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PAKNEY - Capítulo 35

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Capítulo 35: Criatura de las Profundidades

Aterrizó con un crujido metálico sobre tierra firme. Elizabeth descendió con cautela, adentrándose en aquel lugar olvidado por el tiempo. Las paredes y el suelo estaban infestados de insectos que corrían y se ocultaban entre grietas y orificios corroídos. Más allá, un vacío oscuro se extendía como una herida abierta.

—Ukraxia… —murmuró Elizabeth, con la voz temblorosa.

—Dígame. —respondió la nave, siempre calmada.

—Aquí no habrá… animales mutantes ¿verdad?

—No. La vida animal se extinguió hace décadas. Solo quedan pequeños insectos. No tiene de qué preocuparse.

—¿Segura? Esos bichos… ¿no podrían evolucionar en algo peor?

—Para que ocurra una mutación de ese tipo, la criatura tendría que sobrevivir a cambios extremos en su ADN. No hay condiciones para eso.

—Ya… —respondió Elizabeth, sin convencerse del todo.

Avanzó con pasos lentos, descendiendo por un hueco en el piso. El agua corría entre baldosas rotas, y la maleza se enredaba en los muebles oxidados y muros agrietados.

Bajó por escaleras colapsadas y túneles improvisados, hasta llegar a un pasillo donde el eco de una gota resonaba como un metrónomo siniestro.

—Bien… solo unos metros más. Ukraxia, ¿me escuchas?… Ukraxia… —silencio—. Genial, justo en el punto más bajo del edificio tenía que perder la señal. Por cierto, ¡la señal tenía que estar en la parte más baja del edificio!

El grito reverberó por el pasillo y, por unos segundos, la soledad pareció tragarse su voz.

—(Tal vez lo hicieron a propósito para alejarte lo suficiente y robarte la nave) —resopló Ersod en su mente—. Pero como alguien no me hace caso…

Entonces algo metálico cayó al fondo del corredor: un sonido seco, resonante.

—Shh… espera. ¿Escuchaste eso?

—(No me calles. Lo que te digo es por tu bien.)

—No, en serio. Algo se movió hacia allá —dijo, señalando el lado derecho del pasillo.

Agudizó el oído. Primero fue un arrastre, después dos golpes sordos, como si algo se impulsara con esfuerzo. Gracias a su visión nocturna distinguió una forma que se asomaba:

Una cabeza grotesca emergía de la oscuridad. Ojos enormes, manos malformadas con tres dedos, y un cuerpo alargado y obeso que se deslizaba por el suelo.

Su cráneo recordaba a un tiburón martillo, y los ojos colgaban casi hasta el piso. Al verla, ladeó la cabeza, revelando una boca alargada con dientes en espiral.

La gota seguía cayendo. El silencio se volvió absoluto. Elizabeth, paralizada, no podía apartar la mirada de aquella aberración.

Antes de que la siguiente gota tocara el suelo, la criatura soltó un alarido agudo, como el llanto de un niño, y se lanzó hacia ella con desesperación. Su boca se movía de lado a lado, y Elizabeth corrió, pero el miedo le entumecía los músculos. Era como si su cuerpo no respondiera del todo.

El monstruo la seguía de cerca, tambaleándose y chocando contra las paredes. Un derrumbe bloqueaba el pasillo, pero Elizabeth se deslizó entre los escombros con agilidad. La criatura, en cambio, los destruyó con brutalidad.

A su izquierda, unas escaleras descendían al siguiente nivel. Sin pensarlo, bajó por ellas, esperando que el monstruo no pudiera seguirla. Pero al mirar atrás, lo vio colarse también. Su cuerpo gelatinoso se adaptaba, y sus manos delanteras lo ayudaban a arrastrarse.

Elizabeth tragó saliva. Tenía que pensar rápido.

—(¿Sabes que podrías matarlo de un solo golpe, ¿verdad?) —intervino Ersod.

Ella lo ignoró. Divisó una rejilla de ventilación rota. Se transformó en el Baibee y voló hacia ella. Su ropa callo, en ese momento recordó el dispositivo que Ukraxia le había dado: el micrófono y el localizador habían quedado atrás, en el suelo.

Se ocultó en la rejilla. El monstruo pasó de largo, sin notar su presencia. Pero se detuvo. Al no ver nada, comenzó a retroceder lentamente, revisando habitaciones, como si supiera que su presa no podía estar muy lejos…

—(Esa cosa es hasta inteligente).

—(Y aun así tú le ganarás).

—(¡Pero es que es muy fea!).

