Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 24
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24: Capitulo 23 24: Capitulo 23 Una sombra proyectándose en un muro anónimo el cual nadie pagó para que proyecte más que la publicidad, una mano apoyada con la conciencia de que si es despegada el usuario se derrumbará; estos mundos fracturados realmente dan problemas, no solo estoy metido en un sitio que limita mi cultivo, la misión dada por el templo es ridícula, no tengo armas espirituales, ni mi cuerpo responde, todo pareciera sacado de alguno de estos sitios de entrenamiento, quizás por eso el abad eligió la misión, al parecer cree que dependo mucho de las energías del cielo y la tierra.
Recuperando un poco, avanza con un paso más bien torpe, aun considera que los calzados limitan sentir el piso, su objetivo está en los pisos superiores de estas construcciones horrendas, aferrándose con los dedos a los bordes superiores de la estructura de las pantallas comienza el lento y penoso ascenso hasta la ventana, obligada por protección civil, la única que en un incendio se reventará para dar salida a las llamas.
La fractura del cristal se produce con un susurro, las nubes ocultan todo menos sus ojos, orgulloso por tener aun la paciencia para colocar el talismán brilloso que anula la formación de alarma que tiene la construcción, en su opinión de forma muy simple, no requiere nada de piedras de mamá, pero no es quién para juzgar esto, su habilidad siempre ha sido una y era de los mejores del “Clan de las Nubes Intangibles”, él era un gran asesino.
El pasillo lo sorprende con iluminaciones que parten de su cabeza, resiste el impulso de lanzar sus agujas, ya le habían advertido que si detectaba algún tipo de temperatura el área de las piedras luminosas se activaría, maldiciendo por lo bajo dado que olvidó usar los sensores para ojos, mismos que cubrirían lo poco de su cuerpo que aun estaba expuesto, pero desdeñó de ellos, eran una ayuda ridícula, si retuviera su nivel de cultivo usando la energía de “ojos rojos penetradores” no tendría que depender de estos artilugios, afortunadamente solo queda uno, el que le dará opción de abrir la cámara de cultivo de su víctima.
― Esta cerradura es muy moderna…
¿qué?
― no reconoce esta placa con luces como una cerradura, no tiene donde introducir ningún tipo de llave, ¿por qué sabe que es una cerradura?
― No importa al menos tengo el gel de soporte ― algo no está bien, 小小的杀手 lo sabe pero está seguro que la sensación desaparecerá cuando regrese al portal, ahí podrá salir de este condenado mundo, sin más pasa el plástico y la puerta emite la luz verde esperada.
Dentro hay un jardín, se escucha el agua correr, una paz que no se siente en el caos de fuera, no cabe duda que es un cuarto de cultivo, incluso se siente la brisa de una caída de agua cercana, pero no siente la humedad, un azar de ilusión…
¿Cómo un mundo tan atrasado tiene algo así?
― no es normal, incluso en su clan estos lugares están reservados para los miembros medulares del clan.
― Una caja le llama la atención, tiene la forma de un cofre de los ancianos, donde se guardan todos los tesoros del cultivador ― atraído por la curiosidad lo abre, y de pronto una luz cegadora inunda la habitación.
― “Es la sexta vez que abres el refrigerador ― usuario femenino ― le recuerdo que su meta son 60kg.
Estamos a 15Kg.
¡No se rinda!” ―.
El shock es intenso, El pequeño asesino no comprende cómo un ancestro dejó un fragmento de su espíritu inmortal solo para mantener el nivel de calidad de entrenamiento, por muy prometedor que fuese su alumno; la víctima, es la primera vez que tenía que parar un poco, el azote de la puerta ocurre al segundo de que la voz calle, pero fue suficiente, alguien que tiene herramientas espirituales es probable que sepa perfectamente que alguien ha entrado en su cueva.
Con cuidado busca donde ocultarse, pero no hay nada, no es de extrañar las cuevas tienen lo mínimo para vivir, todo debe ser funcional y, preferentemente, de piedra, pero ni eso se encuentra, solo un mueble transparente y el cofre de los ancianos, lo peor es cuando un sonido altera el poco silencio que había conseguido.
― “Hay un usuario que la visita ”…” el usuario porta identificación de la compañía Ouroboros Inc.; solicita hablar con la persona propietaria de la casa” ―… Para horror del intruso, una voz soñolienta sale del fondo de la cueva.
― Comando: apagar referencia…
mensaje: estoy indispuesta…
Comando: abre puerta /enciende lámparas de sala ―.
Nada pasa por unos segundos, de todos modos él ya es una silueta oscurecida en la esquina donde una ilusión de árbol en el muro se combina con sus ropas, cuando ve la silueta de una mujer en mantos de meditación, sabe que dispone de poco tiempo, a esta no podrá eliminarla como al otro.
Pero antes de lanzar sus agujas con veneno la voz continúa.
― Contraseña de autorización: “doctorcita cariñosita” ―.
Es entonces cuando la luz golpea sus forzados ojos.
Primero pensó en ponerse ropas más acorde a su cargo, pero al considerar que los empleados de la compañía tienen la obligación de guardar absoluto secretismo sobre lo que ven, su desidia pudo más que ella, siempre consideró que había algunos procesos sociales que eran un fastidio, pero aun cuando tenía la ligera esperanza de ver algún visitante galán que le aliviara la semana con las fotos, bueno incluso si fuera alguien “peligroso” sus armas ocultas pondrían a dormir a cualquier invasor que no tenga su firma genética.
La puerta se abrió y bajo la luz artificial un señor con una expresión afable mostró su altura, para opinión de ella, suficientemente alto y musculado como para recordarlo y darle una buena puntuación sin importar si no quedaba la máquina de porquería, pero no bien pensaba en qué expresión interesante poner, aunque le daba pena admitirlo, no se encuentra uno con muchos cuerdos en su campo de trabajo y en solitario hay límites a lo que se puede disfrutar por mucho que esté una reconciliada con su cuerpo.
Este hombre salió corriendo y la tecleo, un grito de dolor por el impacto se ahoga en su garganta, antes incluso de que pueda arrepentirse y activar los dardos hipodérmicos llenos de paralizante para osos pardos, el tipo se levanta solo para recibir un codazo en el pecho, el cual lo tira, el grito largamente contenido en la garganta de Luces Perdomo, psicóloga criminal, sale pidiendo auxilio, una lástima en un piso con departamentos insonorizados.
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