Peligrosa Seducción - Capítulo 3
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3: Como fantasma 3: Como fantasma – ¿Son solo ustedes?
Amelia se quedó sin palabras, no sabía que decir, su piel era blanca como el papel, Kate respondió.
-Espero que no profesor, por lo general son pocos los que vienen la primera semana.
– Mmm… bueno en ese caso, esperaremos hasta el lunes para registrar la asistencia.
Aunque hablo para los presentes, Chris no pudo evitar verla solo a ella, no pudo ni siquiera mirarlo por temor a sonrojarse y que Kate sospechara algo, fue en vano, Kate vio como Chris la miraba.
– ¿Y… bueno que hacemos?
-Si no tienen más clases pueden retirarse.
Amelia agarro su mochila dijo gracias y salió casi corriendo, se dirigió al baño que estaba al final del pasillo, entro a un cubículo y maldijo su suerte, como puede ser su profesor, uso la lógica y bueno pensándolo bien la clase es de Derechos Humanos y él es abogado, es solo coincidencia, por lo general la mayoría de los profesores del horario nocturno son viejos y ella ya conocía a todos pero se ausento años, no había forma de saber que el seria su profesor si al revisar la lista de docentes en la materia de Derechos Humanos no decía nada.
Escucho que la puerta se abría y escucho a Kate que hablaba por teléfono, cuando colgó se dirigió al cubículo donde estaba ella.
-Ya me vas a decir que paso y por favor no insultes mi inteligencia mintiendo.
-Daniels es el hombre del parque.
-El que quieres que te deje en paz.
-Si, pensé que no volverías a verlo.
-Como no querer ver a ese papasito.
Amelia sale del cubículo y la mira con reproche, se lava las manos y moja su cara, su reflejo en el espejo es de un fantasma, sigue asustada, su corazón late a mil por segundo.
Se llevó la mano al pecho y saco su celular del bolsillo de su pantalón, eran apenas las seis de la tarde.
-Quieres ir a tomar algo, aún es temprano y tenemos mucho que hablar.
-Si claro, deja que envíe un mensaje a mi hermana.
-Quiero que me digas todo respecto al profesor.
Salieron de la facultad camino a un bar que quedaba a unas cuantas cuadras de la universidad, ya era de noche y en el campus todo se ve diferente, los arbustos sirven como escondite para los jóvenes amantes o para recostarse en el césped y descansar, los faroles tenían una luz semi naranja que daba una apariencia de bosque tenebroso, llegando al bar pidieron una jarra de cerveza y Kate encendió un cigarrillo, absorbió una pitada y boto el humo por la nariz, su cara denotaba placer.
-No sabía que fumabas.
-Desde antes del divorcio.
-Eso te va a matar.
-Sobreviví a la infidelidad, sobreviví al divorcio estoy segura de que sobreviviré a esto, por lo menos el cigarrillo no me engaña.
Amelia se toma un gran sorbo de cerveza y enciende un cigarrillo de menta, Kate la mira con los ojos entrecerrados, ella sonríe y bota el humo haciendo una curva con la lengua.
-Y no que no.
-Solo quería saber si estabas consciente del daño que causa.
-Y tu porque fumas.
-Hace años fumaba, pero lo deje cuando nació Matt, ahora lo hago muy de vez en cuando.
La conversación siguió en torno a sus vidas, Amelia hablaba de lo hermoso que era ser madre y de lo sola que se sentía en ocasiones, Kate hablaba de cómo sus hijos cayeron en depresión después del divorcio, Aurelio su hijo mayor decidió quedarse con su padre, Dylan el menor lloro los tres primeros meses después de la separación, Ana que era tres años menor que Aurelio aun no le habla a su padre.
Entre risas y el humo del cigarrillo se les paso el tiempo.
Mira su celular y vio una llamada de su hermana, le dejo un mensaje de voz en WhatsApp diciendo que iba en camino.
