Peligrosa Seducción - Capítulo 4
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4: Mis ojos en ti 4: Mis ojos en ti Ernesto sonrió divertido, intento mantener la compostura pues aquella muchacha le removió el piso.
Salieron del auto en dirección a la entrada.
Leslie le pregunto la hora y Ernesto saco su celular, ella lo tomo y anoto su número, le dijo que si en algún momento quería hablar con alguien le marcara sin importar la hora.
Ernesto extendió la mano y muy hábilmente Leslie lo enredo y le planto un beso, Ernesto se quedó petrificado, aunque correspondió el beso.
– Tenía que pagar de alguna manera.
– Eso no era necesario.
– Hombres como tú no existen, no sé si te volveré a ver y quería tener un recuerdo de mi buen samaritano.
Ernesto llego a casa con el sabor de los labios de esa chica, mientras se duchaba cerro los ojos y en su mente tenia a Leslie, sus ojos negros su cuerpo delgado, pero con curvas su largo cabello negro; salió de la ducha y al ver a su hermosa esposa dormida sentido un poco de remordimiento, pero sacudía esas ideas de su cabeza y se excusaba al pensar que era algo que paso, algo que el no busco y no provoco.
……..
Amelia se había quedado dormida sobre la mesa mientras esperaba a sus compañeros Kate estaba sentada a su lado revisando su celular.
A su alrededor había más personas se froto los ojos y miro a todas partes, tres personas en la mesa de la esquina, dos en la mesa del centro y una mujer rubia de cabello corto en la mesa de enfrente cerca del pizarrón.
– ¿Cuánto tiempo me quede dormida?
– Solo te diré que todos aquí escucharon tus ronquidos.
Amelia se puso roja y Kate río a carcajada, la puerta sonó y otra vez ese perfume sintió un nudo en el estómago.
Chris entro con su maletín cruzado en el pecho, pantalón blanco, camisa celeste agua, saco y cinturón azul marino.
Saludo a la clase, se disculpó por llegar tarde y llamo a cada estudiante que estaba en la lista que tenía en la mano, no lo había mirado, respiraba profundamente intentando calmar a su estómago, no lo consiguió y supo eso al escuchar su nombre y solo alzo la mano.
Chris tenía el cabello revuelto una barba de dos días y unos lentes que no permitían ver muy bien sus ojos verdes, su mirada era risueña pero su expresión estaba rígida.
– Muy bien, veo que ya están todos, mi nombre es Christopher Daniels para los que no me conocen y soy abogado y su profesor de Derechos Humanos, mi materia no es fácil y lo más importante lean, lean mucho.
Conmigo tienen la última hora, sé que es pesado intentaremos terminar lo más pronto posible, llamare a cada uno por la lista para irlos conociendo.
La primera persona fueron los de la mesa de la esquina, acto seguido los de la mesa del centro y casi al final ella.
– Buenas noches mi nombre es Amelia Ferrer tengo veintisiete años, casada, tengo un hijo de cuatro años y estoy retomando la carrera ya que por mi embarazo la tuve que pospones.
Chris la observaba con los ojos entre cerrados, se veía hermosa con esa blusa de cuello de tortuga y su perfume lo percibía con claridad un aroma dulce y con notas de flores, cruzo la pierna y cuando ella estaba a punto de sentarse interrumpió.
– No le he dicho que puede sentarse!
– Mi presentación termino.
– Por favor, vuelva al frente y responda porque eligió esta carrera.
– A ninguno de mis compañeros le ha preguntado eso.
– Se lo estoy preguntando a usted.
– Para ayudar a las personas.
– En qué forma, ayudarlos, no considera usted que ya hay muchos profesionales en el campo laboral.
– Supongo que sí, pero planeo especializarme… La chica rubia de pelo corto sentada frente al pizarrón alzo la mano y hablo.
