

Desde ahora, nadie vuelve a cuestionar lo que Glenn e Itachi carguen en sus mochilas personales.

Nadie.

Ellos ya explicaron demasiado y no tenían por qué hacerlo.

T-Dog asintió.

—Estoy de acuerdo.

Morales también.

—Yo igual.

Melanie murmuró un sí suave.

Amy levantó la mano un poco, casi por reflejo.

—Yo también.

Andrea se sumó enseguida.

—Claro.

Daryl no dijo sí, pero habló igual.

—Y Shane se mantiene lejos.

El nombre cayó con fuerza.

Todos volvieron hacia él.

Shane entrecerró los ojos.

—No necesito que me den órdenes.

—No —respondió Daryl—.

Necesitas entender límites.

Amy observó a Daryl con sorpresa leve.

No por lo que decía, sino por haberlo dicho tan claramente.

Pero tenía razón.

Todos lo sabían.

Dale intervino antes de que el cruce escalara.

—No estamos organizando un juicio.

Estamos intentando evitar un problema mayor.

—El problema ya está aquí —dijo Lori con amargura.

Nadie la contradijo.

Porque también en eso tenía razón.

La diferencia era que buena parte del problema la había alimentado ella misma.

Andrea se enderezó un poco.

—Entonces actuamos como adultos.

Dejamos de atacar a la única pareja que está trayendo más de lo que recibe.

Dejamos de meter veneno donde no hace falta.

Y cada quien se ocupa de sí mismo.

Amy, más dolida que fría, añadió: —Y les agradecemos más.

T-Dog murmuró: —Sí.

Morales miró a Melanie y luego al fuego.

—Además, tenemos que prepararnos para la posibilidad real de que un día decidan irse.

No por amenaza.

Porque podrían hacerlo.

Ese pensamiento pesó.

Mucho.

Porque todos, incluso Lori, sabían que era cierto.

Glenn e Itachi podían irse cuando quisieran.

No tenían ataduras reales con el campamento.

No tenían necesidad.

Y si se marchaban, dejarían un hueco enorme.

Dale lo verbalizó con la gravedad de quien no tenía interés en endulzar nada.

—Por eso mismo, más nos vale tratar con respeto a quienes todavía deciden quedarse.

Y esa frase acabó asentándose como una verdad incómoda y definitiva alrededor del fuego.

El grupo quedó callado otra vez después de eso.

Cada uno con sus propios pensamientos.

Amy pensando en lo bonito que le había parecido que ellos dos hablaran de familia.

Andrea pensando en estructura, en consecuencias, en cómo contener a Shane de ahora en adelante.

Melanie pensando en sus hijos y en lo que le gustaría que el mundo todavía permitiera.

Morales pensando en equilibrio de grupo y en el valor real de una pareja sólida.

T-Dog pensando que la gratitud y la practicidad debían pesar más que el orgullo ajeno.

Daryl pensando que vigilaría, aunque no se lo pidieran, porque Shane ya no le gustaba cómo olía.

Merle pensando cosas más oscuras, pero entendiendo al menos que la situación ya no le pertenecía al terreno del chiste.

Ed rumiando su propia amargura.

Lori tragándose la humillación como si fuera vidrio molido.

Y Shane… Shane sentado, quieto por fuera, ardiendo por dentro, sabiendo ya que lo que sentía por Itachi había dejado de ser un simple interés y empezaba a convertirse en algo que iba a exigirle o arruinarlo.

Y mientras el fuego seguía crepitando y el campamento trataba de recomponerse alrededor de esa conversación, en otra parte de la cantera, más allá de la vista de todos, Glenn e Itachi seguían caminando hacia su autocaravana sin saber cada una de las palabras que se habían dicho sobre ellos.

Pero sí sabiendo, de algún modo, lo más importante: que a partir de esa tarde, algo había cambiado.

Ya no solo los veían como los que salían a buscar provisiones.

Ahora también los veían como lo que eran.

Una pareja real.

Una casa.

Una posibilidad de futuro.

Y eso, para un grupo quebrado como el de la cantera, tenía un peso enorme.

Si quieres, sigo con el momento en que Glenn e Itachi entran al RV todavía molestos, hablan de Lori y de Shane, guardan los marcos y luego cuelgan por fin una de sus fotos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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