Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 37
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
37: Capitulo 36 37: Capitulo 36 La camioneta avanza a la máxima velocidad permitida por los rieles magnéticos, más baratos que el combustible, pero con un servicio de protección para los menores, el cual funciona aún a las tres a.m.: ― ¡Malditos (beep) creadores (beep) Musk!
“Debido a las múltiples faltas al código de lenguaje en el transporte asignado a sus hijos, será multado con 100 créditos a partir del próximo exabrupto, a su vez se recomienda asista a clases de control de ira”.
― ¡Cállate!
― Como si no fuera suficiente con su dolor de cabeza, la pantalla de su ojo seguía parpadeando con la señal que lo sacó del sueño ― ¡Maldición por qué tenías que regresar a beber!
“50 créditos de multa, los otros cincuenta son tomados de su seguro contra maldiciones”.
El insulto que estaba por salir murió.
Los ojos de Luca no dejaban de moverse, los índices de alcohol en la sangre de su ahijado lo colocaban por momentos en puntos cercanos a la intoxicación etílica.
El raíl lo deja a tres calles, la zona es elegante, el halo rojizo de la vida nocturna apenas y se nota.
El bar es poco más que unas cuantas mesas, lo cual no impide que sea caro.
El solo acto de entregar su transporte dedujo 300 créditos más ― 200 del precopeo, 100 de la maldición que soltó ― la entrada lo recibe con un menú de bebidas, ya había gastado sin querer un dinero, la opción de un whisky solo sonaba tentadora pero terminó pidiendo algo dulce y ridículo.
Su mirada recorre con mucha aprensión, ahí estaba la ubicación del equipo de Sifuentes, la aplicación podía ser odiosa pero era efectiva, nunca la había empleado desde la activación años atrás, pero era famosa, más simple que la doble a mismos estándares moralistas de los padrinos que por apps buscaban a sus descarriados ahijados.
La familia Musk pudo haber metido una función de fotografía, pero no, no se les pasó por la cabeza que sería difícil dar con alguien en un bar lleno.
Con lo pegajoso en las manos ― de no ser por que el sensor aún está activo lo mucho que se quejaría Luca – atraviesa entre muchos, no importa qué son pues a esta hora ya están “colocados” y no les parece molestar ser aventados, mientras no exista ningún intento de acoso no consentido nadie se mete.
Al fin, a la derecha, en el fondo de la barra, una silueta muy conocida, de muchos recuerdos aparece.
― ¡Al fin!
― Repasa un poco lo que debe decir ― A ver, se supone que no harías más esto, ¡Sifuentes!
Me dejas decepcionado ante esta falta de coherencia ¡Estamos en plena investigación, una tan importante como no habíamos tenido en el departamento, antes incluso de que vinieras…
espabila!
En su ojo la luz roja pasa a tonos amarillos, la advertencia fue escuchada y ― por fin ― el pitido de asistencia se acaba.
Luca da una palmada, un poco demasiado fuerte en la nuca de Sifuentes.
― Vamos amigo…sé que ha sido difícil, pero ¿Qué bebiste?
― El vaso se nota bastante pequeño ― ¿Acaso fue alguno de esos tragos sicotropicales?
― Es alcohol de caña.
― ¡Estás loco!
― Ni en los momentos más bajos de su vida hizo algo así de peligroso ― ¡No hay otra!
Reportaré esto con la app.
Vendrán por ti amigo, un par de días te pondrán en forma.
― Ninguna forma.
Es para desinfectar mi herida ― Una mano aparece vendada con un pañuelo ― Este sensor ya era un poco viejo, oler alcohol no era suficiente.
El silencio de dos personas que acaban de transmitir algo es tan profundo como el ruido monótono de la música de moda.
― ¿Te obligaron?
― No…¿Sabías desde hace cuánto lo que buscaba?
― No hace mucho.
― ¿Él lo sabia?
― Del departamento nadie lo sabe.
Nadie lo entendería.
La sensación de traición permeó hasta el último espacio de la mente de Luca, pero al menos se sabía.
― ¿Sabes que quiero golpearte y no podrías defenderte?
― ¿Por qué me llamaste aquí?
― Tenía que confirmarlo ― La mirada de Haggard lo dijo todo ― ¿Era tan importante estar ahí?
― Sí.
― ¿Qué empresa maneja todo?
― Lo sabes o no estaría aquí.
― Necesito entrar ― El goteo de la carne volviendo a romperse añade un aroma propio ― Debo saber dónde está mi hija.
― ¿Sabes que controlan todo verdad?
― No había paranoia en su voz, en verdad ― Al menos lo que buscas lo controlan.
No sabes si serás el mismo al salir de ahí.
― Soy acaso quién fue o podría ser ― El puño salpica rojo ardiente ― ¡No son estupideces filosóficas!
¡Mi hija vive en un mundo y debo saber si hay información de dónde estuvo, qué mundo o realidad o la chingada!
― Pero…
― Al diablo las multas, un relámpago fugaz da paso a un tenue rojizo en el mar de neón ― No la buscaste antes.
― No parecía necesitarme.
― Claro…
¡Tan valiente como siempre!
― Pero por dentro sabía que era así ― No funciona así.
Necesitas conocerla, pensar en qué pensaba, entender qué sentía, para poder emular sus patrones emocionales y encontrarla.
Al menos su fantasma.
― Pero tú puedes recuperar esa información ― No era pregunta ― Mañana conseguiré los permisos.
― ¿Tomaste?
― Los conseguiré, tu haz la búsqueda.
― ¿Sabes que no necesitas un implante…
verdad?
― Lo sé, por eso hablé contigo, no tengo a nadie más en quien confiar.
La cuenta se paga, todo es restado de forma automática, casi 600 créditos por estar sentado y una porquería pegajosa de colores, mientras el auto de ambos llega la pregunta que vuelve loco a Luca sale al fin.
― ¿Seguro que no bebiste?
― Confío en ti ― Subiéndose al auto una voz se queda mientras él acelera ― Si lo hubiera hecho, no estarías de pie, ni respirando.
Su van tarda un poco más.
Había quien la consideró retro y le estaba tomando una foto para compartir el vejestorio activado por plasma.
No importó.
Otro cigarro y cincuenta créditos menos ― salió más barato por estar al aire libre ― la camioneta lo estaba mandando a casa.
― Cumpliré…te conseguiré la información que buscas…
pero no deberías confiar en mí.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com