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Oscuridad y poder - Capítulo 20

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  3. Capítulo 20 - 20 19 Muerte y más muerte
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20: [19] Muerte y más muerte 20: [19] Muerte y más muerte —¡Princesa!

Illyrio se sobresalto, parándose pero nadie le prestó atención.

Saqué la All-Black, haciendo la finta de sacarla detrás de mi silla, parándome frente a Drogo.

—Una pelea, gano y me quedo con tus hombres —dije en Dothraki, es bueno que mi habilidad con los idiomas se mantenga—.

Ganas y decides mi futuro, muero o me quedo como tu Khaleesi.

—¡¡¿Qué crees que haces?!!

Viserys se paró enfadado, pero le di un golpe en la cara, tirándolo al suelo.

—¿Qué dices, Drogo?

El hombre se paró con una gracia que solo un guerrero experimentado conoce, tomó su arakh y se plantó frente a mí, sacándome más de treinta centímetros.

—Acepto tu desafío Los hombres gritaron a todo pulmón al cielo, mientras que los tambores se tocan con ritmo agitado.

Ambos nos movimos frente al altar, justo donde habían matado a alguien hace no mucho.

Con la necro–espada en mano, me moví con cautela, cuidando cada movimiento de Drogo.

Él, en cambio, me miró con desdén y pizca de diversión.

El primer movimiento lo dio Drogo, formando un arco sobre su cabeza para generar más fuerza, pero con la All-Black evité su golpe.

Me agaché a otro tajo al aire de forma horizontal.

Pero tomé rápida acción, alzando mi hoja para cortar el brazo de Drogo.

Su brazo se desprende con un gorgoteo visceral, mientras la sangre emana del muñón.

—¿Aun eres digno de ser un Khal con un solo brazo?

El hombre solo gruñó, sujetando su arakh del suelo manchado por su sangre.

Con una fuerza sin vacilación cargó hacia mí, tratando de cortarme por la mitad, cubrí su corte con mi hoja, para seguir en un choque de espadas.

Lanzó otro tajo, lancé mi cabeza hacia atrás, pero el me empujó con su cuerpo, haciéndome caer.

Rodé en el suelo y me paré de forma rápida usando la fuerza del derribe; llegó con otro tajo, pero apunté a su muñeca.

Su espada cayó con el resto de su mano, por último giré sobre mi propio cuerpo, cortando su cabeza.

Dejé salir un fuerte suspiro, me agaché al cuerpo para tomar algo de su sangre en mis dedos, para luego pintar mis párpados con su sangre caliente.

Miré a los guerreros que se quedaron callados en el momento que le corté la muñeca.

La batalla no duró mucho, pero el impacto fue enorme.

—Dothraki, hombres y mujeres, su Khal ha muerto.

Tienen el derecho a elegir, si vienen conmigo serán mis guerreros, mis hermanos y hermanas.

Quien quiera que no esté de acuerdo, hable ahora y enfrentenme.

El silencio fue cortado por un grupo de hombres, cuatro en total, ellos me rodearon, empuñando sus arakh.

—Esa es su decisión.

La All-Black cambió de forma a una longitud más grande.

Con un tajo en horizontal, corté las cabezas de los hombres desprevenidos.

—Si esta muestra de poder no es suficiente, vengan, los invito a morir bajo mi espada —el silencio siguió gobernando—.

Entonces, DESDE ESTA LUNA, TODOS USTEDES SON MÍOS, SEGUIRAN MIS ORDENES Y ME AYUDARAN A CONSEGUIR EL TRONO DE HIERRO.

Los hombres y mujeres gritaron al cielo con regocijo, la música de los tambores se reanuda mientras las mujeres bailan.

Fuí hasta el altar con pasos llenos de sangre, miré con indiferencia a Illyrio Mopatis, quien tiembla al ver mis ojos.

—Lárgate, avisa a todos, mataré a quien se interponga a mí, tomaré ciudades y vidas de ser así, pueden caer o servirme, su decisión —dirijo mi atención a Jorah—.

Atá a mi hermano.

Me senté en el antiguo asiento de Drogo, mirando con nueva diversión el alboroto de los Dothraki.

—Mi señora.

Jorah llegó con Viserys atado y amordazado, mientras que gime y se retuerce buscando liberarse.

—Dijiste que querías servir, ahora lo haces, traicionarme te llevará a la muerte.

No me trago el que vengas de buena manera, habla.

El hombre dudó, bajando la cabeza y mirando el suelo por un buen rato.

—Es perspicaz, majestad.

Se me encomendó hablar de usted ante el rey Robert.

—se arrodilla en una pierna—.

Eso se terminó, le ofrezco mi lealtad.

—Bien, no alborotemos el avispero, seguirás pasando información al usurpador.

Mañana al amanecer partimos a Vaes Dothrak.

[…] —Vaes Dothrak, —empezó a narrar Jorah—.

Está situada a la sombra de una montaña conocida como “Madre de las Montañas” y cerca de un lago sagrado llamado “Vientre del Mundo”.

Es un lugar sagrado y neutral.

No se permite el derramamiento de sangre ni portar armas en su interior.

Es el hogar de las Dosh Khaleen, el consejo de viudas de los antiguos khals, que actúa como la autoridad suprema de la ciudad.

Nuestros caballos descansan tras días de cabalgar por el mar de hierba, el agua y comida es escasa en este momento.

—Bien, quiero ver lo majestuosa que es esa ciudad Dothraki.

Después de unas horas de descanso se reanudó la marcha, luego de días de viaje por fin se asoma a lo lejos los dos caballos de la ciudad.

Los jinetes se apresuran a la entrada para anunciar nuestra llegada, mis jinetes al entrar tuvieron que dejar sus armas, mi All-Black se mantuvo oculta en mi cuerpo.

Llamé a mi lado a uno de mis jinetes para dar órdenes.

—Entabla una comunicación con los demás guerreros, quiero que estén listos en caso de una pelea.

De ser posible busca llamar a todos los Khal.

—Si, sangre de mi sangre.

Las mujeres de este lugar no me caen bien, pero este lugar es imprescindible para buscar más guerreros.

Tal vez no quiera ese feo trono, pero es parte de mi misión vencer en las guerras para poder ganar este juego.

Juego, sí, es solo eso, un juego, nada más que eso.

—Las Dosh Khaleen solicitan su presencia, Khaleesi.

El hombre llegó para luego guiarme a mí y a unos de mis jinetes al centro de la ciudad, donde una tienda de campaña se alza.

Entré en la tienda, viendo a todo un grupo de mujeres, todas de diferente complexión y edad.

—Khaleesi.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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