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Peligrosa Seducción - Capítulo 5

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5: Seducemé 5: Seducemé Amelia no había reaccionado a su situación, se encontraba nada más y nada menos que sentada junto a Christopher Daniels, en su auto y sola, miró por la ventana las tiendas y locales ya estaban cerrados, había unas cuantas personas caminando unas distantes de otras, sintió ese cosquilleo en la entre pierna, respiró profundo y se acomodó en el asiento.

Chris la observaba con los ojos entre cerrados, fijamente, casi sin parpadear, sus manos estaban en el volante que sujetaba con fuerza.

-Creo que ya deberías ponerlo en marcha.

– Déjame observarte un poco más, en la clase no lo puedo hacer.

– Toma una foto dura más.

– Ya te tengo tatuada en la retina.

Lo observo con los ojos bien abiertos, sentía un torbellino de sentimientos, sus manos empezaron a sudar su corazón latía tan fuerte que lo sentía en los oídos, por un momento pensó que le daba un ataque de ansiedad.

Saco su celular del bolso intentando mantener el control, era más tarde de lo que imaginó.

Chris despegó una mano del volante y lentamente lo acercó a su rostro, lo tomó y acarició con el dedo pulgar, sus ojos observaban sus labios y su dedo siguió el mismo camino, los froto lentamente, sus dedos se deslizaron a su cuello y rozó su nuca.

Ella respiraba agitada, tenía sus ojos cerrados por temor a ver a Chris y dejarse llevar, – fue en vano su cuerpo quería reaccionar-, sintió su cálida mano acariciando su mejilla, frotando sus labios y rozando su nuca, estaba excitada, quería lanzarse sobre él, besarlo, acariciarlo, morder sus labios, arrancarle la ropa y hacer lo que la cordura no le permitía.

Chris se acercó poco a poco hasta su rostro, estaban tan cerca que sentían su respiración, -exquisita- dijo él, abrió los ojos, los labios de Chris estaban tan cerca, por un momento se olvidó de todo y de todos, sonó su celular, se alejó rápidamente.

– Si!, ¿con quién hablo?

– Soy yo, estoy preocupada ya es tardísimo, ¿estás bien?

– Si!

discúlpame se me paso el tiempo, dame unos minutos voy en camino.

– Ok, por cierto, Ernesto llego, dijo algo sobre que le dieron la franquicia antes, se quedó dormido en el sillón.

– ¿Cómo?, ya llego!

Puedes llevarme a mi casa -dirigiéndose a Chris-.

– ¿Paso algo?

– Sí!

Mi esposo llego.

– Que mala suerte la mía, justo que estaba por besarte y te llaman, continuamos donde nos quedamos -con tono burlón-.

– No me parece gracioso, puedes arrancar ya.

Chris puso el auto en marcha, Amelia se veía molesta, en todo el camino no cruzaron palabra, guiado por el GPS y unos cuantos atajos, llegaron en menos de veinte minutos.

Le agradeció y ante de bajar del auto.

– Esto nunca pasó, mantente alejado de mí por favor.

Se bajó del auto, cerró la puerta y camino hasta la entrada de su casa, no miro atrás ni por un momento.

Saco sus llaves y entro, respiro profundo antes de dirigirse hacia la sala, donde estaba Anna.

– ¿Porque llegas a esta hora?, ¿Paso algo?

¡Estas bien!

– Si, se me perdió la tarjeta del bus, me quedé sin dinero y tuve que pedir de favor que me trajeran.

Tarde un poco hasta encontrar alguien.

¿A qué hora llego Ernesto?

– Treinta minutos después de que saliste, fue extraño, se cambió de ropa y volvió a salir, sabes que nunca le pregunto nada, así que no sé a dónde se fue, regreso como a las dos horas, se veía molesto, saco unas botellas de cerveza de la nevera y bebió hasta que se quedó dormido en el sillón.

– Seguro paso algo en el trabajo, porque su franquicia era la semana siguiente, gracias, Anna por esperarme, anda a descansar.

– No tengo sueño dormí en la tarde, no iba a mi cuarto porque no llegabas, pero anda tú, yo termino de ver esta película y me acuesto.

Le dio un beso en la frente a su hermana y fue a ver a su esposo, estaba dormido tan profundamente que sus ronquidos se escuchan a lo lejos, se acercó para observarlo mejor, no se había rasurado, tenía un ojo medio morado como si llevara días así, apestaba a cigarrillo mezclado con alcohol, para despertarlo lo movió con suavidad y le susurraba.

-Ernesto…Ernesto…ven a la cama, es tarde…te quedaste dormido en el sillón…mi amor despierta.

Se despertó y frunció el ceño, tardo un poco en orientarse, tambaleo hasta la recamara.

Se sacó la ropa como pudo y se ducho, se arrimó a la puerta y cruzo los brazos, Ernesto se sujetaba con una mano en la pared frente a él, el agua caía desde su cabeza, hacia un camino por su tonificada espalda y resbalaba por sus glúteos, su cuerpo estaba ahí, más su mente estaba en otra parte, le ayudo a vestirse y cuando ya estaba en la cama.

– ¿Qué hora es?

– Tarde amor…mm… ¿qué le paso a tu ojo y porque estas ebrio?

– Nada cariño, mañana hablamos, lo prometo…solo quiero dormir.

Y así, sin esfuerzo Ernesto se volvió a dormir, reviso la ropa que había dejado en la canasta, su camisa apestaba a cigarrillo, pero no tenía nada fuera de lo normal, sus pantalones estaban manchados quizá se derramo una cerveza encima, de los bolsillos solo saco unos cuantos billetes una fosforera y su celular, estaba tentada a revisarlo, pero no lo hizo, habían quedado en que debía existir confianza y respeto, eso incluía no revisar el celular.

