Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 25
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25: Capitulo 24 25: Capitulo 24 No hay tiempo para presentarse, “su sonrisa marca de la casa”, apenas mostraba sus encantos cuando desvió la vista un poco y pudo verle.
La sombra es muy evidente.
Hay alguien en la habitación a un lado de una mujer vestida en una de esas prendas semitransparentes, pero con una cara de conejo en la zona donde tonos oscurecidos daban cuerpo a la mascota pero hay un brillo que está en las manos del tipo, sea un cuchillo o un arma, ella no sabía que estaba acompañada.
Sifuentes se lanzó lo más pronto que pudo.
Cuando la sintió en sus manos y la encontró, más allá de la suavidad, estaba ilesa.
Se levantó, pero no consideró que alguien pudiera correr así, tres segundos, cuatro metros en lo que caía y se levantaba pero aún así recibió un impacto muy certero donde el esternón resguarda un músculo vital, alcanzando a meter los brazos, el dolor subsecuente, casi ni consideró el grito.
― No el de la mujer, el de un hombre ― Algo mayor por el tono de la voz ― ¡Impacto profundo de las ramas!
o algo así.
― ¡Imbécil!
Estás traspasando un departamento con armas automatizadas, Luca activa ― Al otro lado del reloj, unas manos a toda prisa señalan el blanco y mandan un ataque de 20 dardos/seg.
Un poco dudoso, el zumbido en la habitación cobra fuerza, luego un sonido como el de cucharas al entrar en el bol de agua, reflejos en la sombra de la sala asaltan a la sombra.
― Lamento lo ocurrido mi nombre es Hag…
― La lengua se le quedó trabada, un paso lateral, un poco ridículo pero acompañado de un giro de su cadera que hace del cuerpo del atacante un péndulo nada gracioso pero que esquiva los dardos como si fuese lo más fácil.
― ¡Mierda, Luca llama a la policía, esto va a terminar mal!
― Mientras grita, corre, lo más rápido posible, a una persona así no deben dejarla reponerse.
― ¡Nadie pelea así!
― El puñetazo destinado al rostro es interceptado por una mano, apenas y la rodilla busca una ingle descubierta, el mundo gira en una vuelta de campana y el impacto es tan fuerte que la espalda le manda un recordatorio de la edad, sin embargo alcanza en la desesperación a lanzar una patada alcanzando el tobillo del enemigo.
El crujido avisa que la alcanzó pero hay poco tiempo para sentirse feliz, su rival maldiciendo mantiene una posición de ataque.
Ver a alguien avanzar de “brinquito” cuando tu espalda te mantiene en el piso no es una sensación que nadie quisiera experimentar, Sifuentes lamenta no contar con armas, pero no iba a ceder su privacidad, aunque de momento suena tan buena idea.
― “Comando: Distracción, Ouput: Máximo Volumen, Canal: Random”.
― “¡No se quede fuera del camino del cultivo!” ― El grito aparece en una imagen parpadeante en el pecho del atacante.
― Este es un jengibre envejecido por nuestros científicos a cien años de edad, garantizando una vitalidad muy superior a las marcas rivales.
La situación es completamente confusa para quien no tiene ni idea de lo que es un holograma.
― ¡Maldita basura!
― Responde molesto.
― ¿Por qué?
Si un jengibre no es tan poderoso ni con 100 años, pero cómo sabe que es fraude ¡Nadie lo compra nunca haciendo válida la garantía!
―… Este lugar lo hace sentir confundido, él es un asesino, en el nivel cinco de la purificación de vísceras.
Un jengibre no le sirve para nada…
― Tengo que terminar la misión, no soporto esta realidad ― Sin más, mientras las propiedades de un producto legendario son descritas…
Él da la vuelta y toma el cuchillo colgado en la barra de la cocina; brincando, con sudor escurriendo por su frente, intentando por todos los medios activar alguno de los mantras de curación que conoce pero ninguno le funciona y el dolor comienza a ser más intenso.
Aún así sabe que ella no irá a ningún lugar.
Es probable que sea una niña mimada de unos 300 años que no sabe nada de pelear pero tiene un buen nivel de cultivo por medio de píldoras y elixires caros.
― No importa ¡Debe morir!
