Ojos Del Vacío-Camino del Invencible - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 CAPÍTULO 5 LA PRIMERA APERTURA
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5: CAPÍTULO 5: LA PRIMERA APERTURA 5: CAPÍTULO 5: LA PRIMERA APERTURA Cuatro meses después de llegar a Lincheng.
Medianoche.
El cobertizo del comerciante de telas.
Wei Wugen estaba sentado en posición de meditación —no la postura formal que los textos de cultivo prescribían, sino la que había determinado que era óptima para su cuerpo específico: espalda recta, rodillas al nivel de las caderas, manos en el regazo con la palma derecha hacia arriba.
Había estado así durante cuatro horas.
Las primeras dos, como siempre, estableciendo el contacto con el Qi ambiental.
Las últimas dos, intentando algo que el Hereje Sin Nombre había descrito en términos insuficientemente específicos para ser directamente aplicables: “guiar la comprensión hacia el interior”.
Wei lo había interpretado de múltiples formas en las semanas anteriores.
Esta noche lo intentaba de una forma diferente, inspirada por una observación que había hecho en el mercado esa tarde: un herrero que trabajaba metal fundido, moviéndolo con herramientas de forma precisa no golpeando sino *canalizando* el flujo del material.
No empujar.
Canalizar.
Wei no intentó empujar el Qi hacia su palma.
Intentó simplemente…
crear un espacio.
Una dirección.
Una forma de menor resistencia hacia el punto en su palma derecha que llevaba meses trabajando.
Y esperó.
La primera hora fue silencio.
La segunda hora fue silencio con una textura diferente.
A las cuatro horas, algo ocurrió.
No fue gradual.
Fue abrupto —como cuando llevas tiempo buscando la frecuencia correcta en un instrumento y de repente la cuerda vibra.
El Qi se movió.
Una cantidad minúscula.
Imperceptiblemente pequeña para cualquier cultivador externo.
Pero Wei lo sintió como si fuera una avalancha: una corriente de energía exterior que encontró el camino que había estado construyendo con cuatro meses de atención y se movió —no hacia su Raíz, porque no tenía ninguna, sino directamente hacia el Punto Espiritual en su palma derecha.
El dolor fue inmediato.
No insoportable —Wei había catalogado el dolor como información durante años y sabía que este tipo específico era el dolor del estrés en tejido sin preparación, no de daño real.
Pero fue intenso.
Como insertar un hilo incandescente a través de la piel.
Wei no se movió.
No hizo ruido.
Mantuvo el estado de concentración con la misma firmeza que había mantenido en todas las otras noches.
El movimiento de Qi duró exactamente once segundos.
Luego se detuvo.
Wei abrió los ojos.
En la palma de su mano derecha, el único cambio visible era que la cicatriz diagonal que se había hecho a los ocho años parecía levemente más definida.
Más profunda.
Nada más.
Ningún brillo.
Ninguna emanación.
Ningún signo externo de que algo había ocurrido.
Wei extendió la mano y examinó sus dedos.
Luego cerró el puño lentamente.
La sensación que había en la palma —ese punto de calor que había identificado hace meses— era diferente ahora.
Más específica.
Más…
ubicada.
Como la diferencia entre el calor difuso de un día soleado y el calor concentrado de una vela sostenida cerca.
Sacó el libro sin portada.
Escribió: *”Mes 4, día 23.
Noche.
Primera transferencia de Qi exterior al interior confirmada.
Duración: 11 segundos.
Ubicación: Punto de la palma derecha.
Dolor: significativo pero manejable.
Estado post-evento: Punto más definido pero sin expansión notable.
Hipótesis: esto es el equivalente Sin Raíz de lo que los textos llaman ‘contacto inicial’.
No una Apertura completa.
Quizás un 10% de lo que sería el Primer Estadio del Reino del Despertar.
Estimación de tiempo para estadio completo a este ritmo: muchos meses.
Problema: sin recursos medicinales, el progreso será lento.
Solución necesaria: encontrar recursos.”* Cerró el libro.
Se recostó.
Y sonrió —una de esas raras sonrisas de Wei Wugen que la mayoría de personas nunca veían, porque solo aparecían cuando estaba completamente solo.
El Cielo no le había dado Raíz.
Así que había construido su propio camino hacia el Qi.
Minúsculo.
Incompleto.
Increíblemente lento comparado con cualquier cultivador normal.
Pero suyo.
Completamente suyo.
— En los dos meses siguientes, Wei refinó el proceso.
Determinó que podía realizar la transferencia de Qi cada dos días sin que el dolor interfiriera con su capacidad de funcionar normalmente.