Se sacudió la idea de romper ese acuerdo y salió a la sala, Anna seguía viendo la película y por momentos revisaba su celular.

– Esta buena la película, ya son las dos de la mañana.

– Ni tanto, es una de esas tontas historias románticas donde la chica es rescatada por el príncipe azul, se casan y él solo la pasa embarazando… mmm… de eso se trata la vida Amelia, de parirle tantos hijos como puedas a un cabron y vivir subyugada a lo que él te puede dar y a sus deseos.

– Que fuertes palabras Marta Anna, cabron, subyugada, en que momentos creciste tanto.

– No te burles de mí, ya no soy una niña el otro año ingreso a la universidad, estoy disfrutando mi sabático viendo películas, lo que no disfruto es la poca imaginación en los escritores.

-Son solo historias Anna, no te lo tomes personal, hay personas que disfrutan esas películas, yo por ejemplo las adoro.

– Tu porque ya tienes a tu príncipe azul.

Amelia se quedó mirando la foto del día de su boda que estaba en la pared, ambos estaban tan felices y recordó las circunstancias en las que se casó con Ernesto.

Tenía apenas dieciocho años y llevaban cuatro años saliendo, ambas familias se conocían y agradaban, era duro para mantener su relación a flote ya que Ernesto tenía un año de haber salido del curso de la marina y su primer pase fue a otra ciudad, lo más duro fue cuando los padres de Amelia murieron en un accidente, Anna tenía apenas doce años y quedaron desamparadas, para poder estar tranquilo Ernesto le propuso matrimonio y se casaron en menos de una semana, todo fue tan rápido, ama a su ya esposo y si no fuera por él, no hubiera podido mantener a su hermanita, no fue el mejor de los inicios del resto de sus vidas, pero si algo tenia claro era que su esposo sería el único hombre en su vida.

– Ernesto no es un príncipe azul, es un buen hombre de esos pocos que hay.

– No creas que no recuerdo todo lo que hizo por nosotras, después de que murieron nuestros padres, él es bueno… solo que… – ¿Solo qué?

Anna.

– Él ha cambiado mucho en estos últimos meses, casi no viene y cuando está aquí, solo pasa en su celular o sale y regresa muy tarde, perdóname, pero sus gritos se escuchan hasta mi cuarto.

Se mostró apenada y molesta al mismo tiempo, como puede ser que su hermanita se haya dado cuenta del comportamiento de Ernesto, bueno ya no era una niña y era insostenible el comportamiento de su esposo, era cierto, él había cambiado, algo paso desde hace unos meses, él nunca quiso hablar y ella no pregunto más.

– Lo siento tanto Anna, hablare con él.

– Tranquila, yo estoy bien me preocupa tu matrimonio.

– Todo estará bien.

Ya en la cama pensó en los detalles que quiso pasar por alto y que su hermana no pudo, era cierto Ernesto estaba diferente, él no era de salir hasta tarde y beber hasta caer.

Algo paso, pero que; Ernesto estaba tan dormido que roncaba y su cuerpo sudaba alcohol se le hizo imposible dormir en la misma habitación, dio un par de vueltas en la cama se obligaba a dormir y de repente llego un mensaje al celular de su esposo, tenía muchas dudas de si verlo o no, al final la curiosidad gano.

Número desconocido.

-Prometimos que esto no volvería a pasar, no puedes venir y fingir que todo será como antes, por dios sigues casado.

Sintió como su corazón se partía, no podía creer lo que estaba leyendo, otra vez no, sintió como si fuera un “deja vu”.

Pero no lo era, recordó la primera vez que sintió que su corazón estallaría.

Estaban en una fiesta donde el anfitrión era amigo de Ernesto, habían salido a comprar hielo y olvido su celular, entro una llamada de “L”contesto, aunque la música estaba fuerte ella escucho con claridad.

– Estoy esperándote, la casa está sola.

– Perdón, con quien hablo.

– Ernesto no te escucho la música esta fuerte, vienes o no.

– Escúchame zorra deja en paz a mi marido.

Cerro la llamada su corazón latía a mil, un sentimiento de rabia y dolor la invadió, quería llorar, quería gritar, quería salir corriendo a buscar a su esposo, su cara estaba roja sus ojos empapados.

Alguien le hablaba, pero ella no escuchaba.

– Amor estas bien.

-Te acaban de llamar – lo miraba con furia-.

Ernesto empalideció, la miro con los ojos bien abiertos, trago saliva para articular palabra, fue en vano de su boca no salía palabra alguna, dejo el celular donde lo encontró y caminando hasta la salida, Ernesto la tomo de la mano, ella se soltó con violencia sus ojos ya no pudieron tragarse las lágrimas.

– Déjame explicarte.

-Ella fue muy clara, aléjate de mí o no respondo.

– Vamos a casa – No quiero ir a casa, me explicas en este momento quien era esa mujer.

– Está bien, vamos al patio de atrás, espérame ahí te traeré agua.

La fiesta seguía animada dentro de la casa, analizaba la situación creando escenas ficticias donde veía a su esposo siéndole infiel, claro que todo esto estaba en su cabeza, aun no estaba confirmado nada, su rabia era tanta, que no se dio cuenta que tras Ernesto venia su amigo el anfitrión, no entendía nada, que hacia el ahí, ¿por qué?

– Mi amor él es el anfitrión, es mi compañero de pelotón.

– Mucho gusto señora mi nombre es Ernesto Sánchez, la persona que llamo es mi novia, le pedí prestado el celular a mi compañero y ella al parecer devolvió la llamada.

Disculpe el malentendido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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