― Para Sifuentes ver eso era señal de que se acabó el descanso, en su mano toma algo del piso y con la otra trata de aferrar el brazo del atacante, un pequeño brillo lo hace retraerlo a tiempo, pero la sensación caliente le avisa que le hicieron una herida ― De momento prefiere no pensar en qué tan grave sea ― Pero su otra mano alcanzó a cumplir su meta, el pequeño objeto logra enterrarse en el cuello de su enemigo, este sabe que algo está mal, en ese mismo momento baja el pie, aunque se escucha un crujido horrendo, el rechinar de sus dientes y una voz estrangulada por el dolor ― ¡Danza silenciosa de las siete flores mortales!” ― Tras lo cual patea el suelo con el pie lastimado y se lanza al aire, Sifuentes se lanza para detenerlo.
Está muy cerca de la doctora, de las respuestas.
En el aire el tipo hace una pirueta intentando esquivar el intento de Sifuentes y cae a la izquierda de él, para horror de la psicóloga que se encuentra a muy poca distancia de un cuchillo.
Por fin puede eliminar a su blanco, el enemigo de su clan es muy débil y consiguió una pequeña herida pero a cambio se llevó la peor parte.
― Pequeño Asesino sabe que está envenenado, pero confía en el antídoto que trae en su cinto ― Su blanco no se movió.
Era una muerte sencilla, solo que sus pensamientos comenzaron a alentarse, es probable que resistió todo lo posible pero eso solo le permitió enfocarse en su víctima, no en el codo que usando la fuerza centrífuga de la caída venía en una vuelta de 180 grados y le impactó en la garganta ― El crujido sonó casi tan horrible como cuando el tobillo del tipo se acabó de fracturar, en el piso boqueando espuma con sangre una mirada desanimada se fija en su asesino, para Haggard fue una situación de fantasía, nadie debería de moverse así, él solo llevaba un minuto peleando y estaba empapado en sudor y en el escalofrío de una muerte prematura, incluso el último golpe fue por desesperación, nunca lo había intentado fuera de los tiempos donde jugar era más rudo y podías espantar a cualquier delantero, pero siempre apuntaba al pecho, esta vez no, en esta ocasión fue con toda la saña.
Quería detenerlo.
La doctora se veía más compuesta, aún con la ropa de noche, aún con las pupilas ligeramente dilatadas, lo único que dijo fue.
― ¿No piensa salvarle la vida a ese señor?
― Tras titubear un poco dice.
― Disculpe señorita ― La verdad es que había protocolos en la empresa hasta para estos eventos, solo que no había ánimo en el cuerpo de Sifuentes para esto, si no hubiera sido por el dardo que encontró en el piso, que pudo encajarlo en el cuello descubierto del atacante, su brazo comenzaba a doler como nunca en su vida…
sí, por hoy el protocolo se podía ir a la mierda ― Vine a platicar con usted, me llamo Sifuentes.
― ¿Entonces no va a arreglar el sistema rociador de su compañía?
―Ella sabía que había muchas cosas más importantes, solo que de momento no podía pensar en otra cosa.
― Verá ― Dijo Haggard mientras se acercaba al atacante.
Creo que sería más importante saber quién era él, la saliva no dejaba duda de que estaba muriéndose, sintiendo un poco pero muy poco remordimiento ― ¿Limpió el exceso de mezcla de sangre y espuma?
― ¿Quién eres?
― Le pregunta confundido.
Las alarmas del edificio anunciaron la llegada de la patrulla, con autorización policial, el rociador tapado intentó sacar el gas lacrimógeno.
Pero el movimiento solo permitió un goteo que llenó la habitación de un picor no muy intenso, mismo que acompañó las últimas palabras de Pequeño Asesino.
― ¡Malditos mundos fracturados!
― Con una última tos ― Nunca debí aceptar el tercer encargo ― Y para frustración de Haggard se quedo callado.
Luces (Luca) ve llegar a cuatro hombres vestidos con armaduras pesadas, con gafas, máscaras y una expresión de decepción en sus ojos, no podrían hacer las cosas a su modo sin el gas, en el piso un muerto armado y un hombre herido arrodillado a su lado, al menos podrían arrestar a alguien por homicidio, sin dar tiempo a identificar uno señala con su mano y grapas cargadas con 100000 voltios.
El tipo no iba a perder la conciencia, no mientras ellos no pudieran divertirse, sin embargo se llevaron una decepción, el tipo no pudo evitar la descarga, pero justo cuando consideraron que era buen momento para una buena calentadita, antes de esposarlo Perdomo habló y dijo: ― “Comando: Grabar actividad violencia policial”.
― ¡Este hombre me salvó del asesino, no se atrevan a meterlo preso!
Los policías habían tenido suficiente, con voz cansina uno reporta los hechos antes de que la central reciba el vídeo, pide unos paramédicos en los céfalos y dictamina: ― Aquí se cumplirá la ley ¡Todos a la comisaría!
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