Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 39
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39: capitulo 38 39: capitulo 38 La llamada no llegó al momento deseado, el reloj fue dando avances, las cuentas se pagaron y todo avanzó, menos ella, la investigación se acercaba a su tiempo de entrega, pero no importaba demasiado, él no regresó.
Se insistió que era una bobería, se metió a clases ― lo intentó ― y dedicó su mente a ocuparse de lo que fuera.
para quien dominaba lo que ocurría en la vida de los demás, estaba afectando su mente, pero no era él, dentro del esquema del hombre ideal, amable y al cual podría compartirle un gato y pelear por la almohada, era lo que representaba, la cámara de la sala, las escenas, racionalizadas, que aún así resultaban ajenas, estuvo con la vida en un instante, a un empujón de distancia, un tono arcaico le avisó que él estaba en la puerta.
Era su timbre de siempre, solo que nadie la visitaba…antes por preferencia ahora por que era poderosa entre los oficiales, pero ahí estaba él, su rostro, las ojeras, la mirada de secretos que estaban esperando para salir, de poder arrancaba la puerta.
― ¿Qué pasó?
― Las preguntas eran miles, pero la mueca, era una expresión de firmeza y de angustia.
― No sé quién más podría entenderme ― un vacilante paso se detuvo a la mitad ― joder, déjeme pasar, valdrá la pena.
― ¡Ya le dije que no había problemas por eso!
― de todos modos miró a los lados ― recuerdo que todavía le debo un café como tal.
Los pasos no eran tan inseguros como al principio, casi esperaba que le diera las gracias, pero eso no entraba dentro de la imagen.
En la repisa había una bolsa de café originario de las reservas de la sierra, lo compró de incógnito en un mercado campesino.
Sentía que cualquier policía la detendría al comprar mercancía que no pagaba impuestos, casi se sintió decepcionada de ver que a nadie le importaba.
Pero era un buen café, el aroma y un color ligero daba muestra de ser un manjar…
eso le dijeron.
Las tazas colocadas frente a frente de sus consumidores, una última barrera de intimidad, no había nada que cambiara o endulzara.
Los nervios la hicieron comer bocados sin parar, así que una sonrisa culpable era la única compañía, el café estaba amargo.
― Bueno quería…
― Hay miles de vidas.
― ¡Claro!
― No…hay miles de vidas en mi hija.
― No te sigo…
¡le sigo!
― No vendría con usted de tener otra opción, no podrá publicar nada, no habrá gloria en lo que le diré.
― ¡Sifuentes, mírame!
― Su mano sorteó la cubertería y tomó una mano dura por la vida y la tensión ― te escucharé y podremos resolverlo ¿qué dices?
¿Me das ese voto de confianza?
― Fue primero el implante ― los ojos de Haggard recuperan un poco de profesionalismo ― ningún lujo, un modelo de alta velocidad, pagado por las prestaciones que recibo por parte de la empresa ― haciendo espacio en el peinado, un 8, un infinito se iluminaba en un suave tono pastel ― así conseguí la llave para buscar a mi hija.
― Pero la viste…eso fue lo último que supe ― llamadas atrás se enteró por la policía de que un pez gordo había ido a alborotar a la gente ― pero él dijo que tu hija estaba ahí.
― Lo que está no es ella, no es nadie…
Un poco después, cuando el café dejó de quemar en la boca, su primer impulso fue reclamarle, ningún padre ― ni siquiera quienes sufren de alienación parental ― hablan así de sus hijos, solo los que han visto algo horrible hablarían así.
― ¿Necesita terapia?
― No, ella era parte de algo, mucho más grande y quedó atrapada en los intereses de las personas.
Tengo días tratando de sacarla de ahí.
― ¿De dónde?
― De los mundos paralelos.
Sin más, Luces Perdomo, psicóloga criminalista, camina al refrigerador, un tintineo avisa que hay algo caro.
― ¿Tequila?
― Adelante, no puedo tomar, si alguna vez espero encontrarla ― el sonido terminó en toses, pero después de un poco reinició y se prolongó unos segundos más.
― Lo que me dices no tiene sentido, pero asumamos lo que dices.
Primero ¿Quién está aquí?
― Ella.
¿Está bien entonces?
No.
¿Cómo la encontrarás…?
― era importante seguir el hilo, pronto debería tener sentido ― …
a tu otra hija?
Ella no es otra sino que son sus emociones; su yo es el que no está, todo lo que ha vivido, se fue.
¿A los mundos paralelos?
No, lo que busco es lo poco que quedó de ella aquí, estos bastardos la hicieron entrar a Ouroboros, una y otra vez, cada momento que vivió ahí desapareció en la nada, pero regresaba un poco menos a la vez.
Dice mi especialista que no es posible que resistiese tantas vidas en tan poco tiempo ― la cerámica se somete a una prueba de tenacidad y pierde.
Los restos del café generan un goteo rojo oscuro ― ¡Pero lo hizo!
Esta vez no hay botiquín, Luces no puede moverse, es una imagen que no hay cómo seguir.
― Mil vidas, ese fue el estimado de Luca, mil conjuntos de fragmentos que componen lo que sintió.
Eso esta ahí en el sea data, ahora entiendo…
¡maldita sea la explicación!
Pero la entiendo.
― ¿Qué?
Lo que tenía que sentir, su matriz de emociones.
No te sigo.
Nadie podría a la primera, pero escucha: ella fue grabada, todo lo básico de cada una de sus encarnaciones, Ouroboros las tiene ahí, ahora ― tocándose la cabeza ― están aquí, en mi mente.
Por eso no querían que averiguara… Sí.
¿Pero entonces la encontraste?
Sí.
No diré que eso es bueno por lo que veo.
Cada una de sus vidas tiene un fragmento que la hace enteramente suya, mas allá de los programas y simulaciones, por momentos son intereses, algunos son muecas, expresiones, deseos, miedos; están en el sea data, pero para que pueda juntarlos debo experimentar todo lo que los demás han sentido, yo soy el anzuelo.
La botella ha llegado a la mitad.
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