Cada tres días era más seguro.
Cada día era posible pero contraproducente —el tejido en la palma necesitaba tiempo entre sesiones.
El progreso era medible pero lento.
Pero Wei tenía algo que la mayoría de cultivadores no desarrollaban: un entendimiento íntimo de cada paso del proceso, porque había tenido que construirlo sin guía.
Cada vez que el Qi se movía hacia su interior, él *entendía* lo que ocurría —no lo experimentaba pasivamente sino que lo observaba activamente con esa parte de su mente que siempre calculaba.
Y comenzó a notar algo que los textos de cultivo estándar no mencionaban, quizás porque para los cultivadores con Raíz ocurría automáticamente y sin atención consciente: el Qi que absorbía no era homogéneo.
Tenía texturas.
Patrones.
Como agua de diferentes fuentes que tiene minerales diferentes —el Qi de cerca de las plantas tenía una cualidad diferente al Qi de cerca de las piedras, que era diferente al Qi de cerca del agua.
Sus ojos —que siempre habían visto más de lo que debían— comenzaron a percibir estas diferencias de una forma que no era exactamente visión.
Era otra cosa.
Una extensión de la misma percepción analítica, pero aplicada a lo que ahora estaba aprendiendo a sentir.
Sin saberlo, Wei Wugen estaba desarrollando el segundo estadio de lo que sus ojos eventualmente se convertirían: no solo el Ojo de Cálculo que ya usaba para el combate físico, sino el comienzo del Ojo de Comprensión que le permitiría eventualmente analizar el Qi en técnicas de cultivo.
Pero eso estaba todavía lejos.
Por ahora, era un chico de doce años —casi trece— viviendo en un cobertizo en préstamo, ganando monedas en los muelles, leyendo fragmentos de textos prohibidos por las noches, y construyendo, paso microscópico a paso microscópico, algo que nadie creía posible.
— La crisis llegó en el sexto mes.
El comerciante de telas que le prestaba el cobertizo fue a verlo con el gesto de alguien comunicando malas noticias que no quiere dar.
—Wei, muchacho.
Hay un problema.
El problema era que el sobrino del comerciante llegaba de otra ciudad y necesitaba el cobertizo.
El comerciante era genuinamente disculpado —no era crueldad, era circunstancia.
Le ofreció una semana para encontrar otro lugar.
Wei asintió, agradeció los meses de uso, y comenzó a calcular alternativas mientras el comerciante todavía estaba hablando.
Esa misma tarde fue a ver al Boticario Chen.
—Necesito trabajo más consistente —dijo directamente.
El boticario lo miró sobre su mostrador de manuscritos.
—¿Qué tipo?
—El tipo que usted tiene.
Transporte discreto, evaluación de materiales, cualquier cosa que requiera criterio más que fuerza.
—¿Por qué yo?
—Porque usted ya sabe que no vendo información sobre mis empleadores, que entrego lo que acepto entregar, y que no pregunto sobre el contenido de los cajones.
—Wei lo miró.
—Y porque usted tiene contactos en la industria de recursos medicinales y yo necesito entender esa industria.
Una pausa.
—¿Para qué?
Wei consideró cuánto revelar.
Decidió lo suficiente para que fuera útil, no más.
—Estoy cultivando sin Raíz.
Mi progreso es real pero lento.
Necesito entender qué recursos medicinales pueden asistir el proceso sin los canales estándar que esos recursos normalmente usan, porque mis canales son diferentes.
El Boticario Chen lo miró durante un tiempo largo.
—¿Sabes cuántas personas han intentado cultivar sin Raíz?
—Algunos.
La mayoría han muerto o se han rendido.
—¿Y tú?
—No me voy a rendir.
—La voz de Wei no tenía énfasis especial.
Era simplemente un hecho.
—Y en cuanto a morir, estoy siendo cuidadoso.
Tomo notas.
Evalúo el riesgo.
No hago nada hasta entenderlo lo suficiente.
El boticario Chen exhaló lentamente por la nariz.
—Tengo un almacén en el barrio este.
Necesito alguien que lo maneje las tardes —inventario, recepción de pequeños pedidos, correspondencia básica.
Paga cuatro monedas diarias y hay un cuarto anexo al almacén.
—¿Y el acceso a información sobre los recursos?
—Estará manejando el inventario.
—El boticario hizo un gesto levemente exasperado.
—Tendrá acceso a todo lo que entra y sale.
Lo que haga con esa información es su problema.
Wei asintió.
—Acepto.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Kamilo_gonz Gracias por acompañar esta historia.
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Si llegamos a 100 Power Stones esta semana, subiré capítulos extra
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com