—(¿En serio? Te enfrentaste al número uno del ranking de cazadores y ahora le tienes miedo a esa cosita. Comparada con Ibigort, no es nada).

—(¡Ya lo sé! Pero los nervios me ganaron, ¿sí? No es tan fácil enfrentarte con tus pesadillas).

Ersod suspiró: —(Bien, hazlo como quieras. Yo estaré viendo cómo te complicas la vida desde primera fila).

—(Mimimi… espero que no rompa los dispositivos).

De pronto, la aberración volvió a emitir sus chillidos extraños, arrastrándose escaleras arriba. El eco de sus movimientos resonaba como un goteo metálico, cada vez más lejano.

Elizabeth aguardó en silencio, conteniendo la respiración.

Cuando dejó de oírlo, recuperó su forma original y bajó con rapidez, recogiendo los dispositivos y la ropa. Por suerte, parecían seguir funcionando… al menos por ahora.

Descendió hasta el último piso. El agua le cubría apenas la parte superior de los zapatos, y el aire húmedo le erizó la piel. Un montón de escombros bloqueaba el paso, formando un pequeño estancamiento en un sector del pasillo; del otro lado, en cambio, el suelo estaba seco.

Entonces lo vio: un pequeño cilindro blanco, titilando débilmente en la penumbra. Elizabeth se acercó para tomarlo, pero el artefacto desplegó diminutos paneles laterales y comenzó a desplazarse como si tuviera voluntad propia. Avanzó unos metros, se detuvo y luego regresó hacia ella.

—(Creo que quiere que lo sigamos).

—

Con paso cauteloso, Elizabeth siguió al cilindro, temiendo encontrar de nuevo a la criatura. El aparato entró con dificultad por un agujero en la pared, hasta alcanzar el último cuarto al fondo del pasillo.

Allí, entre escombros, reposaba un dispositivo alargado lleno de botones y cables. A su lado, dentro de una cápsula destrozada sobre un escritorio metálico, descansaba un robot incompleto, apenas construido hasta el torso. Un acuario rectangular quebrado, cubierto de polvo, completaba la escena.

—Parece un laboratorio de tecnología olvidada… —susurró.

El cilindro se estrelló varias veces contra la supuesta CPU, como si intentara llamar su atención. Elizabeth lo recogió: notó una entrada USB en su base.

Miró el dispositivo mayor y sus múltiples puertos, sin saber en cuál debía conectarlo. Sin embargo, el grito lejano de la criatura terminó con sus dudas. No había tiempo. Eligió un puerto al azar, lo enchufó y corrió a esconderse junto a la entrada, conteniendo el aliento mientras espiaba el pasillo.

Silencio. Nada apareció.

De pronto, el cilindro se desplomó al suelo, titilando erráticamente. Elizabeth se apresuró a recogerlo; apenas lo tuvo en las manos, se apagó.

—(Debe de ser una unidad de almacenamiento… increíble que haya resistido tanto tiempo sin dañarse).

—(O una simple distracción. En fin, volvamos antes de que Ukraxia se aburra esperándote).

Elizabeth suspiró con pesadez. —(Ahora lo peor será la subida…).

Emprendió el ascenso por las mismas escaleras, y la mala fortuna la enfrentó cara a cara con la criatura. Apenas lo diviso acercándose a la entrada de las escaleras, su pulso se disparó; la adrenalina hizo que todo se acelerara. Sin pensarlo, y antes de que la aberración intentara meterse, salió disparada corriendo con todas sus fuerzas, hasta alcanzar la superficie.

—(¿Ves? No era tan difícil usar tu velocidad. Y si lo hubieras golpeado, ahora sus sesos estarían decorando las paredes).

—No gracias… no quiero esa imagen en mi cabeza cuando intente dormir.

Entonces, la voz de Ukraxia retumbó clara en su audífono:

—¿Señor? ¿Señor? ¿Me escucha?

—Sí, te escucho, Ukraxia. ¿Todo bien allá arriba?

—Sí, señor. Solo perdimos comunicación porque el audífono no pudo mantener la señal.

—Entiendo… ¿sabes algo, Ukraxia?

—Dígame…

—¡Había una criatura de lo más espantosa ahí abajo! ¡No vuelvo a poner un pie en planetas que tuvieron radiación!

Se dejó caer sobre el suelo, rodando de un lado a otro mientras gritaba para desahogarse. Ukraxia, por su parte, guardó silencio… incapaz de comprender si su amo hablaba en serio o simplemente intentaba convencerse a sí mismo de que todo había terminado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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