Salieron del bar se despidieron y tomaron un taxi cada una en dirección opuesta.
Al llegar a casa Amelia vio a su hermana dormida en la sala frente al televisor, la llamo suavemente y ella despertó y se fue a su cuarto, subió a su habitación se ducho y antes de acostarse a dormir le envió un mensaje de voz a su esposo.
Mensaje de voz: Amor ¿cómo estás?…
No me has escrito en todo el día, espero estés bien, mi primer día fue tranquilo, no adivinaras a quien me tope… recuerdas a Kate, espero que sí, pues ella está en mi salón, aun no sé si estará también Leslie.
Bueno espero hayas tenido un buen día.
Te amo, Matt te ama, Te amamos.
El día de Amelia pasa como de costumbre con una pequeña variante ahora tiene que arreglarse para ir a la universidad.
Mientras elegía que ponerse se sorprendió viéndose al espejo y sonriendo, la idea que pasaba por su cabeza era de si atraería la atención de Chris de, si su figura se dibujaba bien con ese vestido o se ponía jeans con una blusa con cuello de tortuga que era más conservador, eligió lo segundo.
Se despidió de Matt y de su hermana, camino hasta la parada del metro ya en el bus, se colocó sus audífonos y escuchaba una canción de Ricardo Arjona “dime que no”, dime que no?
pensó ella, esa frase se le hacía graciosa, que pasaría si Chris es de ese tipo que no tolera el rechazo, puso atención a lo que pasaba a su alrededor, el metro se había llenado y habían muchas personas de pie, cada uno en su mundo usando audífonos y mirando hacia el infinito, en la siguiente parada se subió una mujer embarazada, no dudo en ceder su asiento, dos paradas más y llego a su destino, caminando a la facultad se aliso el cabello con los dedos, se acomodó el pantalón y se hecho perfume un poco de crema para las manos y una menta, su primera clase era con Chris y estaba muy nerviosa esperaba que ya hayan llegado más compañeros, en especial su amiga Leslie, era curioso la forma en la que Leslie se alejó de ellas, las pocas veces que toco el tema Kate le dijo que era mejor de esa forma.
Amelia llego a la facultad subió a su salón y se sentó a esperar, aún no había nadie, como siempre; saco su celular y miro unas viejas fotos de ella con sus amigas, recordó cuando conoció a Kate hace seis años ambas estaban en la fila para matricularse a primera vista no tenía mucho que pensar sobre ella, Kate era de estatura baja de complexión gruesa, cabello rojo y ojos marrón, se hicieron amigas de inmediato, con tanto en común, pero cuando conoció a Leslie fue una impresión diferente, Leslie había llegado con una semana de retraso era muy hermosa de complexión delgada, cabello negro y ojos negros su mirada era coqueta.
Recordó también la primera vez que le presento sus amigas a su esposo, Ernesto no era de muchas amistades, pero las pocas que tenía eran sus amigos de años, en aquella fiesta Leslie se fue temprano sin decir el porqué, fue extraño pero su presencia no hacía falta para que ellas se divirtieran, Ernesto y Carlos hablaban muy tranquilos con una cerveza en la mano junto al mesón de la cocina, aunque no se escuchaba de que hablaban por la música sus carcajadas si se escuchaban en toda la casa, cuando la fiesta acabo, Amelia agradeció a sus amigos su asistencia, Kate se quedó para ayudarle a limpiar.
-Gracias por ayudarme, no deberías hacerlo eres mi invitada.
-No pasa nada, eres mi amiga.
-Sabes porque Leslie se fue así de pronto.
-Mmm… No tengo idea, seguro mañana nos cuenta.
– Crees que a Ernesto le agrado?
-No lo sé, no me fije.
Kate se notó molesta en ese momento, indago un poco más.
– ¿Porque estas molesta, que paso?
Viste algo.
