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PENTRIX "El camino del heroe" - Capítulo 4

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4: Capítulo 28.

La primera misión de héroe 4: Capítulo 28.

La primera misión de héroe El día comienza con una energía inusual en la base del equipo Xtream.

El coronel Soul, habitualmente reservado y profesional, es el primero en levantarse, con una emoción que lo hace parecer un niño en la mañana de Navidad.

Los jóvenes héroes despiertan poco a poco, cada uno con su rutina, y Pentrix es el último: su presencia tranquila y silenciosa contrasta con el bullicio matutino.

El coronel, con una sonrisa que no se borra de su rostro, prepara los platos del desayuno, una tarea que normalmente no le corresponde.

El resto de los chicos se mira entre sí, intrigado por la actitud inesperada del coronel.

—¡Este es un gran día!

—exclama con voz llena de entusiasmo mientras sirve la comida—.

Como ya saben, tenemos a un nuevo integrante en nuestras filas.

Y ustedes ya lo conocen.

Señala a Pentrix, que permanece impasible.

—Bienvenido, joven Pentrix, a Xtream.

—¡Aplaudan, aplaudan!

Que se sienta bienvenido —añade el coronel.

Los chicos obedecen y aplauden, aunque un poco desconcertados por su entusiasmo inusual.

Los aplausos suenan forzados.

Kage, fiel a su estilo, pregunta: —¿Tendremos que ver este espectáculo penoso todos los días?

Lía (Elektrobyte), la líder y voz de la sensatez del grupo, comenta: —¡Santo Dios, Kage!

Apenas despiertas y ya comienzas a fastidiar.

Réflex, con tono resignado, añade: —Ustedes se quejan de ella, pero yo la tengo que aguantar todos los días.

Lía responde con firmeza: —Es tu novia, tienes que soportarla, torpe.

Rook le hace un comentario a Pentrix, quien solo escucha mientras acomoda su cama: —No te preocupes, te acostumbrarás rápido a todos estos monos parlanchines.

Kage solo sonríe, soltando un: —Jujuju… tontos.

En ese instante, el coronel recibe una llamada.

Mira su teléfono y se despide: —Tengo que salir —dice—, pero muestren las instalaciones a nuestro nuevo miembro.

Que se familiarice.

Un poco más tarde al terminar el desayuno, Pentrix se levanta junto con Lía.

Kage, que estaba cerca de ellos con una sonrisa traviesa, aprovecha para darle un buen empujón con su habitual humor.

Aunque tropieza, Lía termina justo frente a El.

Nerviosa y sonrojada, balbucea: —Amm… yo soy, yo soy la líder Elektrobyte, y… eso que ves allá afuera es nuestro patio de entrenamiento.

El edificio de más allá es nuestro garaje, donde reparamos nuestros vehículos.

Ambos salen para mostrarle todo el lugar.

Pentrix se detiene en aquel espacio con algo de vegetación.

Lía, con orgullo, comenta: —Este pequeño rincón es nuestro jardín.

Kage aparece detrás de ellos y replica con sarcasmo: —¿Jardín?

Es solo un montón de hierba y basura que creció ahí.

La líder se cubre el rostro con cierta vergüenza.

Pentrix no les presta atención; su mirada permanece fija en la naturaleza verde.

Horas después, mientras todos realizan sus actividades cotidianas, llega un reporte de emergencia desde una refinería en las orillas de la ciudad.

Esta ha sido tomada por varios villanos, quienes han provocado incendios y exigen un cuantioso rescate a los dueños de la instalación.

El coronel convoca al equipo y explica la misión a los jóvenes héroes: —Chicos, deben recuperar el control de la refinería sin causar daños.

Detengan a los villanos.

Luego sugiere a Lía: —Incluyan a Pentrix en la misión.

Es la oportunidad perfecta para ver y evaluar todas sus habilidades.

Elektrobyte, incrédula y con cierta preocupación, responde: —No creo que esté preparado para una misión.

Al menos no en este momento.

