Ojos Del Vacío-Camino del Invencible - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 CAPÍTULO 15 LA SEDE DEL LAGO OSCURO — LLEGADA
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15: CAPÍTULO 15: LA SEDE DEL LAGO OSCURO — LLEGADA 15: CAPÍTULO 15: LA SEDE DEL LAGO OSCURO — LLEGADA La sede de la Secta del Lago Oscuro no estaba en ninguna ciudad.
Estaba en las Colinas de la Niebla Perpetua, dos días al este de Hongyuan, en un territorio donde la vegetación era más densa de lo normal y el Qi ambiental tenía esa calidad que Wei había aprendido a identificar como “cargado”: no el Qi limpio del bosque sin historia, sino el Qi con capas, acumulado por generaciones de cultivadores que habían trabajado en ese espacio.
El grupo de nuevos discípulos lo formaban Wei y otros cuatro: los hermanos Tang de doce y catorce años, con Raíces complementarias de metal.
Lin Ruo, catorce años, Raíz de ilusión —la que había catalogado durante el torneo.
Y Bei Shan, un chico callado de quince años cuya postura delataba entrenamiento en condiciones de peligro real.
El Hermano Mayor Luo que los guiaba tenía veintiún años y la economía de palabras que Wei fue reconociendo como característica de la Secta del Lago Oscuro antes de llegar: habló exactamente once veces durante el viaje.
Cada intervención comunicó algo específico.
Ni una palabra de relleno.
Wei apreció ese ritmo.
En el primer día de camino, Wei observó a los cuatro sin que pareciera que lo hacía.
Lin Ruo fue la más interesante: su Raíz de ilusión producía un efecto secundario que probablemente no controlaba del todo —a veces, cuando no prestaba atención activa a su postura, la luz que caía sobre su silueta la hacía parecer ligeramente distinta de como debería verse, como si el espacio a su alrededor no terminara de decidir qué forma darle.
El poder superando al control.
Bei Shan, por el contrario, tenía el control perfectamente desarrollado.
Lo que no tenía era claridad sobre para qué quería usarlo.
La postura de alguien que ha sobrevivido tanto que el sobrevivir se ha convertido en el objetivo en sí mismo.
En el segundo día, Lin Ruo se acercó a caminar junto a Wei.
—¿Por qué escribes en el camino?
—Observaciones sobre el cambio de Qi ambiental a medida que nos acercamos a las colinas.
Lin Ruo lo miró.
—¿Puedes percibir eso desde aquí?
—Desde ayer al mediodía.
—Yo empecé esta mañana.
Con mi Raíz.
—Una pausa, sin envidia, solo exactitud—.
Métodos diferentes, resultado similar.
—Más o menos.
Lin Ruo caminó en silencio un momento.
—He investigado el Lago Oscuro —dijo finalmente, en voz suficientemente baja—.
Cuatro menciones en textos históricos de acceso público.
Todas vagas.
Una referencia cruzada a un texto que ya no existe en ninguna biblioteca libre.
Se llamaba *Registro de Fenómenos del Lago Oriental*.
Wei archivó este dato.
No respondió.
Pero Lin Ruo, cuya Raíz de ilusión la hacía especialmente sensible a las capas de respuesta en las personas, leyó el silencio correctamente.
—Ya lo sabías —dijo.
—No ese título específico.
—¿Pero sabías que había algo?
—Había inferido.
Lin Ruo asintió lentamente, aceptando los límites sin presionar.
La sede apareció en el horizonte al atardecer del segundo día: piedra negra integrada en las colinas con una naturalidad que sugería que las estructuras habían crecido ahí en lugar de ser construidas.
Y en el centro, el lago que daba nombre a la secta, visible desde la cresta antes de descender.
El agua era negra y absorbía la luz del atardecer de una forma que producía un reflejo que no correspondía al cielo sobre él.
Wei se detuvo en la cresta durante los tres segundos que el Hermano Mayor Luo le dio al grupo.
En esos tres segundos, sus ojos registraron el lago, la pulsación de Qi que emanaba del agua, y algo que no era exactamente una sensación ni exactamente una percepción: el reconocimiento de que algo dentro del lago había registrado su llegada antes de que él llegara.
El Lago lo había notado.
Wei notó al Lago notándolo.
Continuó bajando.
— Su habitación en el sector de discípulos nuevos daba al lago.
Lo había solicitado específicamente al momento de la asignación.
La Hermana Mayor Qin —supervisora del sector, cuarenta años, con la mirada de alguien que ha visto suficientes discípulos nuevos para tener categorías claras y suficientes anomalías para mantener una categoría adicional— le concedió la solicitud después de una pausa de evaluación.
Desde la ventana, el lago era visible.
De noche, en las horas antes del amanecer cuando la oscuridad era más completa, el lago producía su propia forma de visibilidad —no luz exactamente, sino una ausencia de oscuridad que hacía que los bordes de las cosas cercanas a él se vieran con más claridad que las más alejadas.
La primera noche, Wei lo observó durante horas.
La segunda, durante la meditación de medianoche, ocurrió algo que no esperaba: cuando extendió la percepción de Qi hacia el lago, la pulsación del agua cambió de carácter.
No de ritmo —de naturaleza.
La diferencia era como la diferencia entre los latidos de un corazón dormido y los de uno que acaba de despertar y está mirándote.
Wei abrió los ojos.
El lago, visible desde la ventana, parecía exactamente igual.
Extendió la percepción de nuevo.
Y el lago respondió.
No con palabras.
Con Qi —una cantidad minúscula transferida a través de los veinte metros de distancia entre su ventana y la orilla del agua con la precisión de algo que sabe exactamente adónde va.
El Qi llegó a sus ojos como la diferencia de temperatura que sientes cuando alguien muy cercano se acerca un poco más.
No amenaza.
No petición.
Solo: *te he visto*.
Wei permaneció quieto durante diez minutos.
Luego escribió en el libro, con letras más pequeñas de lo habitual porque el espacio en blanco de esa página se sentía como algo que debía usarse con cuidado: *”El lago respondió.
No ilusión —Qi real, trayectoria medible, naturaleza incolora similar a la mía.
Lo que hay en el lago reconoce el Qi primario.
Primera semana en la sede.
No sé todavía qué significa esto en su totalidad.
Lo que sé: la interacción es real y es bidireccional REFLEXIONES DE LOS CREADORES Kamilo_gonz ¿Te gusta?
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