– Profesor disculpe mi interrupción, pero el tiempo corre y aún faltan compañeros que deben presentarse.
– Disculpada, ya que hizo notoria su preocupación por sus compañeros, quienes faltan.
Todos se miraron entre ellos.
– Así que solo falta usted, haber señorita preséntese.
-Buenas noches, compañeros mi nombre es Lucrecia, pero me dicen “Lu”, tengo veinticuatro años, soltera, en la mañana trabajo de secretaria en una importante empresa de importación y exportación.
– Bueno chicos, para la siguiente clase traigan un ensayo de “Como se constituyeron los Derechos Humanos”.
Eso es todo nos vemos en la siguiente clase.
Todos recogieron sus cuadernos ella estaba a punto de salir corriendo, Chris se acercó a ella, pero antes de poder decir palabra alguna Lucrecia se interpuso.
– ¡Chris!…
puedo llamarlo Chris, tengo una duda.
– En que la puedo ayudar Lucrecia.
– Por favor llámeme “Lu” Chris observo por encima de Lucrecia como Amelia cruzaba la puerta, su mirada cambio y la miro fijamente, Lu era delgada pero voluptuosa, sus ojos eran azules y sus labios carnosos y rosados.
– Haber Lu en que le puedo ayudar.
– La tarea de cuantas paginas debe de ser?
– Las que usted quiera, permiso me tengo que ir.
Aunque fue un poco brusco en sus palabras Chris salió a toda prisa tras Amelia, pero no la encontró, subió a su carro y salió por la calle principal del campus, su celular sonó era su ex, se orilló y atendió la llamada.
– ¿Qué quieres?
– ¿Quería saber cómo estabas?
– No es un poco tarde para eso.
– Lo sé, me equivoque ya te lo he dicho de mil maneras.
– Nada será suficiente, tu estarías igual si estuvieras en mis zapatos.
– (suspiro) Aun te amo.
– Sí, claro.
Chris miro por el retrovisor y vio como cruzaba la calle, colgó el teléfono y salió corriendo del auto, la siguió hasta la parada de autobús.
– ¿Qué casualidad!
Amelia lo miro con los ojos entre cerrados – No te creo.
– Esta bien no fue casualidad, te seguí porque como buen vecino, amigo y maestro me preocupo por tu integridad, además este lugar está muy oscuro para que estés sola.
– Se cuidarme, gracias.
– No lo dudo, pero como un buen amigo, te ofrezco mi ayuda, déjame llevarte a tu casa.
– No necesito que me rescate, no soy una damisela en peligro.
– Esta bien mi damisela, permítame acompañarla hasta que llegue su medio de transporte… aun pasaran los carruajes por aquí.
No pudo contener la risa y soltó una gran carcajada que ilumino el lugar, Chris la observo divertido, llego el autobús y mientras la fila avanzaba buscaba en su cartera cuando fue su turno, maldijo.
– Mierda!
El autobús se fue y ella seguía revisando su cartera, saco su celular estaba sin batería, Chris la observo, se había recogido el cabello dejándose unos mechones a los costados de las orejas, había sacado sus lentes de lectura y llevaba puesto una chaqueta de cuero, bajo la luz naranja del paradero, la contemplo como se contempla a un ángel.
– ¿Hay algún problema?
– No encuentro mi tarjeta del autobús y gaste lo que tenía de dinero en comida, mi celular esta descargado, mierda, mierda, ahora que hago.
– Mi oferta sigue en pie.
– No, no tienes que hacer eso, yo puedo sola.
– A mi forma de ver las cosas solo tienes dos opciones o dejar que te lleve…o… que el tipo que esta haya te robe.
Amelia miro sin disimulo, la sangre se fue a los pies, no tuvo más opción que aceptar que la llevara, caminaron hacia el auto que estaba un poco lejos de la parada, no dijeron nada hasta que se subieron al auto.
-No…digas nada.
Chris sonrió y encendió el auto.
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