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Peligrosa Seducción - Capítulo 6

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6: La sospecha 6: La sospecha En aquella ocasión había quedado mal, por haber hecho suposiciones y no querer escuchar a su esposo, pero esta ocasión era diferente, que mujer le escribe a un hombre casado en la madrugada.

Sin duda, una que se siente con derechos, busco en la bandeja de mensajes de WhatsApp no había nada, registro de llamadas tampoco, mensajes de texto vacío, esta vez estaba segura de que había algo, en aquella ocasión actuó por impulso, esta vez no le volvería a pasar lo mismo, estaba decidida y averiguaría que le pasaba su esposo y si sus sospechas eran ciertas una mujer tendría mucho que ver en su cambio.

Era ya medio día y Ernesto salió de la habitación con unas terribles ojeras, su ojo con tonos de morados y verdes casi sanado en su totalidad, su barba sin afeitar, su complexión era robusta de estatura no mayor al metro ochenta, cabello negro, ojos cafés, su cuerpo era musculoso, como no serlo si pertenecía a USMC.

Estaba sentada en la mesa de la cocina, lo observo de pies a cabeza, era obvio que el ocultaba algo, le recordó que tenían una charla pendiente.

– Ya me dirás que te paso en ese ojo.

– Nada, boxeando con los muchachos nos acaloramos y nos dimos una paliza- dijo entre risas- pero tranquila fue una pelea justa.

Camino hasta la cocina, se sirvió una taza de café y respiro profundo.

– Sabes el café haya es horrible, nada que ver con el de casa, por cierto, me llego algún mensaje o llamada -tomo un sorbo de café-.

– No, ¿esperas una llamada?

– Los chicos suelen enviar llamadas o mensajes de broma, anoche estuve con ellos, recuerdas a mi tocayo Ernesto Sánchez, ayer murió en acción, apenas recibimos el mensaje nos reunimos y nos tomamos unas copas a su honor.

– No tenía idea, lo siento tanto – se levantó de la silla y lo abrazo-.

– Estoy bien amor, la muerte es algo que nos llega a todos ya lo lloré anoche.

…..

Llego la hora de ir a la universidad, Matt quedó al cuidado de su padre, camino hasta la parada del autobús y siguió su camino de costumbre, en el camino pensaba y discernía lo que había pasado, que tan cierto era la muerte del amigo de su esposo, será cierto lo que causo ese ojo morado, pero no era la primera vez que él llegaba con golpes y se excusaba diciendo que era por el boxeo entre colegas.

Tantas dudas y preguntas surgieron en su cabeza, ahora estaría más atenta a sus salidas, de esa forma también alejaría a Chris de sus pensamientos.

Llego al salón puntual como de costumbre, pero esta vez había un chico sentado en medio del salón como siempre no había nadie más que llegara a la hora de inicio.

Entro saludando, el misterioso chico no se movió así que Ale se acercó para ver quién era.

– ¡Hola!

– Perdón tenía puesto los audífonos no te oí.

– Hola compañero mi nombre es Amelia– le extendió la mano-.

– Mucho gusto- estrechando su mano-.

Mi nombre es Juan Pablo Ford.

-Mucho gusto Juan Pablo.

– Siempre eres así de amable.

Juan Pablo era un hombre unos años más joven que ella, alto, delgado, pero con músculos donde se necesita, ojos azules, cabello rubio oscuro, llevaba puesto unos jeans rotos semi ajustados, botas cafés, una camiseta blanca estampada y una chaqueta café oscuro, una sonrisa tierna y una liguera barba.

– Si, es eso malo.

Porque si es así, ya no seré amable contigo –dijo sonriendo-.

-No!

No me mal intérpretes, lo que quise decir es gracias por ser amable conmigo, es mi primer día, llegue hace una semana del extranjero aún estoy con la mudanza y mi departamento es un lio, perdón no me conoces y no paro de hablar de mi – respiro profundo-, lo siento me pusiste nervioso.

A ella le pareció lindo que Juan Pablo se pusiera nervioso, no sabía que aun podía hacer eso en un hombre, estaba a punto de hablar cuando se escucha la puerta, eran sus demás compañeros entrando uno a uno, Katte se sentó junto a ellos, Lucrecia llego unos centímetros atrás de Katte y se sentó como de costumbre en la mesa frente al pizarrón, saco su celular y se tomó un selfi.

Ya estaban todos los de costumbre solo Juan Pablo era nuevo, Chris llego cinco minutos después de que llegaron todos.

Entro disculpándose, llevaba un traje de tres piezas color gris, lentes y su maletín cruzado.

– Disculpen la demora, tuve un juicio que se prolongó más de lo esperado.

– Y gano el juicio.

– Yo siempre gano.

Presumido- dijo una voz-.

– Veo una cara nueva, pase adelante y preséntese, por favor.

-Buenas noche, mi nombre es Juan Pablo Ford, tengo veinticuatro años, soy de Colombia y bueno no sé qué más puedo decir.

