Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 42
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Capítulo 42: capitulo 41
Las piernas de Sifuentes cedieron y dio con el piso. Trató de moverse y no pudo; su cuerpo protestó como nunca, ni en los rallies donde exigían al gobierno que se pagara a las empresas para que la partenogamia fuese subsidiada, pero no tenía ni media hora y estaba jadeando, sin embargo ese niño solo la veía con desdén… al menos es una compañía menos horrible que el sitio que en un momento llamó hogar o empresa por la que moriría gustosa.
― Niño…
― ….
― ¿Me escuchas? ― la pregunta se hizo al segundo día, ese mocoso solo se sentaba mucho tiempo y luego hacía estiramientos ― recuerda que eres pequeño pero podrás salir de aquí, al menos tú sí.
― … ― en ese momento vio que sí había contestado pero no se escuchaba nada.
― Calma ― mientras decía usaba las palmas en movimientos descendentes, tratando de influir en su estado anímico ― aquí estaré…ya verás que vendrán los del centro de apoyo a los menores.
Un gesto usado con una mano le dio a entender que él no esperaba nada, de nadie, lo cual le hizo pensar a Susana que sí la escuchaba y habló en voz baja, de noche, mientras se bañaba. Todo lo que vivió, fuese a favor o en contra de la empresa, no se guardó nada, para ella pues era la oportunidad perfecta, así usaran la grabación para atacarla. Pero ella esperaba que respetaran la vida del niño. Era su esperanza para que la historia de su vida no se perdiera en los sótanos de la compañía.
Al día siguiente pudo determinar que el niño era temido, la gente que le llevaba la comida ― la misma pasta gris asquerosa según Sifuentes ― él la comió sin más, apenas terminó ese vómito y se sentó con los ojos cerrados mantuvo un silencio por media hora, con la calma que se notaba. Ella quiso intentar, pero no podía. Sus piernas estaban rígidas y no dejaba de escuchar los gingles en la habitación, estos ya habían comenzado a afectar su juicio por eso platicaba aunque no lo escuchara en sí.
En la noche a la tortura del sueño le sumaron las luces intensas y blancas con calidad hospitalaria, la mente de Susana había comenzado a desvariar por mucho que se esmeraba en meditar, pero vio al niño alzar un dedo, uno solo y en un movimiento pendular le dijo que no, así no se hacía y se paró y comenzó a mover su cuerpo. Nada de patadas, no golpes solo deslizar su peso y su movimiento de un lado a otro. Parecía un movimiento de olas del mar, sin nada que perder comenzó a imitarlo y pronto dejó de escuchar un poco, lo imitó hasta que el niño asintió y volvió a sentarse, ahí vio un modo de salir de la tortura.
Cuando la noche se convirtió en día y vinieron a sacarla de su habitación, la señora Sifuentes notó que había dormido sin interrupciones, ni las luces ni los anuncios. Tenía la mente bastante relajada. Había recibido ayuda de un sitio que no esperó.
En la tarde con el bigote aún puesto, ella gritó por unos cuantos minutos sus agradecimientos.
parece un capitulo corto, por eso subire el siguiente.
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