-Tú sabes cómo es Carlos, pero mientras bailamos el no dejaba de mirarla; así que me acerque y le pregunte si estaba bien.
– Y que te dijo él.
-Dijo que todo estaba bien.
-Le creíste.
-Claro que no.
Siguieron recogiendo las cosas de la casa, Ernesto y Carlos salieron a botar la basura y aprovecharon para charlar.
– ¿Cuánto tiempo llevas casado?
– Como cuatro años sin contar el noviazgo Carlos: Es mucho tiempo Ernesto: Mucho más de lo que crees, nos casamos a los dos años de novios ya era momento de…ya sabes…sentar cabeza.
-Y como haces, es decir, casi no pasas tiempo en tu casa, por lo que me conto Kate.
-Fue difícil al comienzo, pero creo que poco a poco nos hemos acoplado.
Carlos siguió hablando de temas en relación con deportes, trabajo, cosas afines y la expresión de Ernesto cambio cuando Carlos nombró a Leslie.
-Y… que tal.
He…
Muy guapa Leslie -Mmm…
Supongo.
Carlos sonrió divertido y se dio cuenta que lo incomodó, era la primera vez que Carlos y Ernesto hablan, aunque por sus esposas ya sabías cosas el uno del otro.
Ernesto terminó con la basura y sacó un cigarrillo, le ofreció uno a Carlos quien no dudó en aceptarlo, se apoyaron en el auto que estaba estacionado en la acera y Carlos lo intentó una vez más.
-Ya conocías a Leslie?
-Que te dio esa impresión.
-Nada…solo tu expresión cuando tu esposa te la presento.
-Nada que ver.
Ernesto no quiso hablar más del tema de Leslie y sabía bien que Carlos seguiría preguntando, terminaron su cigarrillo y entraron a la casa.
Cuando ya estaban en la cama hablaba de él éxito de su fiesta y de los muchos elogios que recibió como anfitriona, por su parte Ernesto estaba recordando la primera vez que conoció a Leslie, era la despedida de soltero de su mejor amigo y el regalo de toda la pandilla era una stripper dentro de una caja de regalo gigante, el novio recibió su regalo y los caballeros siguieron bebiendo al terminar la fiesta Ernesto fue el conductor designado así que no bebió , uno a uno dejo a sus camaradas en sus casas y al pasar por el departamento del novio y verificar que todo esté bien siguió su camino, a dos cuadras encontró a una muchacha haciendo de la mano intentando parar un taxi, traía un gran bolso donde se asomaban unas plumas ya era muy tarde para que una joven esté en la calle.
– ¿Señorita la llevo alguna parte?
– ¿Es algún tipo de depredador o violador o asesino?
Ernesto sonrió – No, soy un hombre inofensivo, solo la quiero ayudar.
– No tengo como pagarle, quedaron en recogerme después de un trabajo.
– Tranquila, suba dígame donde la llevo.
– Mucho gusto mi nombre es Leslie.
Ernesto acento con la cabeza mientras la miraba por el retrovisor.
– Cuénteme que hace usted a esta hora en la calle.
– Soy bailarina y en ocasiones hago despedidas de solteros.
– Usted fue la bailarina en la despedida de Cesar Andrade.
– Sí, ¿tú estabas ahí?
ahora te reconozco el tipo serio del fondo, cuando me acerque a ti, me rechazaste y tus amigos te gritaron aburrido.
– Si, ese mismo.
– Eres gay?
– No – Nunca nadie me había rechazado.
– Estoy casado.
– Con que casado… y tu esposa es fea y gorda.
– No, ella es hermosa.
– Así que felizmente casado.
– Bueno llegamos, sana y salva.
– Gracias, mi héroe, no me dijiste cuál es tu nombre.
– Creo que así es mejor, tómalo como la ayuda de un buen samaritano.
– Y mi buen samaritano no me va a acompañar a la puerta, algo me puede pasar hasta llegar a la entrada.
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