Lucrecia afilo su mirada y lamio sus labios al escuchar hablar a su nuevo compañero, su acento extranjero le pareció exótico.

– ¿soltero o casado?

-Soltero.

– Muy bien tome asiento; volviendo a la clase anterior, sobre los derechos humanos, veremos un breve documental.

Luego haremos un pequeño debate, listo.

Chris camino hasta el fondo del salón donde podía ver a cada uno de los estudiantes, Lu no quitaba la mirada del panel más que para hacer apuntes, los chicos de la mesa de la derecha grababan con sus celulares el video, los de la mesa de la izquierda miraban sin moverse, pero su mirada se dirigió rápidamente hacia la mesa de Amelia donde Juan Pablo le susurraba algo al oído, Chris se sintió celoso, por alguna razón no toleraba ver a la mujer que le gusta hablando con otro, interrumpió haciendo sonidos con la garganta el nuevo alumno solo sonrió y se acomodó en su lugar.

– Bueno señores para mañana traigan un ensayo de dos hojas sobre lo que vieron en el video, con nombre y salón.

Pueden retirarse…Amelia espere un momento por favor.

-Hay algún problema profesor.

– Si, es sobre su último trabajo, le tengo unas observaciones, para que lo corrija.

Todos salieron del salón Chris espero hasta que no esté nadie, Katte le hizo una seña de que la esperaría afuera, Amelia estaba de pie no muy lejos de su escritorio, Chris se acercó con cautela llevaba una hoja en la mano mientras que la otra la tenía en el bolsillo del pantalón, tomo la hoja para su asombro no era su trabajo sino una nota que decía.

Nota: Lamento lo del otro día, quiero seguir siendo tu amigo, te invito a cenar.

Lo miro y no pudo disimular una sonrisa y sus mejillas sonrojadas, doblo el papel por la mitad y lo guardo entre sus cuadernos.

– Esta bien, vamos Chris sonrió satisfecho y juntos bajaron hasta la salida, Katte y el chico nuevo los esperaban, invito a sus amigos, pero el chico se disculpó por no poder ir, Katte se emocionó y acepto gustosa, caminaron hasta el auto de Chris, la más sorprendida fue Katte, quien no oculto su asombro ya que era fanática de los autos.

-No puede ser, tienes un Audi A8 D5 con motor delantero longitudinal, tracción trasera, segmento F.

– Una conocedora.

– Me gustan los autos son mi afición.

Mientras admiraban el auto de Chris este recibe una llamada, se disculpó y camino a un lado para poder hablar con tranquilidad.

Lo observo mientras caminaba de un lado al otro enojado, molesto, por momentos se sonreía sarcástico, su imagen era imponente, tenía una postura elegante, su porte y sus modales eran exquisitos, tenía una mano en el bolsillo del pantalón, lo miro con admiración y curiosidad, unas carcajadas la despertaron de su hipnosis, Chris cerro la llamada y camino hasta las chicas.

– Perdón por eso señoras, era una llamada de mi abogado y no podía dejarla pasar.

– Un abogado que tiene su propio abogado.

– Sé que suena un poco gracioso, pero es como esperar que un médico se opere así mismo, los psicólogos tienen psicólogos etc., etc.

– Bueno y ¿dónde vamos?

Chris abrió la puerta del copiloto para Amelia y Katte subió a la parte de atrás, fueron a un restaurante muy elegante, la velada fue amena y todos la pasaron bien en especial ella de alguna manera extraña le grado la idea de que Katte y Chris se agradaran, Katte hablaba de autos y Chris la acompañaba, ensenándole fotos de autos clásicos que había tomado en las exposiciones a las que había asistido.

La comida era deliciosa el vino espectacular no bebía con frecuencia y se excedió un poco con el vino, Katte estaba muy animada y sugirió ir a una discoteca que no estaba lejos de ahí, Ernesto le había enviado un mensaje a su esposa, disculpándose por irse sin despedirse de ella, pero recibido una llamada del alto mando indicándole que tenía que regresar, al menos eso fue lo que le escribió en el mensaje.

Estaba molesta y a la vez seguía con la duda de si había otra mujer en la vida de su esposo.

Pero basto con enviarle un ok y decirle a su hermana que llegaría tarde.

Apoyo la idea de Katte y Chris se mostró divertido con la idea de ver a esas dos bailando.

En el auto iban cantando, gritando y coreando las canciones que salían del reproductor del celular de Katte, así mismo abucheaban cuando Chris pedía que guardaran la compostura, llegaron a la disco, el guardia saludo con la mirada a Chris y Katte le saludaba por su nombre; en la barra el barman les tomo la orden.

-Buenas noches, señor Daniels, hace tiempo que no teníamos el placer de verlo por aquí.

– He tenido unos casos difíciles –sonrió-.

– Lo de siempre señor y para las damas.

Chris estaba a punto de ordenar por ellas y Katte interrumpió.

– Whisky en las rocas.

-Tequila para mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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