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Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 36

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36: capitulo 35 36: capitulo 35 La sensación fresca del vendaje en gel, un algo que le trae memorias a Sifuentes, ninguna placentera, pero ahora estaba relacionada al café, no muy bueno, hasta que se piensa que no lo consume solo.

Frente a su taza unas pastas ― buena imitación de la sémola de trigo ― pero él no podía ir a otro lugar.

Tenía que pensar y era la segunda persona que podía seguirle el ritmo.

― No pienso preguntarte cómo te lo hiciste ― No todavía ― pero sabes que este lugar y yo te debemos un poco, así que no sientas que viniste como imposición, aunque sí me gustaría saber por qué no estás preso.

― Los golpeé por mis hijos.

― ¿A quiénes?

― A quien quisiera arrebatármelos.

― ¿Sabías adónde estaban?

¡Eso es grave!

Podríamos hablarles a unos conocidos para que hagan una redada.

― Es de ellos que los protejo, tengo hasta el lunes.

Con mucho cuidado, como deshebrar un lienzo sin que pierda el sentido, solo así Perdomo supo qué pasaba ¡Había tanto dolor en su voz!

― ¿Todos están en las mismas circunstancias?

― No lo sé, pero si lo están…

no les espera nada bueno ― La taza da un ligero temblor ― Menos si quien los encuentra soy yo.

― ¿Tú?

― Tengo la autorización ― El documento está impreso, palabras breves lo ponen a cargo de la integridad de las guarderías y los orfanatos ― No sé para qué sin personal pero tengo permiso, para partirlos.

― ¿Pero cómo sabes qué ocurrió ahí?

¿Cómo podrías interceptar esa información?

El tic imaginario de su reloj de pared le recuerda que pasa la hora de dormir.

Para todos, él había venido, no sabía muy bien a qué, de no ser por la pronta intervención de la jefa de departamento y un par de correos que retrasaron el procesamiento de Sifuentes estaría viendo nuevamente al hombre de la microfalda.

En opinión de Haggard el acto de reforzar la vestimenta en hombres y mujeres que hormonalmente reforzaban las características masculinas secundarias era algo extraño, pero su barba le parecía descuidada, afortunadamente no se vio en la necesidad de ver cuanto aguantaría antes de confesarlo.

― No lo sé, tengo quien sabe buscar…hablo de búsquedas profundas ― Un buen sorbo amargo le da valor ― ¿Algo como la red underground?

― ¿Oh…la red profunda?

Pero casi nadie recurre a ellos cuando están buscando información, menos cosas antiguas.

― Mire, nosotros dependemos de analizar y plantear casos clínicos por lo menos una vez al año, eso es con el fin de que sigan pensando en nosotros como psicólogos ― En el muro un trozo de plaza embebida en metal con memoria ― Este es mi certificado, si no entrego nada útil, la información de mi cédula pierde un rango.

Cuando eres rango cero no eres más un psicólogo.

El silencio habló, dijo lo intenso de la competencia, la presión que todos sufrían por mantenerse arriba, el problema de no tener un tazón de acero, el cual diera servicio toda su vida aunque fuera para consumir sueldos gubernamentales.

― Bueno ― Apartando las nubes negras del desempleo ― Pero pronto me di cuenta que la información que podía obtener, incluso de mis casos legales, por las limitaciones de las políticas de privacidad, podría resultar extremadamente costosa.

― Entonces ― La taza acompañaba los latidos ― ¿Qué se hace, usa eso de los pescadores?

― ¡Oh, entonces sabe de ellos!

― Y ella que pensaba impresionarlo ― ¡Bueno ya está!

― No, no tengo idea ― Ahora había acidez ― Soy malo para eso que no tiene forma.

― Pero usted trabaja para Ouroboros.

― Trabajo para quienes contratan sus servicios.

― Bien, bueno no es que sea nada glamoroso, primero debe entender que la información ya no es accesible.

― Sí.

― Dados los casos de corrupción y la burocracia de los almacenes de evidencia el Estado tuvo que renunciar a manipular esa información.

― ¿Y cómo previenen que se vea?

― No soy especialista, hasta donde sé hay una cadena de datos, imagine usted una llave que únicamente ella abriría la puerta que tiene la información.

― Okey, entonces si un prosector está buscando un vídeo.

― Bueno él manda la solicitud a los equipos de la policía, esta pregunta a la empresa y basado en la cadena forjada por la información que solicita el abogado, la investigación procede y se remite la información multimedia.

― ¿Y usted qué hacía ahí?

― Bueno…

¿Sabe qué es la problemática en la enfermedad de la memoria?

― Que es mala…

como el “Alzh …

meimer”.

― Alzheimer, sí pero las actuales son peores, porque no requieren que sea una persona mayor para padecerlas.

― ¿Qué las ocasiona?

― Aún cuando lo que necesita está en la punta de la lengua de su interlocutora, no puede apresurarla, no ahora.

― Es común pensar que todo padecimiento de la memoria depende de un deterioro en las conexiones neuronales, ya sea en su medio de transmisión o en sus receptores.

Hay quien manifiesta que solo a la muerte de las neuronas es que el problema se presenciaba ― La voz se va amoldando a la de alguien que sabe de su tema ― Sin embargo, mi tesis habla de una sobre exposición a estímulos visuales repetitivos y nuevos, lo cual trae un sub-entrenamiento de los lóbulos mentales, estos mantenían a la gente con uso de conciencia, razón, pero servían como soporte a la glándula que regula el paso de la información de corto a largo plazo.

― Bueno pero si esto lo sabe ¿Qué buscaba?

Mientras salía del edificio desearía no haber hecho mal la pregunta cuando la conoció días atrás, no importaba la búsqueda, la información era lo que mató a su compañero.

Pero ¿Quién cuidaba de la información, quiénes eran los dueños del pasado y presente del mundo…?

“Esa era la pregunta”.

Ronroneando la quinta de Beethoven fue a su casa, no necesitaba cenar, podría guardar su apetito, para cuando encontrara a los bastardos, para poderles hincar el diente tan fuerte que nunca lo olvidarían en sus cortas vidas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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