Pero el coronel la interrumpe con firmeza: —Vamos, Lía, dale la oportunidad.

Además, ya le conseguí un uniforme.

En ese momento, Pentrix entra con un atuendo notablemente mejor equipado y más elegante: negro con tonos azulados, distinto al verde y negro del equipo Xtream que usan regularmente.

Todos se preguntan por qué lleva un uniforme más sofisticado que los suyos.

El coronel solo ríe y comenta: —Ya no había de los que ustedes usan.

Y este, además, costó un poco más caro.

Todos suben al viejo camión militar, que traquetea por la carretera rumbo a la refinería.

Dentro, el ambiente es ruidoso y familiar; los jóvenes conversan animadamente, como es su costumbre.

Pentrix, en cambio, permanece en una esquina, apartado de los demás, con la mirada perdida en el exterior, ajeno a las charlas.

Elektrobyte lo observa, confundida y algo preocupada por la actitud indiferente de su nuevo compañero.

El camión llega finalmente a la refinería: un espectáculo dantesco de llamas y humo se revela ante ellos.

Bomberos, a la distancia, esperan el momento de intervenir; patrullas policiales forman un cerco alrededor del lugar.

El coronel desciende y el resto de los héroes lo sigue, impresionados por la magnitud de los incendios.

Los reúne en un círculo improvisado.

—Vamos, chicos, ya saben qué hacer.

Extremar precauciones, recuerden su entrenamiento —dice con voz firme—.

Cronometren sus relojes.

Mientras el veterano militar ajusta su cronómetro en 00:00, Elektrobyte toma la palabra para dar las últimas instrucciones: —Kage, ya sabes qué hacer: usa tu sigilo y velocidad, entra y distráelos, mantenlos enfocados en ti.

Rook, mientras los villanos estén ocupados con Kage, busca las líneas incendiadas y aplástalas con tu fuerza para que el combustible deje de fluir; así controlaremos las llamas.

Réflex y yo nos encargaremos de los villanos.

Y Pentrix, tú… amm, tú… Pero, al momento de repartir las tareas, notan que su compañero no está con ellos.

Los héroes comienzan a buscarlo desesperadamente con la mirada.

—¿A dónde diablos se metió ese chico?

—exclama Elektrobyte, con un tono de frustración creciente.

En ese instante, al girarse hacia la refinería, un grito gutural rompe el silencio que antecede a la misión.

Destellos amarillos y verdes emergen del interior, seguidos por ráfagas azules: un par de orbes de ese mismo color sobrevuelan la zona y giran disparando rayos controlados hacia abajo.

Se escuchan golpes metálicos, más gritos de dolor y, de pronto, una serie de burbujas azules aparecen y se contraen rápidamente, envolviendo los distintos incendios, conteniendo y sofocando las llamas.

Las burbujas aprisionan el fuego y, al encogerse, lo extinguen con una eficiencia sorprendente.

De repente, todo queda en silencio.

Los héroes observan cómo Pentrix emerge de la refinería caminando con calma, casi indolente, arrastrando los cuerpos inconscientes de los cuatro Evos malvados que habían tomado el lugar.

Los deja caer sin ceremonias frente a todo el equipo.

El coronel, con la boca abierta y aun sosteniendo el cronómetro, lo detiene: —48 segundos, 66 centésimas —murmura, su voz llena de asombro.

El joven héroe continúa su camino en silencio, y los demás lo siguen con la mirada, atónitos e incrédulos.

Intenta subir al camión, pero resbala.

Cae de pie, sin inmutarse, y vuelve a subir con torpeza.

En su intento, golpea accidentalmente una rampa que el vehículo tiene como escalera.

Esta se despliega y cae al suelo, produciendo un estruendoso: —¡BAMMM!

El impacto levanta una nube de polvo que cubre a los héroes y al coronel, quienes lo observan con una mezcla de asombro y frustración.

Kage, sosteniendo su espada en la mano con su habitual franqueza y un toque de molestia, solo atina a decir: —Tonto presumido.

