Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 35
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35: Capitulo 34 35: Capitulo 34 Los perfiles mantienen su mente ocupada, no es que requieran una revisión, la mayoría solo existen para tener como justificar una condena de cargos, pero son simples, confiables y quitan mucho tiempo, cosa que sirve cuando estás bloqueado para ver pacientes.
Ella entendía que no era culpa del sistema, pero llegar un lunes y ver a otra mujer sonriendo desde su consultorio, con un aire de superioridad y una mueca ¿Estúpida?
o quizás es el modo en el que trata de probar que llegó para quedarse.
Antes de soltar un grito ― la psicóloga ―recibe una notificación, el correo solo la deprime: Buenos días, Como jefe del departamento de justicia es mi deber informar que los documentos y los pacientes atendidos por usted serán auditados, esto con el fin de garantizar la seguridad de los dictámenes elaborados el último año.
La especialista que la releva estará bajo contrato en modalidad confianza, se le desea que pronto pueda reasumir sus funciones.
Sin más por el momento, me despido y agradezco su colaboración.
Atentamente: La Ferre.
Jefe de Recursos Humanos, División de colaboración conjunta con el Gobierno y mind.org.
filial de Ouroboros inc.
Podría gritar, el derecho de hacerlo estaba justificado, un par de golpes acaso sabría presentarlos como locura transitoria.
La enemiga estaba con su dedo en el botón de “violencia contra las mujeres”, pero aún así podría tener tiempo para desquitar un poco la impotencia sobre su situación actual.
Dato a mencionar, no me acuerdo cómo se llama la psicóloga por eso lo coloco entre paréntesis.
Al final solo se despide.
― Descuida amiga, yo cuidaré bien del fuerte en tu ausencia ― La cual espera que sea indefinida.
― No te apures, solo evalúan los casos ― Perra codiciosa ― Además seguiré con mi sueldo íntegro, a ti solo te pagaran el 01.
― Lo sé pero al menos dejaré una impresión en la empresa, de ahí ¿Quién sabe?
Quizás hasta me den la plaza ― Solo para asegurarse considera dejar bastante basura en los expedientes de casos anteriores ― Todo es posible.
― Sí, claro, solo conseguir que se reconociera la violencia perpetuada de una mujer a otra como algo inherente entre las mujeres tomó décadas ― No pudo resistirse, esa mujer con sus eslóganes pegados en SU pared aumentaría artificialmente casos solo para beneficiar la agenda que profesaba ― Ten un día útil para los pacientes, al final son ellos los que importan.
La sonrisa se cristalizó un poco en la mente de la psiquiatra.
Había muchas cosas que podría enseñarle a esa mujer encostrada en el sistema, pero no lo haría.
Ella podía demostrar delitos que a nadie le importaban.
Por fin una de ellas estaba dentro del sistema judicial, después de las purgas cinco años atrás, sin embargo de su cuenta corría que no volvería a ejercer ese cargo de nuevo.
Qué poco dura la sororidad, el pensamiento lo tenía clavado en la mente ― la psicóloga ― siempre estuvo en contra de escindir a las personas y agruparlas por conceptos vagos, fomentar el odio no funcionaba, menos en un sistema donde lo que importaban eran los hechos, así que ahí estaba con una carrera moderadamente limpia, reconocida por guardias y pacientes, revisando furiosamente cada uno de los expedientes que resolvió pues si no estaban bien sustentados podría recibir una puñalada.
― Este es correcto, “Parafilia” desarrollada, bien ― El dedo desliza al siguiente ― descartar crimen pasional…
este mejor pido la información de lo que hizo cada uno de los involucrados.
― Descartar violencia de creencias ― La foto de una niña usando ropas célticas, en la patrulla, ese caso la colocó en la oficina que ahora alguien busca usurpar ― Vaya que esto fue en parte aguas para limitar a todos los que buscaban la “apropiación cultural” hasta en la comida, ¡Carajo “era Hallowen”!
Se dio cuenta que ya había revisado los casos completos, lo cual la frustraba un poco.
Tenía que encontrar qué poder investigar antes de que el año finalizara o de lo contrario perdería puntos de análisis conductual, arriesgando ante la asociación de psicólogos internacionales su nombramiento, perdiendo automáticamente su derecho a permanecer en esta empresa.
El día finaliza con un sabor amargo en la boca, ¿Acaso perdería su empleo?
Lo único que le resta es un tiro largo, pero así, fuera del dossier que llega al edificio, difícil.
Frente a la tienda, una sensación de aventura la invade.
Dos créditos después un brownie solitario y un envase de soja la acompañan a su departamento, sin embargo mientras más se acerca la sensación de opresión crece.
Ella no temía la tranquilidad ni la soledad del lugar, pero por poco y muere sin legado, ni aspecto de mártir, nada que ofrecer a las generaciones futuras, ¡Vamos ni siquiera había congelado un óvulo para un intento futuro de gestar descendencia!
Su respiración se había acelerado tanto que vio el piso moverse, sabía que tenía un ataque de ansiedad, pero no podía hacer nada para evitarlo, solo esperaba estar viva y que nadie la grabara en ese momento.
Una mano le brinda un soporte, un aroma ligeramente ferroso le genera náuseas, su bocadillo de imitación pepinillos, aderezado con queso añejo y tomate, poco hicieron para permanecer en el estomago.
Cuando la vista se aclaro un poco, le sorprendió ver una gabardina ― manchada ―Al enfocar la mirada, ahí estaba él, quien huyó como conejo asustado, quien se vio valiente ― había muchas teorías crueles del por qué, pero eso no era importante.
Estaba a salvo, de nuevo.
― ¿Qué hace aquí?
― Le pregunta confundida y algo tensa.
― Hoy era nuestra cita.
― ¡Vamos…disculpe mi apariencia, no fue un buen día!
― Así pasa cuando sucede.
― Podría invitarle un café ¡Por favor diga que sí!
― Aunque no lo crea, disfruto mucho las bebidas…
este, las de café… ― Aquí tengo un poco de licor con cafeína, juran que sabe a crema irlandesa ―Mientras caminan a la entrada de su departamento, ella trata de no apoyarse mucho en su pecho, pero sus piernas parecen haberse coludido con su estómago y se niegan a moverse ― Descuide, no requerirá un documento de consentimiento.
― Lo sé…
lo lamento.
― Es normal, debe uno cuidarse ― El aroma cálido, acentuado por el sol magenta llega a su nariz una vez más.
― ¿A qué huele?
― Ya sabe, gajes del oficio, por eso vine.
― Claro si le contara lo que tuve que vivir hoy ― Ahí estaba la sala tal como la dejó hace un par de días, el humidificador fue reemplazado pero al ambiente no le quedaba mucho de zen ― Si pudiera acercarme a mi refrigerador.
― Yo le sirvo.
― Esta es mi casa ¡Triste será el día que no pueda servirme una copa!
― Mientras busca un filtro, de reojo lo mira.
Serio, tan solemne que parece amargado, con una mano sosteniéndola y la otra colgando sospechosamente y goteando…
― ¿¡Qué le pasó en la mano!?
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