Finalmente, los bomberos pueden actuar, aunque hasta ellos han quedado sorprendidos ante la intervención tan abrupta del héroe.

Los villanos son trasladados inconscientes a las ambulancias, mientras el personal de la refinería evalúa los daños.

Un rato después, el ambiente dentro del viejo transporte es silencioso y tenso; algunos permanecen con los brazos cruzados.

Su compañero, por su parte, vuelve a acomodarse en su esquina, apartado de todos, mientras el resto del equipo, en un tono serio y sin palabras, procesa lo que acaban de presenciar.

La misión ha terminado: la refinería está a salvo y los villanos han sido entregados a las autoridades.

El viejo camión se dirige nuevamente hacia la base.

Al llegar, todos descienden.

Y van al interior del barracon.

Pentrix, con una prisa inusual, se deshace de su incómodo uniforme y se pone algo más cómodo.

Sale y se dirige al patio, hacia la zona cubierta de hierbas, su lugar de tranquilidad.

Los chicos lo observan en silencio, con una mezcla de incertidumbre y desconcierto.

Anochece después de una misión muy corta y un día largo e incómodo para todo el equipo.

Pentrix está sentado afuera, pensativo, detrás del barracón, sumido en su mundo y en silencio.

La líder, aún con su uniforme puesto y visiblemente molesta, se acerca a él: —¡¿Qué demonios fue todo eso?!

—pregunta, con la voz cargada de frustración.

Pentrix levanta la mirada con calma.

—¿Lía, cierto?

Ella, sorprendida, responde: —Bueno, al menos ya sabes mi nombre.

—Sí, la pequeña parlanchina me lo dijo —responde Pentrix, refiriéndose a Kage.

Lía, ignorando el comentario, reclama con firmeza: —Al menos pudiste esperarnos y no dejarnos como idiotas ahí parados.

Pentrix, en un tono fastidiado, replica: —La misión era entrar, recuperar, apagar los incendios y no provocar daños.

Eso fue lo que hice.

¿Ahora eso es lo que te molesta?

Se pone de pie y se da la vuelta, dejando a la heroína aún más molesta, con las palabras atascadas en la garganta.

Lía rápidamente lo detiene, tomándolo de la mano y encarando de nuevo: —Aún no acabo —reclama, pero nota un poco de tierra en las manos del chico.

Ella continúa, con un dejo de reproche: —Sigues siendo un gran fastidio, como aquella vez —refiriéndose al día en que se conocieron (Capítulo 4).

Pentrix responde con frialdad: —¿Y esperas que me disculpe contigo o algo así?

Ella replica, frustrada: —Pasé dos semanas jodidas preguntándome si lo estaba haciendo bien, y ahora llegas tú y… Él, harto de la conversación, la interrumpe: —¿Si yo no hubiera dicho nada aquella vez, serías la líder que eres hoy?

Lía, como entonces, vuelve a quedarse sin palabras.

Solo lo observa alejarse.

Desde el tejado del barracón, se escucha la voz de Kage asomándose por la ventana: —¿Tú qué dices, Raf?

—usa el nombre real de Réflex—.

Ya comenzaron a discutir, esa es buena señal, ya se respira el amor en el aire, ¿no crees?

Réflex contesta con ironía: —Sí, sí, es una muy buena señal.

Lía, ahora visiblemente enojada, concentra energía eléctrica en su mano y dispara al aire, gritando: —¡Calla, tonta niña parlanchina!

Aún furiosa, camina apresuradamente con los dientes apretados, molesta por todo.

Sin embargo, de pronto se detiene: una sonrisa gradual comienza a dibujarse en sus labios.

Finalmente comprende el verdadero significado de lo que Pentrix le dijo al final.

Después de haberla hecho dudar, una vez más, sobre si estaba actuando como un héroe debería hacerlo, ahora entiende que sus palabras no buscaban dañarla, sino mostrarle lo que realmente significa ser un héroe: actuar cuando es necesario, sin importar las convenciones ni las expectativas.

✦ Fin de capítulo ✦

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